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miércoles, 27 de agosto de 2008

La Generalidad envió jabón

Días atrás se dio la noticia de que la Generalidad de Cataluña envió jabón y toallas a las empresas cuyo número de accidentes laborales es especialmente elevado. Lo que ocurre es que la finalidad de las empresas es ganar dinero. No obstante, no cabe ninguna duda de que los empresarios, por regla general, son personas con sentimientos y lamentan los accidentes. Pero no cabe descartar que a algunos les importe un bledo la salud de sus trabajadores. Para defendernos de ellos los ciudadanos contamos con los políticos, que son quienes dictan las leyes, y, en este caso, aquellas por las que se ha de regir el mercado laboral y los que las han de hacer cumplir.
Cuando se produce un accidente laboral, los ciudadanos deberíamos pedir responsabilidades a los políticos, nuestros representantes. La oposición debería pedir cuentas enseguida acerca de las veces que se ha presentado, sin previo aviso, un inspector laboral en la empresa afectada. También es cierto que muchos trabajadores son suicidas y no hay modo de hacerles entrar en razón. Los hay que beben, a pesar de que instantes después tendrán que subirse a un andamio y cosas peores.
Hay empresarios que sufren por ambos motivos, porque les duele que un trabajador suyo tenga un accidente y por las repercusiones que pueda tener para su empresa. Es posible que en este caso los sindicatos, por medio de sus afiliados pudieran hacer algo más. Pero a lo mejor, los sindicatos piensan que si se hacen los pesados tratando de disuadir a quienes ponen en peligro sus vidas, pueden perder afiliados.
Tampoco conviene olvidar que hay accidentes inevitables. Aunque se haga todo bien y se tomen todas las precauciones. Y esto es lo que pueden exigir los ciudadanos, que todo esté en orden, y a quien se lo han de exigir es a su gobierno. Y éste a las empresas.
De modo que el gesto de enviar toallas y jabón equivale a lavarse las manos. Es el gobierno catalán el que se lava las manos, puesto que su deber no consiste en lanzar indirectas a las empresas, sino obligarlas a cumplir la ley.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Accidentes de tráfico

Hace algún tiempo, yo viajaba en el asiento de la derecha cuando se cruzó un imprudente peatón, en un tramo no señalizado y con riesgo para su vida. El conductor del vehículo no hizo ningún ademán de frenar o disminuir la velocidad y se lo hice notar. Me respondió que si alguien se mete por el medio de ese modo es porque está de sobra. Este caballero es igual en su vida ordinaria, en la que no padece estrecheces de tipo económico. Odia sin recato a quienes se interponen entre él y sus objetivos y no tiene frenos morales, sino legales. Quizá haya más gente como él. Los vehículos a motor son armas peligrosas en manos de gente irresponsable. Si la red de carreteras, con sus señales de tráfico, fuese un veinte por ciento peor, pero los conductores condujesen un veinte por ciento mejor, no cabe duda de que el número de accidentes se reduciría notablemente. Siempre habrán accidentes que no se habrán podido evitar, puesto que hasta el conductor más cuidadoso y seguro comete errores y porque también surgen reventones o averías imprevisibles. Pero muchos de los accidentes que ocurren son fruto de la frivolidad y las consecuencias no se pueden reparar en muchos casos. También tuve noticia en su día de un político de primer nivel que todos los días mandaba al portero de su finca a pagar la multa por exceso de velocidad. Es decir, él ya asumía que el coste del traslado por la autopista se componía de peaje más multa. Txiqui Benegas confesó en su día que circulaba a cerca de 200 kms/h. Hace poco, el Director General de Tráfico ha sido sorprendido sobrepasando también los límites de velocidad. Este generalizado escaso respeto por las normas es el responsable de que hayan muerto o quedado inválidas un buen número de personas. Es bueno mejorar las vías de comunicación y señalizarlas correctamente. Pero, además de ello, los conductores deberían saberse vigilados en todo momento. Y todos los que tienen alguna responsabilidad política, o policial, o sencillamente buscan creerse personas responsables, deberían respetar las normas de tráfico. Y al ver un accidente al pasar, todos deberíamos sentirnos culpables en cierto modo.