Parece que era ayer. Como si la derecha tuviera que pedir perdón a la izquierda. Felipe González -su equipo en realidad- cedió y se dispuso a colaborar con la UCD. Aquellos tiempos eran muy distintos de los actuales y ahí están las trampas. Una de ellas, los dineros a los sindicatos.
Hay algo que no está nada claro. Si los sindicatos no confiaban en ganar bastante mediante las cuotas era correcto recurrir a las subvenciones, pero siempre dentro de un orden: teniendo en cuenta el número de afiliados al corriente del pago sus cuotas. Este es un indicio de por donde fueron los tiros en el resto de asuntos. Lógicamente, Felipe González quiere desaparecer de la escena, pero no tendrá más remedio que caer, como todo el equipo de socialistas desde aquel momento. Claro que habrá gente que podrá explicar que sintiéndolo mucho no cayó en la cuenta. Habrá que escuchar a todos y ver caso por caso. Porque quien dice los sindicatos, también habla de los intelectuales y de tantos y tantos bobos.
Hay que escribir de nuevo la historia, desde el principio hasta el final. Escama un poco que a estas alturas Feijóo no haya encargado el estudio de una nueva Constitución a un equipo experimentado. Claro que estas personas es posible que no fueran las que tuvieran que encargarse de estudiar la de verdad cuando realmente el gobierno estuviera en disposición de encargarla, es decir, cuando tuviera suficiente número de votos para lanzarse a la aventura, pero sí que habrían hecho un esfuerzo considerable que sin duda tendría premio, porque la mayor parte de las leyes que acabarían saliendo serían suyas.
A los directivos de los sindicatos que salen en las fotos se les asocia más con buenos platos de marisco y con algunas botellas apropiadas. Bien, si no se lo ponen, se lo imaginamos.