Podría comenzar diciendo que nunca lograré averiguar el enigma González Pons, pero acabado de escribir esto me doy cuenta de que sí. En la esfera privada no iría a ninguna parte, pero en la política se maneja. Se metió en el bolsillo a Rajoy, aunque no del todo, se hizo amigo de Pepiño, al que le endilgó a su hijo, y últimamente se estaba camelando al nefasto Bolaños.
Nótese que ninguno de todos sirve para la vida privada, sino que se vienen montando unos tinglados con los que mangonean la vida pública de algunos países, por lo general comunistas. Mueven mucho dinero y sus ganancias deben de ser muy grandes. Es posible que todo se acabe, aunque queda por ver cómo, porque a lo mejor alguno o algunos se salen de rositas. Con esta gente nunca hay que tenerlo todo previsto.
Vuelvo a González Pons, que se ha hecho famoso por sus novelas, tan pornográficas como estúpidas. No las he leído, claro, salvo alguna que otra página significativa, con las cuales queda todo claro. Pero es que Feijóo también las tiene que haber leído, ¿y cómo es posible que después de eso no lo haya mandado a escardar cebollinos a la huerta? Estos son los misterios que nos rebajan la euforia, porque nos hacen ver que aunque hay mucho que cambiar en la política española -realmente, casi todo-, no hay un equipo dispuesto a hacerlo, con lo que podemos calcular que pronto volveremos a las andadas.
Solo falta que Feijóo nombre ministro a este, que es capaz de hacerlo, y con ello ya sabremos que seguimos en las andadas. González Pons, esté en la cartera que esté, lo hará todo mal, como cuando estaba en el gobierno valenciano, en donde en lugar de pensar en cosas de provecho se esmeraba en conseguir titulares de prensa. Ese era su estilo. Claro, el presidente era Camps...
No hay comentarios:
Publicar un comentario