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jueves, 6 de septiembre de 2012

Esperanza, no te mueras

Naturalmente que no quiero que se muera Esperanza Aguirre. Ni nadie. Yo quiero que sea muy feliz y viva muchos años. Pero fuera de la política, como todos los de la casta. España precisa de un cambio radical en su configuración política, nada de un cambio de cromitos, como pretenden algunos.
Y es que los hay que piden que se quite Rajoy para que se ponga ella. Insensatos. Pero ahora está de moda exhibir pancartas con la leyenda “Esperanza, muérete”. Estos son peores. Abundan esos que necesitan creerse buenos y en lugar de hacer buenas obras para ello, se dedican a buscar malos y en cuanto tienen a uno localizado, una en este caso, le sacuden de lo lindo, que para eso es mala.
No se dan cuenta de que en el caso de que ella sea mala, ellos, al actuar de ese modo, se ponen, como mínimo a su altura. Esperanza, muérete. Y no se les olvida ni la coma. Benditos.
Lo que ocurre en España es que las oligarquías, entre las que está Esperanza Aguirre, junto con los demás políticos, la han sembrado de malas costumbres. De modo que aquí nadie se fía de nadie, porque incluso las traiciones se llevan a cabo sin que quienes las perpetran sean conscientes de lo que hacen la mayoría de las veces.
Zapatero acertó cuando decía que lo peor de la crisis era la falta de confianza, pero se equivocó al pensar que negándola se resolvería. Y, además, como buen imprudente, estaba convencido de lo que hacía, de modo que nos hundió más. Rajoy pensaba que con sólo verle a él en la presidencia del gobierno volvería la confianza. ¿Pero cómo nos vamos a fiar de alguien que tiene tanta afición al poder y al dinero? Esperanza Aguirre es como ellos. Baste recordar que ahora se mueve por intuiciones. Los de La Casta creen que tienen dones especiales.

'La amante imperfecta' 
'De Laura y otras muertes' 
'Hasta los cuervos picotean las cerezas' 
'La energía después de Fukushima' 
'Limones dulces' 
'Ocurrió en Valencia' 
'Los invitados de la princesa' 
'La vida y la poesía de Gustavo Adolfo Bécquer contada a los niños' 

viernes, 1 de junio de 2012

El suicidio de España

Vivimos una situación dramática en la que lo conveniente sería que todos los españoles fuésemos a una, y lo más probable es que si lo hubiésemos hecho así ya no estaríamos en crisis. Sin embargo, el sistema político que se nos ha dado nos aboca al sectarismo. Y por ahí vamos. Llevamos a cabo actitudes suicidas que llenan de desconcierto a los inversores internacionales, y también a los propios, pero esto es otra historia.
Debo de haber escrito más de una vez, aunque me da pereza buscarlo, que difícilmente Rajoy nos hubiera llevado a una catástrofe como la que se produjo con Zapatero, pero que una vez en el hoyo no veía capacitado al actual presidente del gobierno para sacarnos de él. No debo de ser el único en pensar así porque no hay quien crea en Rajoy, o eso parece.
En realidad, nadie se fía de nadie. Y esa es la cuestión. En España, los oligarcas están acostumbrados a campar a sus anchas, y en este sistema que nos dicen que es democracia han seguido haciéndolo, y ahora da la impresión de que hay muchas cosas debajo de las alfombras que no conviene a muchos que se vean.
El fundamento de la crisis es la falta de confianza, y eso sí que lo sabía Zapatero. Quizá Rajoy también lo sabe, pero también puede ser que pensara inocentemente que bastaría con que presidiera él gobierno para que volviera la confianza.
No es así, ya debería haberse dado cuenta, y el paso siguiente para que todo el mundo comience a confiar puede ser tildado como heroico, al menos para alguien tan pusilánime como él. Conseguir que un número considerable de españoles vaya en la misma dirección no es tarea fácil. Lograr que el dinero español que ha salido de España vuelva no está al alcance de cualquiera. El dinero siempre es cobarde. Pero Rajoy, que no ha dudado a la hora de recortar cosas sagradas, menos debería dudar a la hora de tirar de la manta.

