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viernes, 2 de marzo de 2018

Nadie puede legitimar a Puigdemont

A los separatistas les gusta jugar a hacer castillos de naipes. Se sirven de conceptos que desconocen. Lo suyo es la grandilocuencia expresada con seriedad asnal.
La única persona que puede legitimar a Puigdemont es el mismo, pero para eso ha de ponerse en manos de la justicia, cosa que él, como corresponde a su condición de pájaro de cuenta, no está dispuesto a hacer. Sólo él se puede legitimar, porque se deslegitimó al actuar en contra del Estatuto y la Constitución que había jurado. Una vez que él ha incumplido sus obligaciones nadie más tiene nada que decir en el asunto, sólo él tiene la potestad de recuperar el honor perdido.
Pero es que los separatistas no se conforman con una burrada, las tienen que encadenar, para así hundir de una vez por todas y para siempre, el buen nombre de Cataluña. Mientras unos pretenden hacer presidente a Sánchez, que está preso, acusado de delitos muy graves y sobre el que puede recaer una pena de muchos años de cárcel, otros dicen que el presidente ‘legítimo’ sería Junqueras, sobre el que concurren idénticas circunstancias.
Poco les importan Cataluña y los catalanes a estas personas. Han sembrado mucho odio y ha germinado en muchas personas, incluso de fuera de esa región. Dado su proceder tramposo, tratan de negar el hecho de que se han dado de bruces con esa pared que es el Estado, y hay que ser burro para chocar con ella, e intentan personalizarlo todo en el PP y en el Rey, puesto que el PSOE ha dejado de ser socialista, para convertirse en nacionalista. El PP no necesita mentir, como es el caso de los nacionalistas, aunque muchos de los componentes del PP hayan mentido, con lo cual han perjudicado a su formación y a España. El Rey, y ahí les duele a los nacionalistas, está a la altura de las circunstancias.

martes, 30 de octubre de 2012

Los pisos de la banca

Todo el mundo sabe que la función de la banca no es hacer obras de caridad. Quienes mejor saben esto son los propios banqueros y sus secuaces.
De modo que cuando el negocio era el ladrillo y concedían préstamos hipotecarios a sabiendas de que quienes se estaban hipotecando, en numerosas ocasiones, incurrían en graves riesgos sin ser conscientes de ello, no se sentían especialmente inquietos. Su función era la de asegurarse que los préstamos que concedían estuviesen debidamente garantizados, así que si los bienes del prestatario no ofrecían suficiente seguridad, exigían garantías adicionales, como la firma de los padres, por ejemplo.
Los bancos, ante esta coyuntura, disponían de departamentos jurídicos, departamentos financieros, departamentos de riesgos y algún otro departamento estaría también en liza, por lo que tenían motivos para saber en cada momento lo que estaban haciendo. Sus clientes,por su parte, disponían de ilusión y, muchas veces, de ignorancia.
Con posterioridad se ha visto que los bancos, además de las ventajas citadas anteriormente, disponen de una legislación muy favorable a sus intereses, puesto que pueden quedarse con los pisos en la subasta y, sobre todo, el estado de la cuestión: no se puede dejar caer a los bancos, por lo que hay que ayudarlos a sobrevivir.
La realidad es que los ilusos perdieron el piso, perdieron la ilusión y a menudo también las ganas de vivir, puesto que algunos se suicidan o intentan suicidarse.
Quienes tenían a su disposición tantos departamentos especializados también se equivocaron y ahora sus bancos tienen tal cantidad de pisos que es imposible que consigan, por sí mismos, desprenderse de ellos en muchos años. Ah, pero no han perdido la alegría de vivir. Siguen paseando por las calles con su seriedad asnal y percibiendo sustanciosos sueldos todos los meses.
Nadie se ha puesto a buscar entre el entramado legal español la ley que permita encarcelar a unos cuantos, pero por burros y nada más que por burros. Se merecen ese escarnio.