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miércoles, 2 de septiembre de 2009

Los derroteros del idioma

En un interesante artículo, titulado precisamente ‘Los derroteros del idioma’, que ha publicado hoy el diario Levante-EMV, Emilio García Gómez, a raíz de un breve encuentro que tuvo con el presidente de la Real Academia Española de la Lengua, para hacer algunas consideraciones sobre la utilidad de ésta.
Lo cierto es que cuestionar las cosas es un sano ejercicio democrático, y en estos momentos en la RAE ya ni fija, ni limpia, ni da esplendor, y en el que personas ajenas al mundo de la lingüística pugnan por entrar (como si el hecho de ser académico constituyera un premio y no una responsabilidad) y muchos lo consiguen, el debate no está de más. Aparte de ello hay que tener en cuenta que es impotente para detener el mal uso del idioma en los medios, a los que Pancracio Celdrán Gomariz llama
cátedras bastardas del lenguaje.
Pero siguiendo el curso de estas reflexiones se llega a la realidad valenciana. En la Comunidad Valenciana no hay una academia, sino dos. La Real Academia de Cultura Valenciana, que está a punto de llegar a los cien años de existencia, pero que no goza de las simpatías de los políticos, que quienes hacen y deshacen, según su particular conveniencia, y la Academia Valenciana de la Lengua, invento de Zaplana, en cuya creación Camps y González Pons desempeñaron destacados papeles. Si se cuestiona la RAE, con mayor motivo habrá que hacerlo con la RACV y sobre todo con la impostada AVL. Porque los académicos de la RAE perciben un sueldo simbólico y además los ingresos de esta academia proceden de la empresa privada. Los académicos de la RACV tampoco tienen sueldo, por lo que esta entidad resulta poco onerosa para los ciudadanos. Por el contrario, los académicos de la AVL sí que cobran cuantiosos emolumentos.

martes, 14 de octubre de 2008

Una dimisión en Valencia

Lógicamente, no podía ser otra que Elena Negueroles, que es la única que mantiene una opinión propia. Ha dimitido del Consejo Valenciano de Cultura y vistos los motivos que aduce no estaría de más suprimir de una vez y por todas el citado CVC. Este consejo no fue capaz de decir que no cuando se cometió la ilegalidad con el Teatro Romano de Sagunto. En su dictamen fueron complacientes con el gobierno valenciano de entonces. También, salvo la citada Elena Negueroles, fueron complacientes con el gobierno valenciano actual tras la sentencia de los tribunales de justicia.
Ahora el Consejo se niega a discutir el maltrato a los animales, tan frecuente en las fiestas de los pueblos. Naturalmente que hay que prohibir todas esas fiestas, por tanto Elena tiene razón. Lo que ocurre es que al gobierno valenciano no le interesa y entonces el CVC recurre a subterfugios para cancelar las reuniones. Dada la crisis en la que estamos inmersos, resulta imprescindible reducir gastos. Junto con CVC debería ser suprimida también la Academia Valenciana de la Lengua, que nos sale por un pico. Hay quien dice que la que debe desaparecer es la
RACV, pero ocurre que ésta es mucho más antigua y cuesta infinitamente menos dinero al erario público.
Cabría suprimir también, ya puestos a ahorrar, el ministerio de Cultura, puesto que para tener ahí a Trini Miró, más vale no hacer el gasto. Otra cosa sería si esa consejería estuviera a cargo de Elena Negueroles, que no sigue los dictados de nadie. Supongo que debo aclarar que no la conozco y que probablemente discrepo de muchas de sus opiniones. Pero por encima de esas posibles discrepancias, que tampoco sé si existen, pues son pocas las cosas que sé de ella y esas pocas tienen que ver, principalmente, con sus actitudes en el CVC, creo que es justo admirar la independencia. Lo que no sabe hacer la gente inmadura, que sólo admite cobistas a su alrededor.