lunes, 26 de marzo de 2012

Los perdedores de las elecciones

A menudo, tras unas elecciones, todos los portavoces de los partidos encuentran motivos para sentirse ganadores. Esta vez no puede ser así. En Andalucía, Rajoy ha podido comprobar que no le espera un paseo en lancha. En Asturias, cabe la posibilidad de que Cascos se haya dado cuenta de que comenzó un viaje a ninguna parte.
Pero para hablar en propiedad, los perdedores somos todos los ciudadanos, habida cuenta de que el injusto sistema electoral español fue elegido por unos pocos señores que alegaron que temían que se reprodujese en España lo que ocurría en la Italia de aquellos tiempos. En realidad, lo que querían estos representantes de los partidos era quedarse con el poder. En España hay elecciones, pero eso no significa que haya democracia. Aparentemente, hay libertades, pero si se recuerda que todos los poderes están bajo el control de los partidos, se cae en la cuenta de que los ciudadanos estamos a merced del poder.
Andalucía ha seguido votando al PSOE, a pesar de todos los escándalos. Pero es que el PP tiene algunas “cositas” en otros lugares y el modo de “resolverlas” no inspira mucha confianza. No se ha visto contundencia en el PP en ciertos casos y la gente piensa que si no la hay será por algo.
Por otro lado, el gobierno del PP pretende sacar a España de la crisis con una varita mágica. Repite el PP que es cuestión de confianza. ¿Pero qué confianza pueden generar el PP o el PSOE? Otra cosa sería si hubieran hecho un pacto de Estado en el que estuviera incluida la reforma del sistema, para convertirlo en democrático de verdad. En este caso la gente sí que vería voluntad de arreglar las cosas y no prepotencia y egoísmo.
Sorprende, por otra parte, el gran número de partidos que concurre a las elecciones, sin que nadie se proponga evitarlo y también que UPyD, a pesar de haber obtenido más de 129 000 votos en Andalucía, no logre ningún escaño.



jueves, 1 de diciembre de 2011

La vergüenza de Emarsa

Eso ha dicho Alberto Fabra, el presidente valenciano. Que le da vergüenza lo ocurrido en Emarsa. La alcaldesa, Rita Barberá, no ha dicho nada. Estará entretenida en las flores del Puente de las Flores (las flores del puente, lo primero; los discapacitados psíquicos pueden esperar).
Lo de Emarsa es una vergüenza, claro. Y es de esperar que Rita Barberá esté avergonzada. Alberto Fabra ya ha dicho que lo está, y nos lo creemos. Pero si no hace nada más, no vamos a ninguna parte.
Cabezas, han de rodar cabezas, y cuanto antes. El asunto ya apesta. Para nadie es un secreto que vivimos en crisis, aunque los políticos parecen no darse cuenta, puesto que su sector lo nota menos o nada. Bueno, a algunos les han puesto límites a las llamadas por el móvil y a las comidas, que les pagamos los demás.
Lo que ocurre es que hay que intentar salir de la crisis; algunos creen que lo vamos a conseguir haciendo un esfuerzo; es posible que no se hayan dado cuenta de que ya hemos perdido cosas que no recuperaremos, y que podemos perder más. No es seguro que logremos salir de la crisis.
Es indispensable, para poder luchar contra lo que se nos viene encima, que los políticos recuperen la confianza de los ciudadanos. O sea, hay que ir demostrando que se quieren hacer las cosas bien y con honradez.
Con toda la presunción de inocencia que quiera aplicar, lo Emarsa es feo. Y hay nombres implicados en el asunto. No debería quedar ninguno ya en la política. Quienes luego sean absueltos por los jueces pueden continuar sus vidas laborales en la empresa privada. La política no debe ser nunca una profesión, sino una vocación. De modo que cuando algún político se percata de que su influencia es negativa, debe irse, y si no lo hace, debe ser expulsado.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Zapatero y González hablan para niños

