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domingo, 30 de septiembre de 2007

El ejemplo de Chile

Tener noticia de Chávez conlleva evocar inmediatamente el improperio, el insulto o la bravuconada. Sus defensores, que aunque parezca extraño los tiene, enseguida aducen el carácter democrático de su gobierno y luego citan a Bush o Aznar. Citando a esos dos ya creen legitimado a aquél. Pero se dice a quien desee trabajar para alguna empresa que tenga algo que ver con el gobierno venezolano le averiguan el sentido de su voto en las elecciones anteriores, pese a que es secreto, y como haya sido contrario a Chávez no obtiene el puesto. Este nefasto personaje, que en lugar de desvelarse por su pueblo trabaja por una ideología, con lo cual ya está dicho todo, tiene imitadores, como el ecuatoriano Rafael Correa, que mantiene encarcelada injustamente a Sandra Correa León, y que pretende modificar la Carta Magna, en su beneficio, naturalmente. También Evo Morales sigue la misma senda equivocada y pretende ir por el mismo camino Ollanta Humala. No resulta grato comprobar que el ruido, y en el caso de Chávez más que ruido es estrépito, y las apariencias que encubren lo que en el fondo no suele ser más que deseo de revancha y pereza, logran tantas adhesiones, tanta audiencia y comprensión. En el otro lado, en el del trabajo silencioso y tenaz, está el de Chile, único país latinoamericano en el que ha bajado el índice de pobreza. Nada que ver este dato con el de la subida del precio del petróleo o con ninguna otra causa que no sea el trabajo de los chilenos y la labor ortodoxa de su gobierno. Quizá con un gobierno de derechas también hubiera ocurrido, en mayor o menor medida. El hecho de que sea de izquierdas implica que la gente se pueda preguntar por los motivos por los que Chávez es imitado y Bachelet no. Sería mejor para Bolivia, sería mejor para Ecuador, sería mejor para todos seguir la senda de Bachelet, para que hubiera menos pobres. También hay menos corrupción en Chile.

miércoles, 8 de agosto de 2007

Que se preparen

Que se preparen, dijo Rafael Correa, refiriéndose a algunas empresas españolas. Es sabido que las empresas, las españolas y las de los demás sitios, por lo general, lo que buscan es ganar dinero y en cuanto las cosas se complican un poco, toman el montante y se van. Este estado de cosas se acabará cuando sólo haya un gobierno en el mundo. Mientras tanto, hay que atenerse a la realidad. Sin duda que Correa sabrá muy bien que las empresas que tengan planes para establecerse en Ecuador observarán atentamente lo que ocurra en este asunto. Ningún país, tampoco Ecuador, puede prescindir de la inversión y, por tanto, hasta que punto lo que dijo no es más que una bravata cargada de populismo barato. Porque es indigno que el máximo mandatario de un país se exprese de este modo. También podría ser, por otra parte, que estuviera planeando romper con las multinacionales empresariales para caer en una multinacional peor, la del aspirante a dictador Hugo Chávez, que no se conforma con subyugar a los venezolanos, sino que además gasta el dinero de éstos para mangonear en todos los países en los que puede. Puesto que Chávez es un esclavo del poder, no hay más que ver como trata de acrecentarlo más y más, no puede tener ningún respeto por los humildes. Ningún poderoso lo tiene. Los utiliza, los manipula y los explota. Este mismo camino sigue Rafael Correa, a quien no se le puede atribuir ningún amor por la justicia, puesto que mantiene encarcelada injustamente a Sandra Correa León. Ninguna huelga de hambre ni ningún llamamiento ha sido capaz de ablandar al presidente ecuatoriano, acaso porque piensa que eso sería una flaqueza y que no se puede permitir ninguna, si quiere llegar a alcanzar sus ambiciosos objetivos. Con la ayuda de Chávez, claro. María Teresa Fernández de la Vega le pide reglas de juego claras. Transparentes se las van a dar.