miércoles, 9 de enero de 2008

Los tribunales y la lengua valenciana

Dice un comunicante que al igual que hay que cumplir la sentencia que obliga a revertir el Teatro Romano de Sagunto, hay que hacerlo con la que dice que el valenciano y el catalán son idénticos. Quiero hacer notar, en principio, que pienso que cada idioma representa un modo de mirar la vida y que considero que hay que intentar conservarlos todos. Me gustaría, concretamente, que tanto el catalán como el valenciano lograran sobrevivir. Con respecto al origen de los idiomas, creo que esa es función de los lingüistas; el futuro es cuestión, en cambio, de los usuarios. Ése es el principio que inspira la creación de la AVL. Los usuarios del valenciano, por medio de sus representantes políticos, han elegido al ente encargado de poner las normas por las que se rige. En este sentido conviene recordar que la sentencia judicial se apoya en el dictamen de la AVL. Es una sentencia legítima, puesto que se apoya en organismo legal y con ello, al mismo tiempo, viene a reconocer que los dueños del idioma son sus usuarios. Y procede acercar la lupa a esta cuestión. Los académicos elegidos podrían haber sido otros y entonces el dictamen de la AVL también hubiera sido diferente. La cuestión, en definitiva, es que la AVL es un organismo que nunca debió ser creado y que, además, nos cuesta muy caro. El surgimiento de esta Academia es digno de ser contado. Gobernando el PSPV en la Comunidad Valenciana, hubo una manifestación en Valencia, en defensa de la lengua valenciana. Quizá la mayor que ha habido nunca, porque para la del agua vino gente de muy lejos. Fue cuando Zaplana dijo que si ganaba las elecciones asumiría para sí la defensa de la lengua. Y mintió, porque lo que hizo fue inventar esa AVL y dar la mayoría a los catalanistas. Como en el asunto intervino Camps, que entonces era consejero, así que el “prudente” Camps no dará un paso para derogarla, sino que lo que ha hecho, también indebidamente, es incluirla en el Estatuto. La AVL era innecesaria, porque previamente existían la RACV, valenciana por los cuatro costados y con casi un sigo de existencia, y el IEC. Optando por cualquiera de las dos, el ahorro hubiera sido considerable. Ocurre ahora que puesto que la AVL va imponiendo el catalán poco a poco, la gente va dejando de hablar valenciano. Los valencianos jamás aceptarán hablar catalán. Llegará un momento en que las normas de la AVL y las del IEC serán idénticas y entonces veremos qué razón de ser tiene la AVL, aunque quizá el detalle no sirva para que nos ahorremos los sueldos de los académicos. También ocurrirá que haya desaparecido casi por completo el valenciano, otro motivo para derogar la AVL. Quedará entonces un pequeño grupo alrededor de la RACV. Pero tal como están las cosas, y ojalá cambien, a largo plazo quizá tampoco sobreviva. Que el ente normativo no sea la RACV es una humillación.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Catalán, como insulto

Joan Ignasi Culla, ha publicado un artículo , en el diario Las Provincias, en donde, por cierto, han escrito Ignaci en lugar del Ignasi, que es como él prefiere, desmontando la mentira propagada con respecto a la catalanidad de los Borja. Las autoridades valencianas, tanto las del Consell como las del ayuntamiento, practican la vieja táctica de dar palabras a unos y hechos a otros, y con ello creen que contentan a todos. La realidad es que lo que demuestran es muy escasa fe en el idioma valenciano, el que dicen defender con una hipocresía realmente grande. Lo que hacen es asestar unas puñaladas tremendas a la dulce lengua valenciana, que incluso puede desaparecer. Cuando muere un idioma muere un modo de mirar el mundo. Esperemos que con esfuerzo y sacrificio la RACV logre salvarlo. Joan Ignasi Culla es un esforzado investigador de todo lo que concierne al valenciano y sabe, como explica en citado artículo, que al igual que en América del Sur se conoce a todos los españoles como gallegos, en la Italia de aquellos tiempos se aplicaba, a todos los procedentes de la Corona de Aragón, el de catalanes. La diferencia estriba en que los latinoamericanos utilizan el término “gallego” con ánimo burlón, los italianos decían “catalán” con odio. Un insulto total. Pero los catalanistas son muy pillos y olvidan esta cuestión, para concluir en que todo es catalán. Los Borjas eran catalanes y hablaban catalán, Sorolla, que no pintó a los Borjas, también es catalán, y al final resulta que la “Grandeur de la France” se queda pequeñita al lado de la que pretenden estos catalanistas con su sueño de esos Países Catalanes, tan quiméricos como impertinentes. Ellos pueden defender a su Catalunya, e incluso a los Países Catalanes, componiendo el semblante serio, o grave, y concienzudo, y menospreciar y llamar fascistas a los valencianos que sencillamente digan no a toda esa serie de disparates.