Atendiendo al interés de la clase política por infantilizar al electorado, Zapatero y González, en un mitin en Cataluña, acusaron al PP de querer hundir a España. Puesto que Zapatero no da pie con bola y tampoco le puede creer ya nadie, ese par pretende minar las esperanzas en el partido rival. ¿Es eso bueno para España?
Si el PP fuera un partido consistente, Zapatero no hubiera podido acabar ni la primera legislatura; en las Comunidades en las que gobierna el PP, se ve lo que hay: deuda galopante y control absoluto sobre todo lo que se tiene jurisdicción. Se premia, con dinero de los contribuyentes, a los aduladores, y a los críticos ni agua. Nada que no hagan los demás partidos en las Comunidades Autónomas en las que gobiernan.
Volviendo a los ataques de González y Zapatero, se les podría recordar que fue el actual presidente el que negó la crisis por motivos electorales, por lo que todo lo que diga en este sentido carece de valor. Tampoco fue el PP quien organizó los GAL, ni Carlos Slim ha hecho negocios con el PP. Bonita manera de defender a España la de estos dos.
La situación de muchos españoles es sumamente crítica, la crisis es grave, pero España podría salir de ella fácilmente si tuviera una clase política sensata. ¿Pero dónde está? El principal problema de los españoles es la desconfianza. La única manera que tiene Zapatero de ganar la confianza de los españoles es reconocer todas sus equivocaciones y todas sus mentiras y tras esto dar paso a otro miembro de su partido que tuviera suficiente capacidad para hacerse cargo de la situación. Y éste, dada la magnitud del problema que tenemos encima, debería buscar la colaboración de los demás partidos, incluido el PP, al que demuestran tener un odio que va más allá de lo razonable. El odio impide discurrir. Quizá no se dan cuenta por eso de lo mal que están las cosas para los ciudadanos.

'Pobres mujeres'
'Tres ataúdes blancos'
'Elemental, queridos humanos'
'Los más duros de la historia'
'Felipe V'
'Tauroética'
'Fábulas contadas a los niños'
'Espejismos'

lunes, 7 de junio de 2010

La Vanguardia y Zapatero

No importa que Zapatero haya demostrado con creces no ya su incompetencia, que también, sino su total falta de escrúpulos, al recurrir sin miramientos al “todo vale” con tal de seguir en su poltrona. Una persona que no hubiera perdido la capacidad de avergonzarse al recibir el ultimátum de Merkel y Obama hubiera dimitido para que fuera otro quien tomara unas decisiones que contradecían todas sus proclamas anteriores.
Zapatero no sólo no ha dimitido sino que además trata de convencer a los ciudadanos de que ha hecho bien, no sólo ahora, sino también el día anterior, cuando decía lo contrario. Lógicamente, no hay nadie que se fíe de él y si tenemos en cuenta que la cuestión fundamental para que funcionen las cosas es la confianza, la cuestión es evidente, España va cuesta abajo. Pero los partidos políticos españoles han llegado al fin que les era irremediable y se han convertido en oligarquías y como consecuencia Zapatero guarda en sus bolsillos todas las llaves del PSOE. Es difícil que su partido logre hacerlo dimitir; es ingenuo esperar que lo haga por sí mismo.
En este estado de cosas, un titular del diario La Vanguardia dice “Zapatero se prepara para hacer frente a la campaña de acoso del PP”. La Vanguardia parece la retaguardia de Zapatero. Lo que importa no es que regrese la confianza, para que la economía se recupere en la medida de lo posible y todos aquellos que están a punto de cerrar sus empresas o sus negocios, y quienes se ven irremediablemente abocados al paro, y quienes ya llevan tiempo parados y absolutamente desesperados, vean renacer el optimismo, lo que importa es que Zapatero resista. ¿Qué debería hacer el PP, según La Vanguardia? El subtitular dice lo siguiente: “La Moncloa elabora una estrategia para evitar tener que adelantar las elecciones a octubre”. ¡Qué necesario se va haciendo reformar todo el sistema político español!

'Tiempo de vida'
'Bajo toda la lluvia del mundo'
'¿Quiere usted hablar mejor?'
'Sabiduría esencial'
'La llave del secreto'
'El estupor y la maravilla'
'Mil millones de mejillones'
'Camaleones, desmemoriados y conversos'

