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sábado, 4 de marzo de 2017

La etarra Sara Majarenas dice que se arrepiente

Sin embargo, según El Confidencial, el diario Gara publicó el jueves pasado una carta suya en la que manifestó que si la separan de su hija no habrá reparación física y psicológica para ella, o sea para la niña.
No debe de estar muy arrepentida si manda una carta a Gara y lo de que su hija no se va a recuperar sin ella es una afirmación sin fundamento. Cada persona es un mundo y por otra parte no parece que una etarra pueda estar capacitada para educar a nadie. Además, todo el entorno etarra, desde el más descarado hasta el que trata de disimular sus simpatías hacia los terroristas la ha apoyado unánimemente. ¿Cómo se puede creer en estas condiciones en su arrepentimiento y alejamiento de la banda?
Los etarras no tienen, ni pueden tener palabra, por mucho que la den por escrito y la firmen ante un juez. Los etarras son las escorias sociales, excrecencias putrefactas del género humano, dignas de conmiseración si se quiere, por lo bajo que han caído.
Que esta etarra diga que ella ahora también es una víctima es una burla a las víctimas de ETA. Debería al menos haber mostrado respeto hacia ellas, pero no. Pero también es verdad que no cabe esperar tanto de una etarra.
Obviamente, un juez no es quien hace las leyes, sino quien las aplica. Y seguramente ha hecho lo que marca la ley al concederle a esta etarra lo que pedía. Sale perdiendo la menor, que ahora recibirá el ejemplo de una madre terrorista y puede que a pesar de eso se convierta en una buena persona, pero también puede ocurrir lo contrario. Se le puede pegar la desfachatez, el gusto por la mentira y la peste del nacionalismo.
La legislación española es muy blanda con los terroristas.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Pedro J. se pone en evidencia

En su artículo de hoy, el fundador y ex director de El Mundo, dice lo siguiente:
«el diálogo que mantuvimos a diario durante los treinta años en los que primero te nombré jefe de sección, después te nombré redactor jefe, después te nombré subdirector, después te nombré director adjunto, después te nombré vicedirector y por fin respaldé la decisión de la editora de nombrarte director, una vez consumada mi destitución.»
Durante treinta años Pedro J. estuvo premiando y, por tanto, alentando la furia aduladora de quien ha acabado por sustituirle en la dirección del periódico. Treinta años es un periodo de tiempo suficientemente grande como para darse cuenta de que la fidelidad no se la tenía a su persona, ni tampoco a unas ideas, sino a la línea de mando. A Pedro J. no se le podía escapar el detalle. Sorprende que ahora no se dé cuenta de quiso jugar una partida y la perdió. Puede invocar el derecho al pataleo, pero eso no sirve para nada.
No es la primera vez que ocurre algo de este tipo. Jesús Cacho, sin ir más lejos, también fue descabalgado del medio que fundó. Lo contó en un artículo titulado “El Confidencial: historia de una fechoría”. Hubo un medio en el que el más pelota de la redacción fue el encargado de decirle a quien anteriorme había sido objeto de sus halagos, que llevaba un tiempo destuido pero conservaba una columna en el medio, que se le retiraba ésta.
Pedro J. parece inquieto en su nueva situación; no acaba de encajar la derrota. Es como si al empezar la partida no hubiera calculado que la podía perder. Eso quita valor al gesto de emprenderla, porque si no pensó que la podía perder tampoco fue consciente de que corría un riesgo. Quizá no fue tan valiente como se cree.

