Tras el accidente en Adamuz, Andalucía, ahora otro en Gelida, Cataluña. Los accidentes siempre son muy serios, y algún ciudadano supo demostrarlo en el caso del siniestro habido en Andalucía. Este señor recorrió inmediatamente todo el tren intentando calmar a los viajeros y aportando sensatez en un momento confuso. Pero si nos centramos en la clase política dominante ya todo da risa.
Vamos a ver qué pasa en Adamuz, pero mientras tanto hay que fijar la mirada en lo ocurrido en Gelida, en donde debe de haber un Puente bis, porque menuda carrera lleva. Un muerto y treinta y siete heridos. El caso de los accidentes presenta dos versiones. Una es la sentimental, que afecta a los accidentados y sus familiares, y en menor medida al resto de la sociedad, y la otra es la pecuniaria. En el caso del accidente habido en Andalucía, los gastos correrán a cargo de todos los españoles excepto, seguramente, Cataluña y el País Vasco. Con respecto al habido en Cataluña, también correrán a cargo de todos los españoles y supongo que buscarán el modo de evitar que los catalanes también cubran su parte. Cosas más gordas han pasado y encima nos las esconden.
El ministro, que no es el peor de todos porque todos son malos, ha ordenado ahora que los trenes que hacen el recorrido entre Madrid y Barcelona no sobrepasen los 160 km/hora. ¿Y yo que vivo en Valencia, qué? ¿Es que las infraestructuras entre Valencia y Madrid están mejor conservadas? Es difícil de creer todo lo que apunta este ser tan funesto. En Gelida ha caído un muro sobre la cabina, y ahora querrán que la culpa la tenga yo. Algunos de los viajeros pueden haber perdido negocios importantes, al margen del maquinista, que lo que ha perdido es la vida. Estas cosas pasan cuando tenemos gobernantes tan pendientes de sus negocios y tan descuidados con los ciudadanos.