Parece irremediable que se impute al PSOE habida cuenta de las bellaquerías que van haciendo los mandamases de la cosa, especialmente el que hasta el momento parece intocable, pero al que ya se le van viendo las costuras, según las cuales no tiene escapatoria.
Han participado todos en el negocio, porque el que no participa va a la calle, así que se esmeran lo indecible para tener al jefe contento. Hasta los que se habían ido han vuelto o hacen méritos para ser aceptados de nuevo en la nave. Lo serán. De una manera o de otra, lo serán, porque lo que más le gusta al Felón es ver a sus fieles dormitando a sus pies.
Hay, por otro lado, dos delitos por los que el PSOE puede ser condenado, aunque seguramente Sánchez no se acaba de enterar de la fiesta. Parece ser que cree que tiene el control de los tiempos y a lo mejor cuando se dé cuenta ya no puede ni salir del recinto. Me refiero al carcelero. Piensa que Begoña será juzgada dentro de un año, pero puede ser que caiga antes, como medida profiláctica. Su hermano podría estar en México desde hace tiempo, o en otro país con el que no exista convenio de extradición. Es posible que el presidente del Tribunal Constitucional ya tenga redactado el decreto por el que se le anula el previsible castigo al hermanísimo, pero ese tampoco era el mejor plan. El primer delito por el que puede ser condenado el PSOE es por financiación ilegal. Y el segundo por el de organización ilegal, que es más gordo, porque puede conllevar la disolución del partido y la suspensión de actividades por el plazo de cinco años. Aquí se entiende el desasosiego de Felipe González, pero no lo acaban de ver los demás. Sería un digno colofón.