martes, 13 de noviembre de 2007

¿Somos democráticos los españoles?

De lo que no cabe duda es que llevamos mucho tiempo deseando serlo, pero nos ha costado bastante darnos cuenta de que para lograr serlo hay que hacer algún tipo de esfuerzo. Por fin España se ha convertido en una nación democrática, probablemente de un modo irreversible. Sin embargo, eso no significa que los españoles seamos demócratas; al menos, no totalmente. El largo pasado autoritario español pervive en nuestro interior y asoma continuamente en la vida cotidiana, impidiendo que se pueda vivir de modo completamente democrático. Por ejemplo, Rafael Romero Villafranca, da cuenta en este artículo de la existencia de un organismo que debería llamarse Comisión de Censura del Valenciano y Promoción del Catalán. Un valenciano que ama a su lengua, como pudiera ser yo, acepta que haya otros cuya opinión sea diferente y que defiendan esta opinión suya, siempre que lo hagan de modo educado y democrático. Lo que está por ver es que los catalanistas nos respeten a quienes defendemos el valenciano. Las burlas, los menosprecios y los insultos, son las reacciones más frecuentes de los catalanistas hacia los amantes del valenciano. Los catalanistas mienten y tergiversan todo lo que haga falta, como viene demostrando Joan Ignasi Culla, con tal de salirse con la suya. Un valenciano que ama a su lengua siente estupor al ver que el gobierno valenciano elegido democráticamente y que ha prometido defender la lengua valenciana, margina por completo a la casi centenaria RACV, e instaura la fenicia AVL, con la insólita finalidad de que nos ordene a los valenciano hablantes, a los dueños de la lengua, cómo hemos de hablar y qué palabras hemos de emplear. Eso no se atreve a hacerlo la RAE, claro que sus académicos cobran muchísimo menos. Prueba de la felonía es que se logró convencer, no sin esfuerzo, al insigne Xavier Casp para que presidiera esta nefasta academia. Cuando éste se dio cuenta de la engañifa, en un grandioso gesto que no ha encontrado imitadores, dimitió irrevocablemente. El brillo de las piedras preciosas reluce más cuando están rodeadas de pedruscos ordinarios. Los políticos valencianos podrían haber sido más decentes y si desean promocionar el idioma catalán en la Comunidad Valenciana, deberían haber optado por seguir las normas del IEC, respetando de este modo los impuestos de los valencianos, que deberían dedicarse a una causa más noble que pagar los sueldos de unos académicos que no son, en absoluto, necesarios. Ya he repetido muchas veces que el español que se habla en el mundo se rige por unas normas iguales para todos es porque en cada uno de los países en los que habla se ha tomado esa decisión. Si los guatemaltecos, pongamos por caso, hubieran decidido que el idioma tomara otra deriva en su país, llegaría un momento en que no se parecería en nada al español. A los americanos, por motivos obvios, les conviene hablar un único idioma. El valenciano, sea cual sea su origen, ha de tomar el rumbo que queramos los valencianos.

