Ahora ya sabemos todos que Trump es un fantasma, un elemento que va a su aire, sin que le importe nada la legalidad, la razón, ni los daños causados. Fueron muchos los que no se dieron cuenta del valor de María Corina Machado y en virtud de ello la desdeñaron. Trump es uno de esos que tampoco la captó. No hay nada que hacer con él. Es inútil. Ahora tiene una pelea abierta con la líder de los demócratas. Ella supo torear, y vencer, a Maduro, este otro será menos rival.
El caso es que ahora, mientras que unos pretenden justificar lo injustificable, otros tratan de explicar el negocio que planea Trump con los bienes venezolanos. Y esta es la madre del cordero. A este hombre no le importan nada los presos políticos, ni tampoco el porvenir de los que están en condiciones de salud francamente mejorables.
De pronto ha apostado por Delcy y vamos a ver qué pasa con ella, porque un tribunal estadounidense la tiene en su punto de mira y vamos a ver en qué acaba esto, porque este hombre, al igual que Sánchez, el Felón, se cree por encima de la justicia y de todo, y piensa que puede desafiar a quien se le ponga por delante. Pero no es así, es él quien desafía a todos. No solo a los jueces, no solo a las convenciones internacionales, sino a todo. La deriva que ha tomado es francamente peligrosa para él, cuestión distinta es que lo acabe de vislumbrar. Cada vez se parece más a Putin, en las formas, en los métodos, en los propósitos.
El mundo occidental debería darse cuenta de que no tiene nada que hacer con él y armarse por su cuenta, antes de que sea demasiado tarde. Esperar que los estadounidenses lo tiren antes de hora es pecar excesivamente de optimismo.