Dios me libre de prejuzgar el resultado. No tengo ni idea de lo que va a pasar. Mi deseo es que gane la justicia y mi opinión es que para que ello ocurra así el juicio debería ser absolutamente libre y desjuiciado, pero esto último ya sabemos que no va a poder ser. Ella, su entorno, su marido, sus medios, todos a una harán todo lo que puedan. Aparte de todo esto puede ocurrir que resulte culpable, del mismo modo que ha sido posible que sea imputada.
El auto es como es, ya conocemos a Peinado, al que ningún vendaval ha conseguido despeinar. La manda a juicio por tráfico de influencias, corrupción, apropiación indebida y malversación. Estas cosas de los jueces son muy serias y no voy a ponerme a hacer bromas cuando el asunto ya va llegando a su fase final. Solo añadiré que el hecho de que le retire el pasaporte implica que ella debe presentarse al juzgado cada quince días. No irá ella sola a juicio, sino que también lo harán Cristina Álvarez y Juan Carlos Barrabés.
Las cosas que han de pasar acaban pasando y aquí estábamos leyendo todos los días los esfuerzos que hacía el bueno del juez Peinado, no solo para ir acometiendo las continuas salidas de pata -otra cosa es que luego resulten castigadas, que yo eso no lo sé- de la diosa consorte y sus allegados, y mientras hacía esta tarea iba esquivando los chuzos de punta que se dirigían hacia él. Ha tenido suerte de no caer enfermo, con lo cual el caso podría haber pasado a otras manos. Hemos tenido suerte todos. Ahora falta ver a qué tribunal le va a corresponder lidiar con el entuerto y quienes serán los ciudadanos que tendrán que encargarse de ver el caso. Supongo que les leerán la cartilla a todos, para que sepan qué es lo que hay en juego.
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