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lunes, 23 de octubre de 2017

Una rumana y, luego, Franco

Una señora rumana que se gana la vida limpiando casas ajenas en la ciudad condal les habla a sus hijos en español. Obviamente, quiere que sus hijos se abran camino en España, porque si pensara en regresar les hablaría en rumano. Pero es que la dueña de la casa en la que presta sus servicios le exige que les hable en catalán.
Luego, se ven pintadas en la calle en las que pone: Franco ha vuelto. No se dan cuenta los nacionalistas de nada, ni siquiera de su locura. Franco no puede volver, porque no se sabe de nadie que haya vuelto de la muerte, pero el espíritu dictatorial, presente en España desde hace siglos y que empieza a desaparecer en algunas personas, sigue férreamente instalado en aquellos lugares en los que el nacionalismo ha logrado arraigar, porque esta ideología es incompatible con la democracia. Ignoro si Felipe González se ha dado cuenta ya, pero lo ideal habría sido que lo comprendiera en 1977 o 1978, porque de ser así no les habrían dado tantas facilidades a los nacionalistas para hacer el mal.
Pero no sólo han de soportar ese espíritu dictatorial las personas que están en inferioridad de condiciones, como la señora rumana citada, a la que se le exige que sacrifique el porvenir de sus hijos, sino toda aquella persona que no comulgue con las ruedas de molino que se le ofrecen de forma imperativa.
Mención aparte merecen los policías y guardias civiles destinados en Cataluña que reciben un trato indigno de seres humanos, maltrato que se extiende hacia sus hijos, lo que viene a certificar que los nacionalistas han perdido toda dignidad humana y han pasado a convertirse en bestias salvajes.
Esperemos que la imprescindible aplicación del 155 sirva para restablecer, en la medida de lo posible, y con la celeridad que permitan las circunstancias, un tipo de vida que se acerque más a lo que se considera humano.

'El Parotet y otros asuntos'
'Diario de un escritor naíf'
'Yo estoy loco'
'Valencia, su Mercado Central y otras debilidades'
'1978.El año en que España cambió de piel'
'El séptimo círculo del infierno'
'La Guerra Civil y la Tercera España'
'Cantos al camino'

sábado, 17 de enero de 2015

Me lo preguntó Juan Soto Ivars

No tiene nada que ver con el hecho de que hoy hayan bendecido animales en una iglesia de Valencia, sino que fue en la presentación en Barcelona de '1978. El año en que España cambió de piel'.
Juan Soto Ivars es un escritor joven con mucho ingenio y curiosidad y derrocha simpatía. Es muy puntual y en mi opinión cabe catalogarle como una persona seria. Nació en 1985 y presentaba un libro que se refiere a 1978. Él tenía curiosidad por saber más de las cosas de ese año que nos afectaron tanto. Se hicieron bien algunas cosas y otras mal. ¿Por qué no somos capaces de cambiar lo que se hizo mal? No conviene perder de vista que lo que se hizo mal se puede hacer peor.
Juan Soto Ivars preguntaba muchas cosas de aquel año, pero luego hizo una relacionada con el tiempo actual: ¿Tú crees que Pablo Iglesias se plegaría a las oligarquías? Yo creo que él sabía la respuesta, y también creo que él piensa lo mismo que yo. Pero me lo preguntó poniendo cara de ignorante, como uno de esos periodistas que ya han estado en todas las guerras del mundo y han asistido a todas las catástrofes.
Mi opinión, tan controvertida como de costumbre, es que el único presidente del gobierno español que se ha enfrentado a las oligarquías es Adolfo Suárez. Y así le fue. O sea, que acabaron con él. Y está por ver que algún día se le reconozca todo lo que hizo por los españoles. Y también es mi opinión, controvertida por supuesto, que Adolfo Suárez fue una buena persona, cosa muy difícil de conseguir.
Pensar que ese simulacro de persona que es Pablo Iglesias pueda convertirse en un émulo de Adolfo Suárez entra dentro del campo de lo mágico. Algo así como: que toda vida es sueño, y los sueños, sueños son.