viernes, 23 de abril de 2010

La dimisión de Bárcenas

De Luis Bárcenas se dice que es muy listo y por eso ha ganado tanto dinero. Pero si se acepta esta explicación, hay que tener por tontos a otros, del PP, evidentemente. Bárcenas ha dimitido, pero lo ha hecho cuando le ha convenido a él y no le ha importado que su partido quedara en entredicho con su permanencia. Bárcenas es muy egoísta. Tiempo atrás, alguien puso a Bárcenas, muy listo y muy egoísta, al frente de la finanzas del PP. Ojo de lince se llama la figura. Ya se sabe que Bárcenas primero mira por sí mismo y luego por el partido.
El hecho de que la dimisión se haya producido cuando le ha convenido al interesado y no cuando debió haberse producido pone de relieve que el PP carece de recursos para solucionar estas situaciones. Un partido que ha formado gobierno y que aspira a volverlo a formar está obligado a tener recursos para solucionar cualquier contingencia. En otras circunstancias, el prestigio del PP hubiera quedado tan dañado que no hubiera quedado más remedio que hacer una gran renovación en el partido. Si no ha sido así es porque los partidos políticos y la clase política en general ya no gozan de ninguna reputación en España. Cualquier aberración que proceda de la política se cataloga como normal y hasta previsible.
Así se explica que hayamos llegado a la situación actual, en la que no queda prácticamente nada en pie, o sea nada en lo que los ciudadanos puedan depositar su confianza. A lo que hay que añadir el sectarismo al que se viene empujando a la población, sin prisa pero sin pausa. El sectarismo impide ver las cosas como son.
Luis Bárcenas será tan listo como dicen, pero al demostrar tan poca generosidad con el partido, aunque sea absuelto al final, su actuación será recordada como nefasta.

domingo, 28 de marzo de 2010

El País, eufórico

El diario El País publica hoy un informe en el que se da cuenta de que todos los diarios de difusión nacional, salvo el propio El País, pierden dinero. Resulta dudoso, por otra parte, que algún periódico gane dinero en España. Y los beneficios de El País posiblemente se producen gracias a las compras masivas de los ministerios y todos los organismos dependientes de ellos.
No obstante, cualquiera que sea el motivo por el que El País gana dinero, la situación que describe lleva a pensar en aquello de “cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”. Se achaca la dramática situación de la prensa en general, también la de El País, a la crisis económica, cuando lo que ha hecho ésta, a lo mejor, es enmascarar la crisis real por la que atraviesan los medios españoles. Los periódicos viven a remolque de los políticos, y éstos ya han perdido toda la confianza de la población, y si se piensa que los medios también, es posible que se acierte.
Dado que cada periódico se ha alineado con un partido concreto, pudo haber un tiempo en que defender al partido de la oposición podía suponer un aumento en la venta de ejemplares. Hoy en día es dudoso que ocurra eso. Se ha institucionalizado el uso de eslóganes y consignas, y la desacreditación del rival como norma de actuación. Los ciudadanos son tratados como forofos. ¿Qué importa la información en este contexto? Lo que demandan los forofos es todo aquello que les permita zaherir a sus contrarios.
Se culpa también a la red, pero este enemigo, en el supuesto de que lo sea, es difícil de combatir, más bien conviene considerarlo como algo con lo que hay que convivir. La única posibilidad que existe es averiguar sus pautas para utilizarlas en servicio propio. Pero no es buena noticia para nadie que los medios pierdan dinero de forma generalizada.

sábado, 27 de febrero de 2010

Esto solo lo arreglamos entre todos

El hecho de que se ponga en marcha esta campaña, cuyos resultados tendremos que ver, supone ni más ni menos que el reconocimiento de que nuestra clase política es incapaz. Y quizá más que atribuir el fracaso a la clase política habría que hacerlo al sistema. Es curioso, por otro lado, que uno de los artífices del citado sistema sea uno de los promotores de la Fundación Confianza, que es la que ha comenzado la campaña.
Miquel Roca i Junyent fue uno de los más influyentes constructores de lo que iba a ser una democracia, pero que con pasos firmes y constantes derivó en la actual oligarquía que, con absoluta imprudencia, ha provocado la crisis en la que estamos inmersos y que ahora se pretende que paguen quienes menos culpa tienen. Aparte de que los partidos han acabado convirtiéndose en oligarquías, los partidos nacionalistas, en uno de los cuales milita el propio Roca, se llevaron la parte del león.
Lo procedente sería que se tomara aquella época de la Transición como un ensayo, o un boceto, para comprobar cómo funciona antes de hacer el modelo definitivo. Habría que formar un gobierno provisional, y disolver todo y dejar sin efecto la Constitución, para refundar nuestra democracia, dotándola de mejores fundamentos y con armas para defenderse de los totalitarios, que son quienes ahora copan los cuadros de mando de los partidos.
Es difícil que los políticos tomen por sí mismos esta iniciativa. Ahora no hay un Adolfo Suárez que lo tenga todo estudiado y preparado, para lograr que nuestros políticos se hagan el hara kiri como aquellos de antaño. Debería ser la sociedad civil la que se uniera para decirles basta de incompetencia, basta de derroche, basta de mirar hacia otro lado, eludiendo la responsabilidad, cuando se avecina la catástrofe, y basta de seguir con la misma historia cuando la catástrofe ya la tenemos aquí y por lo visto para mucho tiempo. Para recobrar la confianza hay que barrer a quienes nos la han quitado.

