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miércoles, 6 de octubre de 2010

Tomás Gómez se ha merecido ganar y quien gana es el mejor

El autor de la frase es Zapatero y a estas alturas ya no sorprende a nadie. El presidente español tiene un cierto parecido con Chávez, aunque con mucha más educación y sin el matonismo que exhibe el venezolano, pero al igual que aquel se cree capaz de explicar que la Tierra es cuadrada y que la gente se lo crea (y el día que diga que la Tierra es cuadrada muchos de sus seguidores nos darán la matraca explicándonos que la Tierra es cuadrada).
Si el que gana es el mejor, resulta que Fujimori es mejor que Vargas Llosa. Que quienes ganaron las elecciones frente a De Gaulle o Churchill son mejores que estos dos. Lo único que muestra el resultado de unas elecciones es la voluntad de quienes han votado. El criterio de un buen número de votantes puede ser tan banal como el del propio Zapatero, y de hecho lo es porque muchos de los que gobiernan alguno de los muchos trozos de España son tan megalómanos o banales como él mismo. Y las personas capacitadas resulta muy difícil medrar en los partidos políticos, dadas sus rígidas estructuras y si lo lograran probablemente no serían suficientemente simpáticas para ganar las elecciones. El hecho de que se reconozcan los defectos de la democracia no significa que se renuncie a ella, el menos malo de los sistemas.
Bromear sobre Zapatero puede ser muy peligroso, tiene muy mal genio, como se puede ver en este vídeo. Después de ver la determinación y el cabreo que exhibe pocas ganas deben quedar de tener líos con él. Pero esos arrestos de los que hizo gala no son bastantes para imponer las listas abiertas en su partido, a pesar de que presume de demócrata, cosa que tampoco le impidió tomar partido en las primarias, ni intentar convencer a Gómez para que no se presentara. Pero el cabreo es cierto.

'Espejismos'
'Hablar sin palabras'
'Los tiburones han muerto'
'El Cid contado a los niños'
'Ninfas'
'El día del juicio'
'El Palestino'
'Poesía reunida'

miércoles, 8 de abril de 2009

El asunto Fujimori

En la novela Un lugar llamado Oreja de Perro aparece, en toda su crudeza, toda la crueldad que gira en torno a Sendero Luminoso. Los habitantes de las zonas afectadas, imposibilitados para eludir todo el terror al que se ven sometidos, lo dan por irremediable y se habitúan a vivir con él.
En el blog de
Gonzalo Portocarrero está explicada la cuestión. Las Fuerzas Armadas de Perú crearon un terror más grande que el de Sendero Luminoso. Cogidos los campesinos entre dos fuegos, se aliaron con quienes podían amenazar más y también proteger más. Esta política fue seguida por todos los gobiernos peruanos, incluido el de García, con el beneplácito de los habitantes de las ciudades. La derrota de Sendero Luminoso en los Andes, hizo que se fuera acercando a las ciudades, lo que motivó la inquietud de sus habitantes.
Fue entonces cuando apareció Fujimori, que se hizo eco del reclamo de mano dura contra los terroristas. En la persecución de éstos prosiguió con los métodos dictatoriales, más sofisticados que los anteriores, más soterrados y discriminatorios, dado que la lucha se había trasladado de lugar.
Todo esto era admitido por la población, que con tal de ver desaparecer la amenaza terrorista cerraba los ojos a todo, cuando saltó el escándalo Montesinos. Fujimori comprendió que había perdido la partida y se fugó. Y es precisamente esta fuga lo que no le perdonan los peruanos.
Fujimori regresó, casi con toda seguridad en contra de los deseos de los gobernantes peruanos, a enfrentarse con la justicia y finalmente, como es sabido, ha sido condenado a 25 años de cárcel. Ahora bien, dado el carácter calculador del personaje, puede pensarse que su regreso no fue un error de cálculo, sino un riesgo asumido. Con su regreso, ha logrado volver al primer plano de la actualidad, lo que piensa que puede servir de propaganda para su hija, Keiko. Si ésta ganara las elecciones, el hecho podría interpretarse como que los peruanos lo habían indultado. En este supuesto, habría ganado dos cosas.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Fujimori, en Perú

Los poderosos suelen tener la tentación de pisotear a los humildes, sin tener en cuenta los derechos que también tienen. Algunos no resisten esa tentación. El propio Fujimori quiso participar en la captura de un terrorista. Durante el traslado en avión, lo amenazó con tirarlo al vacío. El preso se asustó tanto que mojó el avión, cosa que debió hacerle mucha gracia al bromista. Lo que se les escapa a los poderosos que ceden a esa tentación es que con su acto renuncian a su dignidad (acaso porque no les interesa tenerla), mientras que sus víctimas pueden conservarla íntegra. El hecho de que algunos poderosos no tengan dignidad no evita, por otro lado, que se vean rodeados de aduladores y de que se les brinden todo tipo de honores. Pero todo eso es ficticio, puesto que cuando se da el caso, ocurre de vez en cuando, que el poderoso deja de serlo suele quedarse absolutamente solo, como bien le ha ocurrido a Fujimori. Sus antiguos amigos, encargados de ejecutar sus órdenes, ahora son sus enemigos, puesto que tratan de descargar toda su responsabilidad en él. Su vuelta a Perú, tras tantos años de fuga, debería ser motivo de reflexión para los peruanos que lo votaron. Si hubiera ganado las elecciones Mario Vargas Llosa, que era su oponente, las cosas no hubieran ido tan mal. La gente incapaz tiene tendencia a utilizar la fuerza. Ese no es el caso de MVLl, que jamás se hubiera convertido en dictador. Fujimori fue un inesperado vencedor de las elecciones y pronto debieron de darse cuenta los peruanos de que se habían equivocado con él. No fue así, sino que además muchos de quienes le eligieron votan hoy a su hija o a Ollanta Humala. Quizá haya en algunos países de América Latina un sentimiento de inferioridad que les lleva a votar a candidatos totalmente inapropiados y perniciosos, como Hugo Chávez, Rafael Correa, o el propio Evo Morales, todos ellos con tendencia a aumentar su poder y la duración de sus mandatos.