viernes, 29 de agosto de 2025

Hoy, el tabaco

 

No puedo hablar bien del tabaco, pero antes de llegar a este punto he de decir que soy fumador vocacional. Es decir, sueño con el tabaco y ojalá pudiera fumar a pierna suelta como lo hacía. Pero no es posible.

Acababa de comprar un cartón de ducados, porque si no tenía suficiente tabaco en casa no podía dormir, cuando de pronto me vino una idea: si no fumara, la médula sería mejor y habría más posibilidades de que Adolfo se curara. Fue el 17 de mayo de 1985. Por algún motivo raro, las cosas importantes me suelen ocurrir en 17. No digo más. Solo doy el dato. El caso es que a partir de ese momento comencé a notar mejoras en mi vida, pero me las callé por si no podía sostener mi decisión. Iba sorbiendo el humo de los demás. Acompañé a Adolfo en su siguiente visita a La Fe, porque se lo habían exigido, y le comenté al médico lo del tabaco. Me respondió que eso no influía para nada. Pero yo ya había notado las ventajas de no fumar. Podía subir al Miguelete unas cuantas veces seguidas. Me gusta mucho el tabaco, pero el precio, en términos de salud es muy caro.

Tiempo antes, me habían intervenido quirúrgicamente en Madrid, y el que tenía fama de ser el mayor fumador del hospital era yo. El valenciano, decían. Nótese que entonces estuve peleando durante un año con la Sanidad Valenciana, porque aquí estaban los que se creían que eran los mejores especialistas de España, y no digo yo que no fuera cierto, y les dolía que yo quisiera irme a Madrid. Hoy en día no podría ni cambiar de hospital en Valencia. Quiero decir que las cosas se pueden hacer mejor. Me sacaron un litro y cuarto entre las dos caderas y seguramente mi hermano fue el primero que se curó en La Fe.

Esos libros míos



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