martes, 11 de septiembre de 2007

La paellera

Quien ose poner una paellera al fuego es probable es que reciba una bofetada que le quite cualquier intención de repetir. Y es que una paellera es algo que no existe, pero forzando la imaginación podría ser, como mucho, la señora que guisa la paella. Tampoco existe la palabra paellero. El diccionario de la RACV está a disposición de quien lo quiera comprobar. Se viene utilizando, a falta de una mejor, para designar tanto el lugar hecho ex profeso para guisar paellas, como al señor que la cocina. Y es que la prudencia más elemental invita a no sacar conclusiones a partir de algo que se desconoce. Pero la gente osada desconoce la virtud de la prudencia y si a la osadía se le unen la pereza y el mal gusto, ya tenemos la paellera en danza. En danza y en el DRAE. Todo empieza al pensar que si lo que se está comiendo es paella, la lógica dice que el recipiente en el que se ha guisado no puede sino llamarse paellera. El error consiste en que el plato conocido como paella, en realidad, no tiene nombre. Paella es el vocablo valenciano que designa a la sartén. Ello significa que el equivalente de paellera en castellano es sartenera. Acaso, en tiempos pasados el universal plato valenciano se llamó “arròs en paella” (arroz en sartén) y de ahí pasara a ser conocido simplemente como paella. La cosa funcionó bien, sin equívocos lingüísticos ni culinarios, mientras el plato fue principalmente cosa de valencianos. En la Comunidad Valenciana no es infrecuente que se pida, aunque se esté hablando en castellano, la paella para freír un huevo, unos salmonetes o lo que se tercie. Cuando el plato ha cobrado fama y se ha expandido por el mundo ya no sólo se llama paellera a la paella, sino que se echa tocino, vaca o habas al arroz. Luego, llega un turista a Valencia, le sirven una paella auténtica, de las que harían morirse de gusto a la Narbona o la Salgado, y se queja de que le han timado porque no le han puesto percebes. ¿Y de qué nos hemos de quejar los valencianos?

miércoles, 25 de abril de 2007

El mal de Almansa, hoy

Dicen que el mal viene de Almansa. ¿Y cuál es el mal de los valencianos de hoy? Probablemente, muchos. Veamos el más relación tiene con ese que viene de Almansa. Tenemos unos políticos que se dicen demócratas. Su modo de entender la democracia consiste en decirles a sus votantes lo que tienen que desear y lo que deben pensar. Los ciudadanos por su parte ven que si sus simpatías se decantan hacia el PSOE, este partido tiene algunas líneas de actuación, precisamente las que tienen que ver con las señas de identidad y los símbolos valencianos, que no gustan a muchos; y entre quienes prefieren al PP, viene a ocurrir algo muy similar. La prueba de que las cosas son así viene, en primer lugar, del éxito que llegó a tener Unión Valenciana cuando un personaje intuitivo como Vicente González Lizondo se hizo cargo de ella. Alcanzó muchos votos y también las simpatías de votantes de los otros dos partidos, que si no le daban el voto, por lo menos se alegraban por su éxito. Lo ocurrido con este partido hace pensar que V.G.L. no supo analizar aquello que intuitivamente hacía bien, puesto que no logró el acompañamiento más adecuado. No fue Zaplana quien acabó con U.V., sino que fueron sus propios militantes quienes lo hicieron, puesto que sin saber donde estaban y porqué estaban ahí, quisieron tomar otro rumbo. Ese sentir valenciano, al que unos políticos tratan de contrariar y otros de engañar, ha propiciado también la salida del diario Valéncia hui. El mal de Almansa actual lo constituye la AVL. Si no fuera por ese sentir que bulle por aquí y que Puche, buen conocedor de todo lo que concierne a Valencia, explicó no hace mucho diciendo que los valencianos no somos nacionalistas pero somos muy valencianos, nuestra clase política hubiera optado entre el IEC y la RACV. La función de la AVL, probablemente la Academia más cara del mundo con mucha diferencia, según el PSPV, consiste en hacer confluir el valenciano y el catalán. Para eso ya estaba y gratuitamente, el IEC. Según el PP, revitalizar el valenciano, cometido que lleva desempeñando desde hace casi cien años la RACV. El mal de hoy, que interesa mucho más que el de ayer, mediatiza toda la política valenciana y distrae recursos y energías que son necesarios en otros asuntos. Este mal se curará cuando los políticos descubran que su misión consiste en obedecer a los ciudadanos y no tomarlos por un rebaño de borregos al que pueden engatusar y guiar.

