Mostrando entradas con la etiqueta premios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta premios. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de octubre de 2009

Ana María Matute y el Nobel

No pretendo adivinar quién va a ganar el Nobel y, por otra parte, tampoco creo que los premios literarios aporten mucho a la literatura; como mucho, serán buenos para las editoriales y para los autores. Pero lo cierto es que el premio existe y que el fallo se sabrá hoy. Yo quisiera que lo ganara Ana María Matute. No por española, sino por ese empeño suyo en hacer soñar, en recordar lo importante que es la infancia.
Darle el Nobel a ella sería como premiar a los niños, que tienen la potestad de centrarse por completo en sus juegos sin más preocupaciones que el engorro del tiempo, que como dice un personaje de Aranmanoth “es un invento de los manipuladores, porque no quieren que seamos felices”. La existencia resulta muy dura por cuanto una vez terminada la infancia, el paraíso de la inocencia en el que la felicidad es posible, entran en juego otras variantes humanas y el ser humano se llena de necesidades que no le aportan nada, en realidad le apartan del paraíso, y para conseguirlas recurre a lo que haga falta. Esto marca el definitivo fin de la inocencia y el comienzo de una época que duele a las personas sensibles, como Ana María Matute.
No dejar atrás del todo la infancia es la receta que la genial escritora propone para que este mundo no se vaya definitivamente a freír espárragos. Tener presente la época infantil, con los sueños y los ideales de entonces, observar los sucesos diarios con el mismo candor, conservar la capacidad de sentir náuseas y de horrorizarse ante el Mal no parece un remedio equivocado.
Tendemos a creer que la infancia es un paso previo a la etapa adulta. Y esto es así porque en nuestra ceguera sólo damos valor a lo que tiene poder. Y los niños no tienen ningún poder. Esa es, precisamente, la grandeza de la infancia. Cuidando a los niños, incluso al niño que fuimos, salvaremos al mundo. Ana María Matute lo ha visto.

sábado, 22 de septiembre de 2007

Premios Blog Solidario

El rosado y hermoso El color del cristal ha tenido a bien honrarme
citando este blog como solidario. En principio me sorprende, porque
yo aquí no hago más que criticar. Probablemente, se ha dado cuenta
de que la intención es buena. Ya me lo decían a mí hace mucho,
mucho tiempo: "quien bien te quiere te hará llorar". La verdad es que
cuando me lo decían me ponía en guardia. Bien, lo cierto es que el
bendito Color del cristal ha visto cosas positivas en lo que aquí se dice, cosa que me ha alegrado
tanto que, como comúnmente se dice, me he puesto a bailar con un solo pie. Ahora toca lo estipulado, que es seguir las normas de la cadena, que comienzan por mostrar la imagen del premio y citar el blog que lo ha concedido, cosas ya hechas al principio y también enlazar la concesión del premio. Y luego hay que citar un mínimo de siete blogs, que también sean solidarios, eso también es fácil.
Comienzo por Noticias de Gaia, interesantísimo para estar al día en cuanto a las noticias de la ciencia se refiere.
El siguiente de la lista es Domingo, por el blog y porque su titular es donante de sangre. ¡Hay que hacerse donante de sangre!
Le toca ahora a Pernelle y aquí me he dado cuenta de que me ha faltado explicar que el orden por el que van no significa que haya ninguna preferencia.
Marta es una chilena que vive en Alemania. Es inagotable y siempre simpática.
Zenia es una cubana que vive en Cuba y que siempre mira por los débiles y desamparados.
El blog de Lidia es este y va en inglés. No puede faltar aquí Marina, aunque lo suyo no sea un blog. Es la auténtica solidaria.
Ahora hay que avisar a los agraciados de que han recibido un premio.

martes, 8 de mayo de 2007

¿Está bien repartida la riqueza nacional?

Esa es la pregunta que lanza Invertia, a la que luego trata de dar sentido con una serie de explicaciones y datos, como propuesta para el debate subsiguiente. Pero la pregunta en sí misma no deja de ser atrevida. ¿Cómo se puede pensar que pueda estar bien repartida la riqueza? Otra cosa es que sea muy dificultoso solucionar el asunto. Hay muchos países en el mundo y cada uno tiene unas reglas de juego diferentes. Pero aparte de la dificultad que hay para solucionar esa terrible desigualdad social, cabría preguntarse si realmente hay deseos de lograrlo. Porque todo apunta a que una vez establecida la dificultad, la gente se desentiende del problema. Los constructores en los últimos tiempos han ganado grandes cantidades de dinero. Pero debido a la gran oferta de mano de obra, han pagado a los trabajadores lo mínimo que han podido. Lo permite el mercado, pero no es justo. No obstante ese comportamiento tan egoísta, los grandes constructores son recibidos y agasajados por quien se proponen. A nadie le importan las penalidades que pueden estar pasando los trabajadores que se ven obligados a aceptar esos contratos. Algunos digitales que se van haciendo conocidos explican cómo han logrado crecer algunas grandes empresas, cuyos dueños gastan millones de euros en caprichos. Esos empresarios son premiados y también son recibidos por quien se les antoja. Los Bancos, que presumen de tantos beneficios, están negociando el convenio colectivo del sector y ofrecen incrementos mínimos. Cuando es época de vacas flacas, piden sacrificios a los trabajadores, los que ellos no hacen. Cuando son vacas gordas, encuentran la excusa para que los trabajadores se sigan sacrificando. Sin embargo, en la prensa son frecuentes los artículos laudatorios hacia los banqueros. ¿Es que han prometido dejar de cobrar las comisiones a los jubilados a cambio del dinero que piensan escamotear a los trabajadores? ¿O van a destinar ese dinero a algún otro fin altruista? No hace mucho se tildó de sumamente inteligente al dueño de Astroc. Su mérito consiste en haber dejado que el precio de sus acciones subiera mucho más de lo prudente. Puede que haya mucha gente desesperada por haber confiado en él y haber comprado esas acciones. Ni Cervantes ni Sócrates lograron acumular grandes ni pequeñas fortunas. Si hubiera voluntad de arreglo, se tendría a esos trabajadores de tan bajos sueldos por algo más que números.