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miércoles, 3 de septiembre de 2008

Crece el número de tarjetas de crédito

Y disminuye el de las de débito. Noticia que sólo puede ser buena para las entidades emisoras. Y es que al igual que cuando contratar un préstamo hipotecario era muy arriesgado para las economías ajustadas fueron raros los avisos en este sentido, quizá había que entrar en los lugares apropiados para verlos y, en cambio, las recomendaciones de compra eran muy evidentes, quizá tampoco ahora los interesados alcancen a oír las llamadas a la prudencia, ensimismados como están en ese hallazgo que les permite disponer de dinero cuando no tienen.
Porque conviene avisar, y eso deberían saberlo todos los que contratan las tarjetas de crédito, porque lo pone en el contrato, que el tipo de interés por aplazar los pagos es muy alto. Entonces, una tarjeta de crédito resulta muy útil para salir del paso en un momento concreto. Salvada la situación, conviene guardarla en el último rincón de la cartera y mejor en un cajón. Para el uso frecuente es mejor utilizar la tarjeta de débito, mucho más económica, porque los pagos se hacen con el propio dinero.
En el caso de que la necesidad de financiación vaya a durar mucho tiempo conviene solicitar un crédito al banco, puesto que los intereses que habrá que pagar serán mucho menores que los de la tarjeta. Por otro lado, la cuenta de crédito incita menos al consumo. Cuando alguien se acostumbra a utilizar la tarjeta de crédito puede caer más fácilmente en gastos que no se debe permitir, si no tiene el nivel económico adecuado.
El negocio de las tarjetas es un filón para los bancos, puesto que cada año recaudan mucho más que el anterior por comisiones. Y este es otro asunto a considerar, puesto que en un principio los bancos y las cajas se empeñaron en que todos sus clientes tuvieran tarjeta. Y una vez conseguido este propósito y acostumbrados todos a usarlas, desapareció la gratuidad. En lo que respecta a las comisiones, las entidades financieras se han embalado y cada vez inventan conceptos nuevos para este fin.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Los bancos niegan el crédito a UPyD

En este país en el que un cristalero infame no tuvo problemas para lograr financiación, para montar una cristalería en el sitio ya comúnmente sabido, un partido serio y con evidentes opciones de lograr un gran resultado electoral, no puede conseguir que los bancos le concedan crédito. ¿Tienen crédito Batasuna o ANV? Convendría saber este dato.
Los bancos suelen otorgar muchos créditos a los partidos políticos, aunque saben que éstos gastan mucho más de lo debido. No es probable que los partidos puedan presentar cuentas saneadas, que muestren su solvencia, para ganar la confianza de los bancos. No obstante, obtienen el dinero que piden. Luego, la prensa, a menudo, da la noticia de que el banco tal ha condonado la deuda al partido cual. ¿Sería posible averiguar cuánto dinero deben los partidos a los bancos? ¿Y desde cuándo en cada caso?
El partido Unión, Progreso y Democracia es un partido que viene a traer aire fresco al panorama político español, tan anquilosado, tan de espaldas a la ciudadanía. Viene con intenciones renovadoras y ha despertado temor en los demás. ¿Será por esto que se le niega el crédito? No cabe duda de que la figura de Fernando Savater infunde gran respeto a los políticos. Rosa Díez ha demostrado que es muy firme en sus convicciones y muy noble en el trato con sus adversarios políticos. Por otro lado, es impensable que Unión, Progreso y Democracia apruebe ningún tipo de negociación con ETA. Es un partido incómodo para todos los demás.
Al parecer, el PSOE gana las elecciones cuando la abstención es baja. En esta ocasión, sin embargo, bien pudiera ocurrir que quienes no pensando votar se decidan a hacerlo, opten por este partido nuevo, que alguna ilusión viene a traer.
Naturalmente que tras las elecciones, cuando Unión, Progreso y Democracia ya haya logrado representación parlamentaria, los bancos y las cajas le concederán crédito. Y no sólo eso, sino que tendrán excusas con las que justificar su actitud anterior.