No ha estado en la celebración el presidente del gobierno, por primera vez en la historia, lo cual debe de haber sido un gran alivio para Felipe VI, porque no tener al lado a uno de los peores españoles es una suerte como la copa de un pino.
Ha hecho un discurso de los suyos, lleno de sentido y sin la mordaza que suele imponerle el presidente del gobierno, que un día desaparecerá y todos respiraremos satisfechos. También los que lo defienden, salvo que cobrarán menos. Habrá ministros que nunca más volverán a ganar lo que cobran ahora, pero a los españoles nos quedará el alivio de que no podrán seguir perjudicándonos. Mientras tanto, el Felón, que se cree que podrá presentarse a otras elecciones y ganarlas quizá olfatee la cercanía de la cárcel, si no es que está dentro ya. Porque todo el mal que viene haciendo, y el daño lo hace a propósito, merece un castigo sideral y es muy posible que lo consiga.
El caso es que tenía que referirme a Felipe VI y resulta que estoy entretenido con los golfos que le hacen la vida imposible. Le dijo a Leonor, la sucesora, que sin duda nos dará días de gloria, que su formación militar le será de gran utilidad para servir como Reina de España.
También recordó que la guerra, que siempre llega de forma inesperada, por más que se la espere, ya está en el corazón de Europa. Evidentemente, las naciones deben dejarse de chiquilladas y sentar las bases para actuar como una única nación con el fin de salvar lo que se pueda. Todos, empezando por Trump, deben tener en cuenta que Putin es el jefe de una mafia y está apoyado por otras mafias. No se puede confiar en él. Siendo así la situación, no queda más que formar un ejército y atacar, salvo que él recule. Pero no puede ser porque somos lentos.