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domingo, 25 de marzo de 2018

Elsa Artadi, digna sucesora de Puigdemont

Esta señora viene demostrando que es tan beocia como su mentor, cuya mayor habilidad es urdir engaños y hacer pillerías, como si la vida fuera un juego, como si causar tantos perjuicios tuviera que salirle gratis.
Inés Arrimadas hizo una petición un tanto fuera de lugar, rogó que los secesionistas la saludaran, y digo que está fuera de lugar porque a mí particularmente no me gustaría que me saludaran esos. Unas personas que han causado o ayudado a causar tantos perjuicios a los ciudadanos y no sólo a los de ahora, sino que el daño causado alcanzará a las generaciones futuras no me gustaría que me saludaran, porque con ello me obligarían a devolverles el saludo.
El caso es que la sugerencia de la portavoz, portavoza diría alguna cenutria, de Ciudadanos dio pie al roznido de Elsa Artadi "Cuando envías a personas a la cárcel y lo importante es saludarse porque es de buena educación. Ahora mismo en el Parlament…".
Que esta mujer esté cobrando un sueldo público es un insulto a los contribuyentes. Forma parte del Estado, que es quien le paga, y por tanto debería saber que quien manda a alguien a la cárcel es un juez y no puede hacerlo de forma caprichosa, sino que tiene que tiene que justificar su acción explicando cuales son las leyes que a su entender ha violado el presunto delincuente, que tampoco está indefenso, puesto que necesariamente ha de contar con asistencia letrada.
Quienes actúan de manera caprichosa no son los representantes de la ley, cuyas actuaciones se rigen por unas normas y procedimientos que cumplen escrupulosamente, sino precisamente quienes violan esas normas y procedimientos, que están obligados a conocer, y a las que cobrando su nómina todos los meses se someten. Parece ser que Elsa Artadi se lleva un buen pellizco cada mes, o sea, que es tonta para unas cosas y no para otras.

lunes, 1 de abril de 2013

Un empresario violento

No me puedo referir a un empresario concreto, a ese que de vez en cuando excreta una homilía, por ejemplo, puesto que no dispongo de la suficiente y contrastada información. No sé, por tanto, si le queda bien el traje que confeccioné hace algunas semanas.
Se puede suponer, no obstante y sin margen de error, que en España hay unos cuantos empresarios que ejercen la violencia contra sus trabajadores. Violencia moral, obviamente. Cada vez lo tienen más fácil en este terreno. El hecho de que desde hace años se describa esta lacra y se diga y se demuestre que quienes la llevan a cabo denigran al género humano no ha hecho que disminuya, sino en todo caso que quienes la practican sofistiquen sus métodos y quienes la sufren no se atrevan a denunciarla.
El único modo de erradicarla consiste en convertir a España en una democracia, con separación de poderes. Si la Justicia fuera independiente, los oligarcas no podrían campar a sus anchas y reírse de quienes les venga en gana. Podrían tener bajo nómina a algunos jueces corruptos, pero no a todos.
Cuando los trabajadores españoles se sientan capaces de vencer a un oligarca en los tribunales, porque se instale en la opinión pública, como bastante real, la idea de que todos somos iguales ante la ley, dejarán de considerarse súbditos, o esclavos, y se convencerán de que pueden ser señores, si ponen empeño en comportarse como tales, porque es obvio que muchos prefieren ser esclavos.
Cuando los trabajadores tengan la posibilidad de considerarse señores es cuando el temor comenzará a desaparecer en los centros de trabajo.
El problema en este caso sería otro. Si la Justicia fuera independiente, el pánico se trasladaría a la clase política. Quizá sea por ello, o sin quizá, que los políticos españoles, en su mayoría, no tienen ninguna prisa en otorgarnos la democracia. Tampoco los ex presidentes se han manifestado en este sentido.