El PNV no sería nada sin ETA y sin el apoyo del PSOE. Todo esto hay que tenerlo en cuenta para analizar lo que ocurre en el País Vasco. Hay que recordar que los socialistas se negaron a incluir la cadena perpetua en la Constitución, con la cual la banda terrorista no habría durado nada, y además de eso los nacionalistas vascos y catalanes obtuvieron unas ventajas que ahora se manifiestan más claramente que nunca.
En estos momentos y en vista de la naturaleza torticera de Pedro Sánchez nos quieren hacer pasar a Felipe González por un señor, lo cual no podrá ser nunca. Cuando ganó las elecciones se dio cuenta de que con las herramientas legales no podría acabar con ETA y en lugar de reunirse con el PP para instaurar la cadena perpetua optó por igualar a los ciudadanos con los etarras mediante el GAL. José María Aznar se hace el bobo o no se ha dado cuenta.
Todos estos preliminares permiten explicar la situación actual en la que el desvergonzado Felón ha traspasado al gobierno vasco todas las competencias, o casi todas, y las está aprovechando para soltar etarras. El gobierno vasco, para aclarar más las cosas, está compuesto por el PNV y el PSE. El PP quiere comprobar que no hacen más trampas que las que se saben y exige los documentos, para repasar todo. Y se los niegan, adoptando una actitud infame: «La mera invocación abstracta de un riesgo potencial de reidentificación no satisface las exigencias de motivación reforzada que deben concurrir cuando se limita el derecho de información parlamentaria», alega el PP, que volverá sobre este asunto.
La mala intención del gobierno vasco es innegable y además de que no la esconden actúan con guasa, dando a entender que piensan que acabarán ganando, y no se sabe por qué tienen esa idea, ya que se mueven por encima de la ley.
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