miércoles, 11 de julio de 2007

Rafael Correa

Ha dicho Rafael Correa, presidente de Ecuador, que la RCTV apoyaba un golpe de Estado en Venezuela y tácitamente se ha mostrado conforme con que Chávez cerrara esa cadena. Yerra el presidente Correa al preferir, una vez más, la fuerza a la justicia, porque lo que debió haber hecho Chávez para desautorizar a la cadena es profundizar en la democracia, justo lo contrario de lo que viene haciendo, con su intento de perpetuarse indefinidamente en el poder. No estoy de acuerdo con aquellos que dicen que hay que utilizar la violencia para derrocar a Chávez, porque la violencia nunca trae nada bueno.
Decía que a Rafael Correa no le gusta la justicia y lo justifico en el hecho de que mantiene encarcelada a Sandra Correa León, a pesar de su inocencia. Sandra hizo su huelga de hambre, y la respuesta del presidente fue la indiferencia. Luego fue condenada a tres años de cárcel en una sentencia que, según su abogado, contiene numerosos errores, imprecisiones e incoherencias.
De su amistad con Chávez y de su espíritu prepotente y mesiánico no cabe esperar que se produzca el milagro de que entre en razón. No puede un hombre solo, ni tampoco un gobierno, acabar con la corrupción arraigada de forma tenaz en un país. Se puede ir disminuyendo el nivel de la corrupción poco a poco, con mucho esfuerzo y sobre todo dando ejemplo. Aprovechar que se tiene el favor de la mayoría del país para echarlo encima de 18 diputados a quienes ha tratado de corruptos, dando sus nombres y apellidos, es prepotencia. Hay labores que debe hacer la justicia.
Debo reconocerle, sin embargo, al caballero que estoy de acuerdo con él en cuanto a que el resto del mundo debería pagar a Ecuador por no explotar el petróleo del parque Yasuní y también en que las visitas a las islas Galápagos deben restringirse.
América Latina no necesita líderes populistas que busquen éxitos espectaculares y, por tanto, inciertos, sino políticos trabajadores y honrados, dispuestos a trabajar calladamente por mejorar en lo posible la situación de sus países.

miércoles, 18 de abril de 2007

El triunfo de Correa

Cuando a los políticos les van bien las cosas y tienen ganas de hacer la pelota a sus electores, suelen decir que el pueblo no se equivoca nunca. Pero eso no es cierto, el pueblo, a corto plazo, se equivoca mucho. De hecho, la democracia es sumamente arriesgada. En Francia casi gana Le Pen. Lo que ocurre es que los demás sistemas políticos no es que sean arriesgados, es que son malos. En democracia, para evitar tentaciones y excesos, es conveniente que haya separación de poderes y que ninguno de ellos tenga más del estrictamente necesario para su funcionamiento.
Correa, desde que se convirtió en presidente, está tratando de acrecentar su poder. Un demócrata jamás creer la fórmula para solucionar los problemas. Si es elegido para ello, trata de hacer lo que sabe y espera que lo que sabe resulte de utilidad. Tampoco se cree insustituible. Sabe que detrás de él vendrán otros, que pueden hacerlo mejor o peor. Ecuador tiene muchos problemas y la experiencia de muchos malos gobiernos anteriores. Cuanto más grandes son los problemas, con mayor cuidado conviene intentar resolverlos. Hay que hacer los cambios que se estimen necesarios paso a paso y en la medida de lo posible. Quien recurre al populismo, como por ejemplo Chávez, el amigo de Correa, insultando una y otra vez a Bush, porque sabe que éste no es muy popular en su país, no demuestra mucho interés por resolver problemas, sino por acrecentar su poder. No auguran nada bueno para Ecuador la amistad de Correa con Chávez y ni el ansia de ambos por acumular poder. Presumiblemente, Venezuela y Ecuador, ambos al alimón, van a ir a menos.
Tampoco le interesa a Correa la justicia y esto es otro dato a tener en cuenta. Sandra Correa León fue encarcelada injustamente por el anterior gobierno y no sólo eso, sino también difamada e injuriada. Sigue en la cárcel con Correa en el gobierno y eso significa que cualquier ecuatoriano puede ir a la cárcel por un capricho del poder.