jueves, 5 de febrero de 2009

Cristóbal Montoro en Valencia

Estuvo en Valencia el ex ministro Cristóbal Montoro y dijo que si a él o Mariano Rajoy podrían convencer a la audiencia si les dejaran hablar durante dos horas, pero que sólo tienen diez segundos de cuota de pantalla. Dejando aparte el infame modo de utilizar la televisión que tienen todos los gobiernos españoles, lo que afirma Montoro es insostenible.
Sólo se convence a los previamente convencidos y afirman que si su partido no gana las elecciones es por culpa de ese uso torticero de las televisiones es tomar a los votantes por tontos del todo. Vivimos tiempos en los quienes venden temen no cobrar lo vendido, quienes prestan temen no recuperar lo prestado, y quienes se plantean tomarse unos altramuces como aperitivo temen lamentar en un futuro cercano este derroche.
Hay una falta total y absoluta de confianza en el futuro y en España, además, en el gobierno, puesto que no sólo no supo prever la crisis (y si lo hubiera hecho podría haber empezado a tomar medidas para que no alcanzara los niveles catastróficos que sufrimos), sino que con la crisis ya destrozando sueños aún la negaba, y luego toma medidas demagógicas y que comprometen a los futuros gobiernos. Nadie cree en Zapatero, Sebastián, Solbes, Álvarez, etc.
Si se pudiera confiar en la oposición, tanto si se les conceden diez segundos en la televisión, como si les dejan hablar durante dos horas, la gente volcaría sus expectativas en el PP. La realidad dice que este partido tampoco inspira ninguna confianza, Rajoy nunca ha tenido su control y a pesar de eso no dimite.
Las disputas por el poder son continuas en el PP, cuando no son unos los que discuten lo hacen otros y en las comunidades en las que gobiernan tampoco hubo indicio de que previeran la crisis.
Montoro propone la reforma del mercado laboral. Si fuera esa la panacea, si se pudiera asegurar que con esa medida iban a mejorar las cosas, Aurelio Martínez, por ejemplo, ya se las hubiera arreglado para convencer a Zapatero. Más bien parece que se quiere aprovechar la coyuntura para colar una medida largamente deseada.
Lo que interesa ahora es olvidar los oportunismos y las posibilidades de lucimiento y procurar la recuperación de la confianza. Es la hora de consensuar una reforma política que cambie sustancialmente las reglas de juego, que quite el poder a los partidos y se lo devuelva a los ciudadanos.

martes, 30 de diciembre de 2008

Suave como la seda

La Seda de Barcelona es una empresa que sirve para hacerse una idea acerca de la actualidad de la Bolsa. Uno de los principales accionistas y consejero de la entidad presentó una denuncia a la Fiscalía Anticorrupción, para que investigue las compras y ventas de acciones de La Seda, pues piensa que han podido manipular su cotización a la baja.
Independientemente de que sea cierto o falso; o de que se pueda o no se pueda demostrar, el hecho de que un accionista significativo haya puesto esa denuncia indica que es algo que puede ocurrir. No voy a sacar a relucir esa máxima que dice que “todo error susceptible de ser cometido, se cometerá”, sino a poner de relieve que las empresas que cotizan en bolsa no son entes etéreos con cuyos títulos se puede jugar a ganar y perder, sino que son compañías reales, con trabajadores que suelen tener familiares a su cargo, y también que muchos de los poseedores de las acciones no son jugadores, sino ahorradores que han confiado en el potencial de la empresa.
La crisis que estamos sufriendo se sustancia en buena medida en la bolsa. Es una crisis de confianza, de modo que muchos han recuperado lo que han podido de su inversión, vendiendo con pérdidas, temerosos de perder aún más dinero. Y muchos no invierten en bolsa porque no se fían de ninguna empresa. Sólo faltaba saber que hay empresas que se pueden manipular. Eso puede conllevar que los inversores huyan de las más pequeñas y opten por invertir únicamente en las más grandes, por lo que pueda suceder, con lo que se distorsionaría aún más el mercado.
Ignoro si este estado de cosas se puede solucionar o corregir. Pero sí creo saber que para salir de la crisis es fundamental restablecer la confianza. Si volviera la confianza a la bolsa, de modo que comenzara a tener continuas alzas, eso podría ser el comienzo de la salida de la crisis. También considero positivo que los accionistas minoritarios de La Seda de Barcelona hayan decidido unirse.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Mossos d’Esquadra condenados