domingo, 28 de enero de 2007

Voto en blanco en la C. Valenciana

He sido abordado esta mañana en un espacio público valenciano por un grupo de propagandistas del partido de Juan García Sentandreu, Coalició Valenciana. No hacía falta más que citar la lengua valenciana para pegar la hebra y enseguida hemos comenzado a hablar en valenciano y ha surgido de inmediato el invento de Zaplana, la AVL, que tanto gusta a sus sucesores que la han incluido en un nuevo Estatuto que no reclamaba nadie. Zaplana y Camps andan a la greña, pero en lo que ambos coinciden y en este caso incluso con Pla, es en la utilidad de la muy generosamente pagada, y no por ellos sino por nosotros, los votantes, academia para introducir el catalán de forma solapada en esta tierra en la que abiertamente no puede entrar. Zaplana incluso convenció a Xavier Casp, para que presidiera la AVL. A saber lo que le diría. Éste, al convencerse de forma fehaciente que había sido engañado, renunció a su cargo y con ello al grandísimo sueldo que llevaba aparejado, cosa que no han hecho los demás supuestos defensores de la lengua valenciana. Nuestros gobernantes han tenido el descaro de ordenar que todos aquellos que no usen las normas de la AVL no percibirán ninguna subvención. De este modo, la AVL, institución de los políticos, asfixia económicamente a la casi centenaria RACV, querida por los valencianos.
Les he dicho a mis interlocutores que va a ser cosa de pedir públicamente el voto en blanco en las próximas elecciones, como modo de castigar a los políticos, por su empeño en engañar a los ciudadanos. Una de mis interlocutoras, llamada Milagros, que parece una bellísima y simpatiquísima persona, ha protestado. Quiere que pida el voto para Coalición Valenciana. Pero yo puedo pedir el voto para ningún partido, puesto que no pertenezco a ninguno. Sí puedo pedir el voto en blanco, puesto que la clase política valenciana merece recibir esa bofetada. Ojalá el número de votos en blanco fuera tan grande que los receptores del castigo no olvidaran jamás la lección.

La valenciana RACV, la fenicia AVL

Esteban González Pons

`Doña Jimena

domingo, 17 de diciembre de 2006

La valenciana RACV

Me entera Baltasar Bueno, con su columna de Valéncia hui, de que la RACV lleva dos años sin cobrar las subvenciones prometidas por la Generalidad y la Diputación de Valencia. Luego, Camps y sus subordinados, presumen de valencianos y nos alertan del catalanismo de sus rivales políticos. Pueden probar a estar dos años sin pagar a su queridísima AVL y verán lo que ocurre. Por cierto que algún personaje valenciano, demostrando muy escasas convicciones democráticas, ha decidido reírse del acento que lleva la cabecera de Valéncia hui. Olvidan con mucha facilidad algunos que sin sus usuarios los idiomas no pueden sobrevivir, por tanto los usuarios son sus dueños y ellos quienes han de decidir la dirección que han de tomar éstos. A mí también me dan risa esos cuyo único argumento consiste en menospreciar a quienes no comulgan con ruedas de molino.
Podrían los "valencianos" Camps y Font de Mora, con la aquiescencia de Pla, no es necesario preguntar a Gloria Marcos o Eliseu Climent (gozoso estos días porque ha recibido la visita de J. Pujol), hacer una encuesta entre la población valenciana, o mejor un refrendo popular, dando a elegir a la ciudadanía entre la RACV y la AVL, para dilucidar cuál es la más querida de las dos. No lo harán, porque saldría elegida la primera y ello obligaría moralmente a dimitir a todos los que han participado en la creación y mantenimiento de la catalanista y fenicia AVL y a disolver ésta. Si en algún momento piensan que va a ganar ésta, harán la encuesta de inmediato.