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jueves, 4 de abril de 2019

El favor del ‘Santo Padre’ a los católicos

A pesar de que ha habido canallas redomados que han sido papa, como Julio II, por citar a uno cualquiera, todavía, a estas alturas de la historia hay gente que piensa que los papas son elegidos por inspiración divina.
Eso es imposible. ¿Cómo iba a elegir Dios, si existiera, que yo eso no lo sé, a este Bergoglio que parece surgido del infierno?
He entrecomillado el sintagma ‘Santo Padre’ porque si este es santo, cualquiera, yo mismo, puede reclamar esta condición.
¿Cómo va a inspirar Dios a los cardenales la elección del papa si algunos de ellos son de la piel de Caín? En España hemos tenido obispos y cardenales volcados con la causa nacionalista y que incluso han favorecido a los terroristas.
Los cardenales eligen al papa según sus cálculos y no se puede desdeñar la idea de que muchas veces éstos sean mezquinos. ¿En qué pensaban los que eligieron a Bergoglio? ¿Están seguros de que lo conocían bien? Dios, si existe, no puede estar nada conforme con ellos. ¡Menuda alegría tendrá Lucifer! O si tampoco existe Lucifer, la gente diabólica, que esa sí abunda.
Ratzinger debe de estar hecho polvo. No pudo haberle dicho Dios que diera paso a ese. Fue un error humano. Estará rezando a toda hora y pidiendo perdón al Señor por haber metido la pata de ese modo tan lamentable.
También creen muchos que el papa no se equivoca cuando habla. O sea, que es infalible. Bergoglio infalible, ja.
No obstante, los españoles tenemos la suerte de que este papa no nos visite. Eso sí que es, seguramente, por la gracia de Dios. O porque la Virgen del Pilar no lo permite. Este papa de Roma se deja entrevistar por los peores de entre los españoles, pero no viene a España. Bendito sea el Señor por librarnos de este imbécil. 

domingo, 31 de marzo de 2019

El papa de Roma

Quiso recordar Bergoglio que hay hambre en el mundo, especialmente en los niños, pero lo hizo al modo podemita, como si señalara culpables. Dijo que la comida no es propiedad privada.
En mis tiempos, tirar la comida era pecado, por aquello de que era una falta de respeto y de caridad hacia quienes pasan hambre. Este papa no tiene aspecto de haber pasado hambre nunca. Hoy en día no solo se tira comida, sino también millones y millones en cosas que no repercuten de ningún modo bueno en los ciudadanos y que podrían y deberían servir para mejorar la situación de los desfavorecidos. Y hay obispos y curas que alientan y aplauden esos derroches e incitan a sus feligreses a ser egoístas, racistas y faltos de caridad. Me refiero, lógicamente, a esos obispos, curas y hasta cardenales, nacionalistas y a esas monjas, alguna de las cuales nos ha llegado desde la misma Argentina de este papa idiota.
En Venezuela, señor papa, hay hambre y sed, pero también hambre y sed de justicia. Pero no pueden esperar que se la satisfagan los podemitas. Al contrario, éstos lo que pretenden es multiplicar el número de pobres y hambrientos.
Para elaborar las materias primas con las que se hace la comida hay que trabajar mucho y estos trabajadores requieren un salario, porque ellos mismos necesitan comer y han de pagar la comida. De modo que ya vamos atisbando que la comida sí que es propiedad privada. En toda la cadena alimenticia intervienen muchas manos y sus dueños han de ser remunerados.
Quien compra un bocadillo y lo paga es el dueño de ese bocadillo. La causa del hambre no es esa, señor papa de Roma. Búsquela más en todos esos sinvergüenzas que apoyan causas injustas porque con ello logran que sus feligreses pongan más dinero en el cepillo. También le puede preguntar a Maduro qué es lo que hace con el dinero del petróleo.

lunes, 18 de marzo de 2013

Las Malvinas y John Carlin

Los británicos tienen fama de ecuánimes y escrupulosos cuando se refieren a cualquier asunto, y esa fama suele ser merecida. Sin embargo, conviene tener en cuenta algunos matices. Cuando más ecuánimes son es cuando tratan de asuntos en los que Inglaterra tiene razón o no tiene nada que ver.
En aquellos otros asuntos en los que el papel de Inglaterra es poco vistoso, por decirlo de un modo amable, sacan a relucir su nacionalismo más rastrero. Ha incurrido en él Henry Kamen, cuando se ha referido a Gibraltar, y ahora John Carlin, que ha desbarrado mucho escribiendo sobre las Malvinas.
Ni España, ni Argentina pueden recuperar sus territorios ocupados, dado que la ONU, que debería ser el lugar en el que se consiguen las cosas con la razón y no por la fuerza, sirve para muy poco. Que se lo digan a los saharauis. Por la fuerza es imposible que se recuperen, y en el caso de que fuera posible no valdría la pena, porque la vida de cualquier soldado vale más que Gibraltar o las Malvinas.
Los gobiernos de España o de Argentina pueden utilizar esos asuntos de modo demagógico, cuando les convenga por algún asunto interno, pero eso no cambia la realidad de las cosas.
Inglaterra sí que salió por pies de Hong Kong, en donde no se le ocurrió plantear ningún referéndum.
En Inglaterra están un poco moscas con la elección del papa argentino. Acaso porque piensan que si Wojtyla pudo derribar el muro de Berlín, Bergoglio bien puede recuperar las Malvinas para sus legítimos dueños. El primer ministro del Reino Unido ha manifestado que, con todo respeto, está en descuerdo con el papa con respecto a las islas. Pero el respeto no se por ninguna parte, puesto que realizó un plebiscito entre los habitantes de las islas ocupadas y la tildó de fumata muy clara. No se sabe si Cameron se sintió gracioso porque había fumado algo. Por su parte, ya se ve que John Carlin es otro de los afectados por el virus del nacionalismo, enfermedad que no tiene cura.