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lunes, 15 de julio de 2013

Rubalcaba rompe con Rajoy

Cual si de una pura y virginal doncella se tratara que, además, tampoco ha comido nunca carne de faisán, Rubalcaba ha exigido la dimisión de Rajoy.
El problema consiste en que el cartel del líder socialista entre el electorado tampoco es muy bueno. Algún día se ha de cansar la gente de ir de Herodes a Pilatos. Si Zapaterto, en cuyo gobierno estuvo Rubalcaba, pudo llevar a cabo aquel desastre de proporciones mayúsculas fue, en gran medida, porque no tuvo oposición. De tenerla, ni siquiera hubiera podido acabar la primera legislatura. Y si Rajoy ha podido proseguir con la devastación, es porque tampoco tiene a nadie enfrente. A nadie que logue concitar las esperanzas de la mayoría.
Podría ser Rosa Díez, pero tiene enfrente a poderosos sectores empeñados en que no lo logre. Tanto Zapatero como Rajoy la tratan con más dureza que a los proetarras. Lo que no puede reprocharle nadie a UPyD, y esta es una gran puerta abierta a la esperanza, es que este partido es el único que mantiene una actitud decente ante Eta.
El PSOE ha roto relaciones con Rajoy, pero esta es una maniobra de Rubalcaba en provecho propio y no de los ciudadanos. Con ella trata de conjurar sus problemas de liderazgo en el partido. Lo malo para los contribuyentes es que quienes se vislumbran como candidatos a sucederle aun presentan peor cariz.
Más lógica es la propuesta de UPyD de presentar una moción de censura, renunciando a la presencia de sus miembros como candidatos, con el fin de obligar a Rajoy a comparecer. Eso sería bueno para los españoles, pero no encontrará la generosidad de los demás partidos, quizá porque no existe. Todo es cálculo electoral.
En realidad, se ha llegado al final del ciclo, y no interesa a la mayoría de los partidos reconocerlo. Instituir la separación de poderes puede dar pie a que muchos políticos acaben con sus huesos en la cárcel.


 


miércoles, 6 de junio de 2007

Fin de ciclo

El anuncio de ETA pone fin a un ciclo. Hacer de la lucha antiterrorista un arma electoral tiene estas cosas. Lógicamente, el fin de ETA coincidirá con algún partido en el poder, pero eso no significa que sea ese partido el que ha derrotado a la banda. La habrá derrotado la sociedad entera, con su sistema democrático, pese a los partidos. La habrá derrotado la confianza en las instituciones, la fe en la justicia. Y no lo habrá hecho antes dado el interés de los partidos por aprovechar en su beneficio la lucha contra la banda.
Pero no ha terminado sólo el ciclo del PSOE de Zapatero, sino también el de toda la política española. Las listas cerradas tuvieron motivo de ser en su tiempo, pero a estas alturas ya resultan anacrónicas y con su empeño en mantenerlas los partidos vienen a demostrar una vez más que piensan mucho en sus intereses y muy poco en el de los ciudadanos. La cuestión autonómica, dada la diversidad de España, parece bien ideada y mal desarrollada. Algunas competencias, como la de la sanidad o la del agua, jamás debieron ser transferidas. Si en algún momento alguna de las Comunidades Autónomas decidiera separarse de España, habría que cederle todas las competencias, pero mientras no ocurra así, hay pensar en el modo más racional de gestionar los recursos. Por lo que se lleva visto, en el caso de la Sanidad es imposible hacer un reparto justo de los fondos y en el del agua, asistimos al contrasentido de lo que viene llamándose “blindaje” de los ríos. Y a los recursos ante los tribunales en marcha. Habría que inventar el modo de convivir de modo civilizado, defendiendo sus intereses, sin dejar traslucir sus egoísmos de modo tan descarnado como en la actualidad. Habitantes de comunidades limítrofes que hasta hace poco se habían llevado bien, comienzan a odiarse. Habría de buscar el modo en que todos pudieran buscar el beneficio común. Conviene hacer los cambios necesarios para devolver la ilusión a las gentes.