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lunes, 17 de octubre de 2016

Las Autonomías gastan mucho

Del dicho al hecho va un trecho. Son numerosas las apelaciones al votante, para hacerle creer que los partidos políticos se preocupan por él. Nosotros estamos ‘con la gente’, no a los recortes, la culpa la tiene el PP.
Si fuera verdad lo que dicen, en aquellos sitios en los que mandan reducirían gastos, para que el Estado tuviera más dinero para atender sus necesidades, que son las de los ciudadanos, a los que algunos llaman ahora plebeyos, en una vuelta de tuerca más de su particular tomadura de pelo a la sociedad española, de la que ya viven muchos. Cuando el Estado tiene poco dinero los principales perjudicados son los más desfavorecidos.
El gasto en personal de las Autonomías crece sin parar, lo que significa que los partidos políticos siguen colocando a los suyos. Mientras que la mayoría de las empresas reduce sus plantillas y si alguna aumenta la suya es porque abre nuevas sucursales, en la Administración ocurre lo contrario.
Es lamentable que en el Reino de Valencia, en el que Fabra había puesto freno al enloquecido derroche de Camps, con el tripartito se vuelva a las andadas y se emplee el dinero para adoctrinar, en lugar de dar servicio a los ciudadanos, que para eso pagan impuestos.
Por supuesto que la palma del derroche se la llevan los nacionalistas, cuya ideología es más devastadora que el caballo de Atila, que por donde pasaba no crecía la hierba. Sin olvidar lo de Andalucía, siempre gobernada por el mismo partido, últimamente con el apoyo de Ciudadanos.
Lógicamente, esta situación requiere un golpe de timón, pero entre los políticos en ejercicio no se vislumbra a ninguno, salvo si se piensa en Gorka Maneiro, que ha demostrado en el País Vasco, lugar en el que habita una contundencia inusitada en contra del disidente, que sabe batirse el cobre en solitario.


viernes, 11 de abril de 2014

Miguel Sebastián es muy peligroso

¿Quién no recuerda las ideas geniales que tenía cuando era ministro y que tanto dinero nos costaron? En aquella época todavía nos creíamos ricos y no se lo tuvimos en cuenta.
Hablo en general, claro. Cuando digo “nos creíamos ricos” y “no se lo tuvimos en cuenta” me refiero a un nutrido sector de la población, no a toda.
En aquel irresponsable gobierno del irresponsable Zapatero había dos cerebritos. Había más, claro, no nos olvidemos de Leire Pajín o de Juan Fernando López Aguilar, ni otros que no cito por no alargar la lista.
En la actualidad, Gallardón está destrozando lo que queda en pie, tras el paso de los anteriores, en la Justicia. Yo creo que si viviera Atila en nuestros días, cualquiera de los presidentes que hemos tenido, o tenemos, lo hubiera hecho ministro de Justicia. En cambio, en Interior tenemos a Fernández, que es como si estuviera en él una hermanita de la Caridad. Hay una gran cantidad de etarras por la calle.
El caso es que en aquel irresponsable gobierno del irresponsable Zapatero, quienes ejercían como cerebritos eran Caldera y Sebastián. Caldera no sabe cómo se escribe el grito de guerra ¡Santiago, y cierra, España!, ni lo que significa. Pero se lo imagina, y lo que supone es lo mismo que pensó el rústico Sancho Panza. Con eso, da lecciones. Quizá presuma de haber leído el Quijote.
El otro cerebrito era Miguel Sebastián, que le daba ideas a Zapatero, quien las ponía en práctica, y a los españolitos de a pie les costaba un dineral.
Y ahora vuelve a la carga. Imbuído de su condición de genio propone lo contrario que las personas sensatas. Ya se sabe que genialidad está por encima de la sensatez. Los sensatos dicen que hay que aplicar la ley a las Autonomías que la quebrantan y lo que sugiere este genio es suprimir a las que la cumplen. Los genios tienen cosas que los del montón no entendemos.