El problema de esta gente que se junta con otros para tener más fácil acceso a los placeres de la vida llega en un momento u otro. Ahora bien, no sé si Bono tendrá establecida la nacionalidad con algún país sin conexión con la realidad con el nuestro, pero también hay que tener en cuenta que estas cosas hoy en día no tienen ya la fuerza que tuvieron por la sencilla razón de que hoy todo se sabe.
El elemento del que hablo se tuvo que hospedar en la mansión de la diplomática Aurora Díaz-Rato durante un mes. Se compró unas propiedades en Tánger con el fin de dar más realce a su nueva situación, pero como era de esperar ahora se le complica todo. Tengo un libro en el que dice que en los años ochenta toda su propiedad era un reloj de pulsera. Era un reloj bueno, pero eso no tiene nada que ver con sus propiedades actuales, en las que esa propiedad ya no sería nada, porque sus propiedades son grandes y encima va de gorra.
La vivienda que ha comprado este no es una casa cualquiera, sino que tiene un largo recorrido, antaño uno de los primeros teatros de la ciudad hasta que Tapiró se fijó en ella y la convirtió en su estudio de pintura. Finalmente, y después de un largo devaneo con gente de posibles fue a parar a Cecilia Fernández Suzor, que ejercía como directora del Instituto Cervantes en Tánger, mientras que su marido Bernabé López era catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid.
Y ahora, de pronto, esta edificación de historia tan prolija y variada ha sido el domicilio de nuestro Bono, cuyo primer cargo nacional se lo deben que Loyola Palacio había montado algo, pero en el juicio quedó claro que era un bluf.
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