Todo lo que hace Bolaños me parece una barbaridad, pero ya no sé si es que veo todo lo que hace o que lo que me enseñan es lo peor de lo que hace. En este momento quería poner el comentario de la asociación de jueces más grande -pero es que me da a mí que, de forma oficial, todos los jueces deberían decir lo mismo- discrepa de los ataques del pequeñajo ministro a Peinado.
El hecho de que pueda haber asociaciones de jueces que lo defiendan viene a demostrar que en la política española hay un afán más que tramposo. Ya no se guardan ni las formas. El propio mamarracho -no lo puedo llamar de otra manera- que preside el gobierno fue a decir que la guerra de Irán no le interesa y que él quiere la paz. ¡Como si fuéramos tontos lo dice! Claro que queremos la paz, quien no la quiere es Irán, tampoco la quiere Rusia, ni cabe esperar que la quiera China. Y hasta ahí se ha ido, hasta China, que en cuanto nos descuidemos invadirá Taiwán. Todo consiste en tener contento a Sánchez y si para ello hay que hacer el ridículo, pues se hace.
Hay que ir comparando a unos con otros para apreciar las diferencias. Adolfo Suárez respetaba a todos y ninguno de los que se entrevistaron con él podrá decir nada en contra suya en este aspecto. La gente muy a menudo no se fija en el prójimo, motivo por el que tiene la entrevista y no se entera, porque solo atiende a su objetivo. Se quedan con el cartel que tiene su oponente, sin fijarse en si está bien planteado o no. Por su parte, el actual presidente de España no se respeta ni a sí mismo. Piensa que con el cargo que tiene ya es suficiente y no se da cuenta de que es un pobre diablo.
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