lunes, 28 de enero de 2013

Columnistas con pseudónimo

Por supuesto que estoy de acuerdo de que haya columnistas que firmen con pseudónimo. Recuerdo con mucho cariño a uno que escribía en El Confidencial, cuando estaba dirigido por su fundador, y que eligió como pseudónimo el nombre de un caballo famoso: Incitatus.
Alguna vez estuvo trotando por Valencia. Creo que fueron seis años los que tardó la gente en descubrir su identidad, o quizá fueron siete, no lo recuerdo con exactitud. Es posible que hubiera otro columnista con pseudónimo en El Confidencial que usase el copy/paste, cosa que nunca se le hubiera ocurrido a Incitatus. Es, porque sigue trotando, ahora en Tiempo, un prodigio de imaginación y conocimientos. Puede decirse que, más que lectores, tiene devotos.
Algunas de sus memorables columnas en El Confidencial, rescatadas por otros medios, siguen siendo leídas y aplaudidas.
Los motivos por los que Luis Algorri firmaba como Incitatus sus artículos en El Confidencial son lógicos y cualquiera los puede comprender. Supongo que sigue manteniendo con vida al caballo porque se ha ganado su derecho a vivir. Creo, además, que se lo pidieron.
La cuestión es que los directores de los medios se han responsabilizado, tácitamente, ante los lectores de las correrías del caballo. Nunca ha sido una tomadura de pelo. Ignoro cual es la tarifa de Incitatus por sus artículos, ¿por qué lo tenía que saber? Pero no creo que llegue a los tres mil euros que, por lo visto, cobraba alguien que también escribía con pseudónimo, pero en este caso sí que es una broma de mal gusto, de la que nadie se hace responsable.
En resumidas cuentas, estoy de acuerdo con los pseudónimos, pero con ciertas condiciones. El responsable de un medio es el director y su presencia garantiza a los lectores que todo es correcto. Si se descubre que un medio ha hecho un fraude, el director debe explicar de modo convincente cómo ha podido ocurrir eso. Lo más correcto es que presente la dimisión.

jueves, 7 de julio de 2011

Las declaraciones de Jesús Cacho

Un amigo mío puso un comentario con el que criticaba a Botín, en un artículo de El Confidencial, y se lo censuraron y a él lo bloquearon, para que ya no pudiera poner más comentarios. A Botín no se le puede tocar. Es lo que dice Jesús Cacho. Ha habido una noticia relacionada con el presidente del Santander y nadie ha dicho nada.
Bueno, eso de que nadie ha dicho nada tampoco es del todo cierto. El buque insignia de la RAE, Luis María Anson, sí  dijo algo. Su abuela, la de Botín, no lo hubiera mejorado.
Al parecer, ha habido una maniobra artera contra Cacho en El Confidencial. Pero quizá fue él quien introdujo, o por lo menos lo ayudó a crecer, a aquello que ha terminado por defenestrarlo. La columna que probablemente es la más leída del medio es un bluf. Este digital comenzó siendo un entrañable y simpático medio al que pronto se aficionó una masa de lectores. Ésta creció considerablemente, configurando lo que puede considerarse como una burbuja: demasiados lectores para tan poca sustancia. El modo en que se ha hecho salir de la empresa a uno de los dos socios fundadores, lo demuestra.
Dice Cacho cosas que debería haber callado, puesto que su visión de las cosas no es imparcial. Si le parece que el medio está ahora huérfano de dirección, y puede que sea cierto, no debe decirlo, puesto que ya está fuera. Tampoco debería hacer vaticinios, sería más correcto que esperara acontecimientos. Todo eso estaría muy bien si estuviera dentro, pero realmente está fuera.
Lo que es realmente triste es que se haya roto una amistad antigua, como la que tuvo con el otro fundador. Creo que en El Confidencial había uno que rezaba mucho el rosario, o eso decía, y ahora se ve que en esa redacción se intrigaba mucho, cosa que no encaja muy bien con lo anterior. A pesar de que esa amistad fuera tan antigua, Cacho no supo adivinar lo que se le venía encima, ni prever lo que podía ocurrir, a pesar de que tenía todos los datos ante sus narices. Sólo necesitaba analizar las personalidades de todos y encajar las piezas.

'El psicólogo en casa'
'La huella del hereje'
'Quién mató al ayatolá Kanuni'
'Espiritual mente'
'África en el corazón del viajero'
'Diccionario de manías y supersticiones'
'Quién fue quién en el mundo clásico'
'12 ciudades del mundo'