Las gentes de izquierda siempre tienen la palabra democracia en la boca, pero, salvo los más civilizados, suelen albergar un terrible espíritu dictatorial. Las de derechas también, pero se les nota en otros puntos. Aquí me estoy refiriendo, como todo el mundo habrá adivinado, al aborto.
Quiero decir ahora que para muchos, de derechas o izquierdas, no es que Dios haya muerto, es que ni siquiera consideran la idea de que pueda estar viéndolo todo. Porque esa es la cuestión: ¿Y si existe? Aquí tenemos a esta loca ministerial exigiendo a los médicos que declaren su opción. Abortista o antiabortista. ¿Y qué le importa a ella? ¿Por qué ese deseo de demostrar quién manda aquí? Afortunadamente para ellos los médicos madrileños cuentan con una persona que se preocupa por sus derechos y trata de impedir que los designios ministeriales solivianten sus derechos y sus intereses. Un médico puede perfectamente negarse a practicar un aborto porque al estudiar la carrera ha aprendido a curar y no a matar.
Algunos elementos han estado machacando sin parar y muchas mujeres de naturaleza débil y egoísta se han tragado el cuento. Pero ya lo dijo Gustavo Bueno: lo que puedo pedir a una señora que quiera abortar es que se lo pague ella. Cabe añadir que los afectados por el ELA no tienen tratamiento y a las abortistas se les paga todo. Esto es propio de un gobierno miserable. A la hija de Adolfo Suárez, Mariam Suárez Illana, le detectaron un cáncer, pero para darle tratamiento tenía que abortar y se negó. Primero tuvo a su vástago y luego se puso en manos de los médicos, pero ya con mucho retraso.
Hay ministras con muy mala idea en la cabeza y algunas políticas sueltas, que tienen criterio y vergüenza y no se dejan arrollar por las impetuosas. Espero que Ayuso gane la apuesta y la ministra se lleve el merecido rapapolvo.