Mostrando entradas con la etiqueta sueño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sueño. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de enero de 2009

Obama, el sueño del mundo

E incluso de nuestro Zapatero particular, que espera que le saque las castañas del fuego. Obama es alguien que ha sabido ilusionar al mundo, o al menos situarse en el centro de las ilusiones mundiales. Al contrario que Zapatero, que se complace en atizar los sectarismos, en manipular las situaciones en beneficio suyo. Claro que para esto último cuenta con la inestimable ayuda de la oposición.
Zapatero pide ahora que consumamos y que la situación no está tan mal como se presume generalmente, lo que ocurre es que la gente le vota pero no le cree. No es probable que nadie arriesgue, entre otras cosas porque quienes le creyeron en los meses anteriores, y tomaron ciertas decisiones, ahora están totalmente arrepentidos. O peor.
Obama no puede hacer milagros y ni siquiera se espera que haga grandes cambios. Lo que se le pide es que no defraude, que no dé motivos para que la gente deje de confiar. El motor del mundo lo constituye la confianza de la gente, la ilusión por hacer cosas. Ambas cosas, la confianza y la ilusión desparecieron por motivos concretos y fundados. Dar la seguridad de que en el futuro las cosas se harán de otro modo y se tendrán las precauciones precisas es, en estos momentos y siempre, algo fundamental.
Nuestro Zapatero particular, que no sabe cómo arreglar los problemas que tiene planteados en casa, ni sabe generar la confianza necesaria, se atreve a darle consejos a Obama sobre cómo ha de arreglar el mundo. Hoy es un día de esperanza para el mundo y al mismo tiempo de desesperanza para España, a la vista de que por el camino que vamos no vamos bien.
Zapatero es alguien que sabe manipular y explotar en su beneficio cualquier cosa, parece que, en lugar de Obama, haya ganado él.
España se podría sumar a la euforia general si se cambiase el sistema de las elecciones, si se optase por las listas abiertas, con lo cual podrían aflorar políticos de valía y no los que sufrimos.
De momento, nos hemos de conformar con alegrarnos de que en EE.UU. sí pueda ocurrir.

lunes, 31 de diciembre de 2007

El sueño

Esto de escribir en un blog o bitácora conlleva que de vez en cuando se tengan que hacer confidencias personales. La cuestión es que quizá por aquello de que cada día cuando me levanto tengo la impresión de que podría dormir dos horas más, no suelo tener consciencia de lo que sueño y, por tanto, tampoco lo recuerdo. Eso no significa que alguna que otra vez no tenga sueños, generalmente agradables. Pero hay uno que perdura en mi memoria a lo largo del tiempo. Lo tuve en los años noventa y, por lo visto, no lo voy a olvidar nunca. En el principio, yo estaba en un parque público en el que había bastante gente, matrimonios, parejas de novios, grupos de amigos, que paseaban endomingados. Las damas parecían salidas de la peluquería y los hombres que lucían bigote, barba, o ambas cosas, los tenían perfectamente recortados. Yo desentonaba totalmente, puesto que no iba endomingado, ni acompañado; para terminarlo de arreglar, e incomprensiblemente, llevaba un mono sobre el hombre. Aún estaba rumiando mi desconcierto cuando se me encaró un potentado, cuya imagen se correspondía exactamente con la que aparecen en las viñetas los ricachones sin entrañas, orondo, con figura de tonel, impecablemente vestido y la sonrisa de oreja a oreja, mostrando toda la dentadura. Me retó a un duelo y yo supe de antemano que mi retador se reservaba todas las ventajas. No obstante, por no parecer cobarde, acepté (se conoce que en sueños uno toma decisiones que no tomaría jamás en estado de vigilia). En mi ensoñación, mi ánimo ya estaba inquieto, pero el sueño ya iba camino de convertirse en una pesadilla. Mi contrincante puso dos rifles en el suelo, uno para que lo usara yo, descargado y el otro, con la carga reglamentaria, en su lado. Yo cogí mi rifle y le apunté, con el corazón latiendo a toda velocidad, mientras él me observaba tranquilo y sin perder la sonrisa. Se agachó con parsimonia a coger el suyo y entonces sucedió lo imprevisto. El mono que yo llevaba al hombro se le adelantó, e imitándome le apuntó. El ventajista salió corriendo y ya no sé si el mono le acertó en el tiro o no, porque me desperté alborozado.
Y eso es lo que yo deseo a todas las personas de buena voluntad, que lleven un mono al hombro, para que les espante a los embaucadores, estafadores, tramposos, embusteros, egoístas, aprovechados, gandules, truhanes, bellacos, beocios, marrulleros, jugadores de ventaja, necios, sollastres, albardanes, prepotentes, indignos, depravados, desalmados, innobles, pérfidos, fatuos, penseques, etc., que se les acerquen con las intenciones que les son propias.
Feliz Año Nuevo.