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lunes, 3 de noviembre de 2008

Rafa Marí desentierra una propuesta de Bobby Fischer

En su estupendo resumen del mundial de ajedrez, titulado El ajedrez ya no es lo que era, Rafa Marí desentierra una vieja propuesta del genial ajedrecista Bobby Fischer, que él llamó ajedrez aleatorio.
Un erudito puede mantener a raya, y mostrarse inalcanzable para él, a un sabio, en el caso de que éste no haya sido reconocido públicamente como tal, puesto que no es probable el común de los mortales quiera percatarse de la profundidad de su mensaje y en cambio no tendrá más remedio que rendirse ante la montaña de datos que puede ofrecer el erudito. El genio no tiene más remedio que hacerse reconocer como tal para hacer oír su voz. En caso contrario, ha de sucumbir ante la realidad de la vida.
Pero esto ocurre también en el deporte. Antiguamente, se podía presenciar cualquier acontecimiento deportivo con la esperanza de disfrutar con las evoluciones de aquellos jugadores dotados con una habilidad especial, a los que se llamaba genios de su especialidad. Esto ocurría en el fútbol, por ejemplo, y ahora ya no lo veo porque con las tácticas se ahoga a los superclase y resulta muy difícil disfrutar con aquellas espectaculares evoluciones de antaño.
La fortaleza física, las tácticas, las estrategias, imperan sobre las genialidades, a las que no dejan ni a sol ni a sombra y la única fuente de placer que le queda al espectáculo deportivo es la victoria.
Y el trabajo maquinal se va imponiendo en todos los órdenes de la vida, el genio ha de pasar por el aro y asumir este estado de cosas, como único modo de llegar al lugar en el que pueda desarrollar su talento, en beneficio de todos, por supuesto.
El ajedrez no podía escapar a esta ley que se va imponiendo en la vida y el estudio y la memorización de las variantes y sus posibilidades puede aplastar al genio creador. Bobby Fisher se dio cuenta de que en el futuro ya no le bastaría su talento creador para vencer, sino que tendría que dedicar muchas horas a la memorización, cosa que es fácil comprender que seca al genio. Su propuesta consistió en que la colocación de las piezas principales se determinase por sorteo en cada partida, siendo las posiciones de inicio iguales para ambos contrincantes.

sábado, 19 de enero de 2008

Bobby Fischer

Los Grandes Almacenes de Rafa Marí, de hoy, están dedicados por completo a Bobby Fischer. Se entiende que sea así puesto que el propio Rafa Marí fue campeón de ajedrez de la Comunidad Valenciana. Hubo un momento en que tuvo que optar entre el ajedrez y el periodismo y eligió lo segundo. En mi opinión, fue una elección muy acertada, puesto que como tengo dicho, dedicar más de dos horas diarias a cualquier tipo de entrenamiento es un error. Creo que el ajedrez puede ser muy útil para el ser humano siempre que se practique en su justa medida. La dedicación completa al ajedrez desvirtúa por completo la esencia del juego, puesto que el jugador profesional ha de jugar única y exclusivamente para ganar. Perder puede ser un gran revés, para algunos muy difícil de soportar. Como bien dice Rafa Marí, Bobby Fischer ha sido un gran jugador de ajedrez, para muchos el más grande de la historia, pero nada más que jugador de ajedrez. En el resto de sus facetas personales quizá haya dejado mucho que desear. He dicho quizá porque yo no lo sé. Pero sí que cabe preguntarse por lo que hubiera podido hacer un talento como el suyo si lo hubiera dedicado a otra cosa. Acaso, hubiera podido evitar sus neurosis, o por lo menos sobrellevarlas mejor. Una persona que tenga el ajedrez como afición, puede disfrutar con él y aprender cosas que le pueden servir en su vida ordinaria. Puesto que lo tiene como afición, sabe perder y ganar deportivamente, sin pensar que le va la vida en ello. ¿Qué ofrece la sociedad a los grandes talentos para que muchos de ellos opten por malgastar sus vidas en el ajedrez? ¿Podría aprovechar mejor la sociedad las capacidades de sus grandes talentos? ¿De qué modo podría hacerlo? Quizá Bobby Fischer pensó, o acaso no, que entre estar investigando o jugar al ajedrez hay poca diferencia. Lo cierto es que no encontró la motivación suficiente para ninguna otra cosa. Y en cuanto fue campeón del mundo de ajedrez, su vida tomó otro rumbo.