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jueves, 16 de agosto de 2018

Españolistas

Este término no debería ser usado más que por los degenerados que disfrutan haciendo el mal. No en vano, entre sus simpatizantes hay individuos condenados por pertenencia a ETA.
En su afán por aparentar que el partido va empatado, los catalanistas, que ni son todos los catalanes ni muchos de ellos ni siquiera son catalanes, han inventado el término españolistas. No debería usarlo nadie más que ellos, no se les debería hacer esa concesión.
Saben que no tienen ninguna posibilidad, ni siquiera con Pedro Sánchez en la presidencia del gobierno, porque lo que pretenden no es justo y tampoco lo quieren muchos catalanes, porque saben lo que saldrían perdiendo si se diera el caso.
El mundo se divide en dos: los ciudadanos que cumplen con sus obligaciones cívicas y los gamberros que quieren subvertir el orden constitucional. Nada de unionistas y separatistas, ni españolistas y catalanistas, eso es caer en la trampa de los desalmados. No es una exageración llamarles así. Uno de ellos, Toni Albá, publicó el siguiente tuit: «Hi ha bambolles de sabó. Hi ha bambolles de gas. Hi ha bambolles d’oxigen. Hi ha bambolla inmobiliària… I després hi ha la bambolleta ballarina: és com aquella llufa a la banyera que balla dins l’aigua escampant tuf putrefacte després d’una mala digestió pseudo-socialista.».
No sé lo que significa todo eso, porque no entiendo ese dialecto, que, por otra parte, se nos quiere imponer a los valencianos, pero debe de ser muy grave a la vista de las reacciones que ha suscitado.
Todos los catalufos, que no los catalanes, son, aproximadamente, de ese nivel, tienen ese deseo de insultar y ofender a los que sencillamente se dedican a pagar sus impuestos y desear que éstos se utilicen para el bien común y no se despilfarren financiando actividades subversivas, secesionistas, ofensivas, o en televisiones regionales cuya degradación moral ya ha llegado al máximo.

jueves, 9 de agosto de 2018

Estos socialistas están locos, ahora Baleares

Podría decirse que la aspiración más común entre los socialistas es la de transformar la sociedad; pero no sólo de los socialistas, también de otros tontos.
Esta pretensión delata a quienes la tienen en el sentido de que se creen mejores, ellos sabrán en qué se fijan para pensar eso; también es la prueba de que son irresponsables, porque cuando se cambia algo el resultado final no siempre es mejor que lo que había; muchas veces se empeora, otra cuestión es que quienes han perpetrado el cambio se den cuenta de ello.
Puesto que se creen mejores que los demás, pretenden decirles qué lengua deben hablar. Como tienen cogidos los funcionarios por la nómina, se ensañan con ellos, incapaces de comprender que eso es un abuso, una vileza como la copa de un pino.
Teóricamente, los políticos socialistas, igual que los de los demás partidos, deberían preocuparse por atender a los ciudadanos, por mejorar sus condiciones de vida. En cambio, lo que hacen es complicarles la vida empujándoles a hablar un dialecto -el catalán, que según el padre Batllori es infame e infecto- que no es de su interés.
Una lengua viene a ser como un abrigo, un automóvil, o una olla a presión para los ciudadanos, un instrumento que le sirva para su vida cotidiana. Nadie entendería que el gobierno de cualquier parte obligara a comprar una determinada marca.
Cuando alguien intenta imponer una lengua a los ciudadanos no queda más remedio que atribuirle mala intención. Los manipuladores nunca pueden tener buenos propósitos. Si los gobernantes fueran personas santas dejarían que los ciudadanos, funcionarios o no, se entendieran en la lengua que fuera posible, que alguna habría, y comprenderían que lo que interesa a los baleares, con vistas a sus negocios o profesiones, no es exactamente el dialecto catalán, con el que apenas se pueden entender con cuatro gatos. 

