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lunes, 19 de marzo de 2018

Manifestación en Barcelona contra la sensatez

Me refiero a la manifestación a favor de la imposición del catalán, porque los convocantes y quienes se manifestaron saben perfectamente que si se pudiera elegir libremente la lengua la mayoría de los padres catalanes optaría por el español.
No se atreven a permitir la libertad de elección y se parapetan tras la palabra democracia para imponer a las bravas su capricho.
Lo necesitan para seguir alentando su sueño imperialista, esa fantasmagoría que tan felices les hace, todo ese castillo de naipes mentirosos, además, que gira en torno a esa lengua que Miguel Batllori catalogaba como un dialecto infame e infecto, que hasta el siglo XIX no tuvo ninguna obra literaria en su haber, y que hasta el siglo XX no tomó su forma actual.
Quieren equipararla a la española, para lo cual se valen, con todo el desparpajo del que son capaces, de la rapiña, la tergiversación y la burda trampa.
Hacen trampas en cada cosa que acometen, quieren imponer y lo hacen, en la nombre de la democracia y hurtan derechos a los ciudadanos para otorgárselos a las lenguas, pero sólo teóricamente, porque las lenguas, al igual que los automóviles o los sombreros, no pueden tener ningún derecho; sencillamente, les quitan derechos a los ciudadanos, para obligarles a hacer lo que ellos quieren.
De todo lo anterior se deduce, a poco que uno se pare a pensarlo, que lo único que les interesa y realmente pretenden es tener dominado al personal en beneficio propio.
Afortunadamente, muchos catalanes empiezan a despertar y en el mismo día se llevó a cabo otra manifestación en Barcelona, ésta en favor del cumplimiento de la ley y en contra de los secesionistas, a favor de la verdad y en contra de la mentira, a favor de la auténtica democracia y en contra del abuso y del odio.

lunes, 20 de agosto de 2007

Consecuencias del terremoto

Las grandes catástrofes suelen cebarse en los más desprotegidos, que vienen a ser los más humildes. Esto es sabido y ya se cuenta con que corren ese riesgo y otros similares, como que están más expuestos a todo tipo de enfermedades y pandemias. Pero aparte de eso, sirven para poner de manifiesto una y otra vez el lado malo de la estirpe humana. Cada vez que surge una situación extrema, aparecen los instintos homicidas, la rapiña y el saqueo. Se habla del Holocausto y de los nazis, como si fueran cosas pasadas. La realidad nos viene a demostrar que las características que dieron lugar a esas atrocidades están latentes en buena parte de la humanidad. Y en los individuos en los que no ocurre así es porque ellos se han esforzado para arrancarlas de sí. El odio, el menosprecio por el prójimo, la codicia, el deseo de venganza, inficionan los corazones de muchas personas. Ahora, en el lugar de la catástrofe se suceden los actos de rapiña, como indefectiblemente viene ocurriendo en todo aquél lugar en el que la naturaleza ha hecho de las suyas. Eso tiene como consecuencia que los gobiernos de los lugares afectados no pueden dedicar todos sus esfuerzos a socorrer a quienes precisan de ayuda, sino que han de dedicar gran parte de la atención a evitar el vandalismo. Tampoco sería de extrañar, puesto que ha ocurrido en otros lugares del mundo entero, que algunos de los administradores gubernamentales, encargados de recibir y distribuir la ayuda internacional, hagan negocios particulares con ella, o se la queden para sí directamente. También puede ocurrir algunos funcionarios de los países de los que sale la ayuda, se queden con parte de ella y esto tampoco sería nuevo. En este estado de cosas, no parece descabellado pedir que la ONU tenga preparada permanentemente ayuda militar para acudir en ayuda de los países que sufran estas desgracias. También se deberían establecer canales absolutamente seguros y vigilados, para repartir las ayudas.