La Audiencia de Barcelona condenó a unos Mossos d’Esquadra a penas de cárcel por haber torturado y lesionado a un ciudadano. La Generalidad ha presentado un recurso ante el Supremo, como probablemente es su obligación. Lo que no parece tan aceptable es que la que en el momento de los hechos era la consejera de Interior, la actual consejera de Justicia, Montserrat Tura, haya desautorizado a los tribunales de justicia, alineándose con los condenados y recordando que ella no les abrió expediente en su día.
Hay algo que olvida esta señora y es que la policía no debe torturar jamás. Los necesitamos confiar en los policías y si hay alguna sospecha de que torturan no puede haber confianza sino temor. Esto sí lo entiende Joan Saura, el actual consejero de Interior. Pero creo que yerra que equivoca su táctica. Lo de poner cámaras en las comisarías debe ser la última opción. La confianza en los policías debe comenzar por los propios gobernantes. Esta confianza debería nacer del conocimiento de que los métodos empleados para establecer la cadena de mando son los correctos. Los psicópatas y los corruptos deberían estar al margen de dicha cadena y en el caso de que por su preparación tuvieran que estar, debería ser bajo estricta vigilancia. El problema que plantean los psicópatas allí en donde están siempre queda pendiente de resolver, ya que a pesar de las alertas que lanzan los entendidos, los poderes públicos no toman cartas en el asunto.
Lo que suele ocurrir en España, y Cataluña no iba a ser una excepción, es que no se conceden los ascensos a los mejores, a los más honrados o los más eficientes, sino que con los cargos premian las fidelidades. Esto ocurre también en los nombramientos políticos y al final resulta que ni los políticos ni los policías están para servir a los ciudadanos sino a aquellos que les han nombrado y les pueden quitar el cargo o empleo. Poner cámaras significa renunciar a hacer las cosas como es debido.
'Crematorio'

domingo, 18 de marzo de 2007

El PP tampoco respeta el patrimonio histórico-artístico

Ayer critiqué que el PSPV contraviniera la legislación al colocar la pancarta electoral junto a las torres de Serranos. Hoy, el editorial de Valéncia hui explica que el PP tampoco tiene miramientos con el patrimonio histórico-artístico ni con las leyes. No voy a decir que en este caso es peor, porque sobre el PP recae la responsabilidad del gobierno, sino igual. Los políticos, de cualquier partido, deberían ser los más escrupulosos cumplidores de las leyes. Son quienes las ponen y quienes las hacen cumplir. Si luego las burlan y lo hacen públicamente y sin disimulos, demuestran de este modo que nos toman por tontos a los votantes. Y ya que ayer hablaba del cartel del PSPV, en el que aparecen juntos J.I. Pla y Carmen Alborch, en plan de igualdad, tratando de embellecer las calles de Valencia, hoy voy a hacerlo con el del PP, en el que aparece Francisco Camps mirando al futuro con confianza. Y se entiende que Camps encare así el futuro. Si no come langosta todos los días es porque no quiere. Y, probablemente, su entorno familiar y amistoso goza de la misma situación. Naturalmente que a largo plazo hay que tener fe en la humanidad. Pero gran parte de ella no tiene ni puede tener ninguna fe a corto plazo. Si Camps fuera capaz de ponerse en el sitio de esos que no tienen ninguna esperanza, quizá tendrá más dificultades para confiar en el futuro. Una nueva prueba, añadida a las anteriores, de la inconsistencia moral de nuestra clase política y de su insensibilidad ante los problemas ajenos la da el escaso interés que han demostrado por Jeliazko Petkov, el búlgaro que dio una lección de honradez y entereza al mundo. Quizá estas lecciones no interesen a los políticos. Algo hubieran hecho, si fueran sensibles a la honradez y a la capacidad de vencer las tentaciones. No digo que le hubieran ofrecido el cargo de concejal de Urbanismo de cualquier ayuntamiento o el de tesorero del partido, pero sí que se hubieran preocupado por aliviar su situación. Claro que a lo mejor no le preocupa a Camps. Él mira confiado el futuro.