Pudo viajar solo, sin compañías embarazosas, porque por mucho que digan Albares, y más en un vuelo tan largo, es de una pesadez extraordinaria, de modo que es mejor que se haya quedado en casa. El Rey ha ido, lógicamente, a la toma de posesión de la nueva presidenta de Perú, Keiko Fujimori.
Ayer hubo una recepción para unos pocos españoles, sesenta, de entre los muchos que residen por allí, y lógicamente no pudieron faltar trabajadores del Centro Cultural, actores de la Cooperación Española en el país, directivos de empresas españolas, representantes de los medios de comunicación y funcionarios españoles de organismos internacionales.
Uno ve el trabajo de un Rey, que sabe quedar bien con todos, o por lo menos lo intenta, salvo que por algún lado aparezca alguien con intenciones que no deberían haber sido pasadas por alto, como alguna vez le sucedió a su padre y ahora siguen en esa retórica, que no debió haber sido posible. En este caso, quería comentar que se reunirá con el actual presidente de Perú, José María Balcázar, en el Palacio Nacional, una cita que debió transcurrir dentro de las variables de la cordialidad y las buenas maneras. A continuación tendrá que ir a la Torre Tagle, en donde se reunirá con la presidenta electa, Keiko Fujimori, de cuya conversación, tan elaborada y selecta nos podrá informar a la vuelta. Por la noche había cena oficial ofrecida por Balcázar en el Palacio de Gobierno.
Al día siguiente, el Rey debe asistir al acto de juramento y a la toma del mando supremo de la nueva presidenta, que tendrá lugar en el Museo del Congreso y de la Inquisición, en Lima. Tras la ceremonia, el Rey ha sido invitado al almuerzo ofrecido por Fujimori.
Las autoridades de Perú esperan que la mayor parte de los jefes de Estado y de Gobierno lleguen a continuación.