lunes, 19 de marzo de 2018

Manifestación en Barcelona contra la sensatez

Me refiero a la manifestación a favor de la imposición del catalán, porque los convocantes y quienes se manifestaron saben perfectamente que si se pudiera elegir libremente la lengua la mayoría de los padres catalanes optaría por el español.
No se atreven a permitir la libertad de elección y se parapetan tras la palabra democracia para imponer a las bravas su capricho.
Lo necesitan para seguir alentando su sueño imperialista, esa fantasmagoría que tan felices les hace, todo ese castillo de naipes mentirosos, además, que gira en torno a esa lengua que Miguel Batllori catalogaba como un dialecto infame e infecto, que hasta el siglo XIX no tuvo ninguna obra literaria en su haber, y que hasta el siglo XX no tomó su forma actual.
Quieren equipararla a la española, para lo cual se valen, con todo el desparpajo del que son capaces, de la rapiña, la tergiversación y la burda trampa.
Hacen trampas en cada cosa que acometen, quieren imponer y lo hacen, en la nombre de la democracia y hurtan derechos a los ciudadanos para otorgárselos a las lenguas, pero sólo teóricamente, porque las lenguas, al igual que los automóviles o los sombreros, no pueden tener ningún derecho; sencillamente, les quitan derechos a los ciudadanos, para obligarles a hacer lo que ellos quieren.
De todo lo anterior se deduce, a poco que uno se pare a pensarlo, que lo único que les interesa y realmente pretenden es tener dominado al personal en beneficio propio.
Afortunadamente, muchos catalanes empiezan a despertar y en el mismo día se llevó a cabo otra manifestación en Barcelona, ésta en favor del cumplimiento de la ley y en contra de los secesionistas, a favor de la verdad y en contra de la mentira, a favor de la auténtica democracia y en contra del abuso y del odio.

sábado, 20 de enero de 2018

¿Camps? No, gracias

Con respecto a Camps, hay que respetar, como en todos los demás casos, la presunción de inocencia. Eso, en primer lugar. En segundo, que quizá las acusaciones vertidas contra él no se puedan probar. Y en tercero, que en caso de que se prueben es posible que el delito haya prescrito.
Cabe añadir también que, independientemente de que haya delinquido o no, empobreció, con sus derroches megalómanos, al Reino de Valencia, pero este empobrecimiento es pasajero. En cambio, los nacionalistas catalanes han empobrecido a Cataluña para siempre. Otra diferencia sustancial es que mientras las víctimas de los nacionalistas catalanes siguen votando a quienes les han hecho tanto daño, los valencianos huyendo del fuego han caído en las brasas, votando a esos que no pueden traer más que la ruina para siempre.
Por culpa de los desvaríos de Camps, sobre cuya estabilidad emocional tengo serias dudas, el Reino de Valencia está en manos de los impresentables catalanistas, cuya salud mental tampoco parece buena, toda vez que en pleno siglo XXI pretenden implantar en el Reino de Valencia un dialecto que un tal Pompeyo Fabra, químico, retocó y amplió apenas un siglo antes, y se les nota el deseo de que sustituya por completo a la lengua española.
Camps tenía unas manías y unos aires de grandeza que no se correspondían con su mente limitada y estos de ahora tienen otras manías, y no sólo la del dialecto, que también llevan al convencimiento de que sus mentes son igual de limitadas o más.
En las primeras elecciones democráticas quedó claro que en el Reino de Valencia priman las izquierdas, pero unas pocas elecciones después el personal se cansó, porque una cosa es ser de izquierdas y otra ser catalanista. El problema se produjo cuando la derecha puso a un presidente tonto, que es Camps, por culpa del cual volvió la izquierda, sin que todavía se haya desprendido del catalanismo.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Colau, la hipnotizadora

Pero sólo hipnotiza a los que quieren ser hipnotizados, a los que ya llegan con la capacidad cerebral mermada, porque nada de lo que dice resiste el menor análisis.
Es una alcaldesa casi tan mala como Ribó, su homólogo de Valencia, de quien creo que no hay constancia que sepa hablar en español y en cambio ella ha sido criticada por usar la universal lengua de Cervantes y no el dialecto catalán https://www.change.org/p/alcalde-de-valencia-al-alcalde.
Colau asume el papel de equidistante y no cuesta mucho darse cuenta de quien actúa de ese modo en realidad está de parte de quien no tiene razón y con su actitud da a entender que si quien la tiene le exige que se pronuncie lo hará en el sentido indicado.
Su intención es la misma que la de los podemitas, es decir, alcanzar el poder y sabe que su caladero de votos está en aquellos en los ha prendido el odio y es a esa gente a la que se dirige, a la que acaricia en su resentimiento, a la que adula.
La democracia, que es el menos malo de los sistemas políticos, tiene sus zonas vulnerables por las que se cuelan todos los antidemócratas, para aprovecharse o destruirla.
Algún día habrá que abrir los ojos y comprender que el nacionalismo es incompatible con la democracia y que el populismo es una tomadura de pelo a gran escala.
Habrá que exigir que los aspirantes a políticos pasen un examen de cultura general y de conocimiento de la Constitución y que redacten un escrito en el que expliquen su concepto de la democracia.
Si la alcaldesa de Barcelona hubiera hecho su redacción sobre la democracia en los términos que viene utilizando para hablar de ella habría sido suspendida y no habría podido acceder al cargo. Y si lo hubiera hecho en términos correctos no podría estar diciendo las barbaridades que salen de su boca.