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lunes, 20 de abril de 2015

Víctor Manuel, contento de haber sido de la ceja

El cantante asturiano se siente muy satisfecho de haber sido uno de los artistas de la ceja. ¿Por qué?, le preguntan. Pues porque esa campaña hizo mucho daño a la derecha.
De modo que él mismo reconoce que le gusta hacer daño. Porque la secuencia lógica, según se desprende de su modo de hablar, sería que le preguntaran ¿por qué quieres hacerle daño a la derecha?, pero esa pregunta no se la han hecho puesto que se da por sabido que quiere hacerle daño a la derecha simplemente porque es la derecha.
Y queda claro, pues, que Víctor Manuel quiere arreglar el mundo, porque si le hacen esta pregunta admitirá que quiere arreglar el mundo, haciendo daño. Piensa que cada vez que hace algún mal a la derecha pone un ladrillito para que el mundo sea mejor.
Y yo podría poner ejemplos de personas de derechas cuyos méritos son muy difíciles de igualar. Personas a las que más que hacerles daño conviene admirar y tratar de imitar. No sé si a Víctor Manuel le interesará saber esto.
También puedo traer ejemplos de gentes de izquierdas cuya intención es arreglar el mundo haciendo maldades. No es que todos los de izquierdas sean así, sino que conviene resaltar que hay canallas en todas partes. Tampoco estoy llamando canalla a Víctor Manuel, sino que dejo claro que no se puede catalogar a la gente como buena o mala según sea de derechas o de izquierdas.
Conviene resaltar que no arrepentirse de haber votado a Zapatero es una irresponsabilidad democrática, porque cuando uno vota a alguien es responsable de todo lo que haga durante la legislatura.
Con votantes así era inevitable caer en la crisis y resulta muy difícil salir luego de ella. Es obvio que el hecho de que alguien sepa cantar no significa que sepa hacer más cosas.

sábado, 10 de enero de 2009

Ser de izquierdas, ser de derechas

Teóricamente, tanto las gentes de derechas como las de izquierdas quieren lo mejor para la sociedad, pero difieren en los métodos para conseguirlo. Por tanto, puesto que todos quieren lo mejor, no deberían ser difíciles ni el entendimiento ni la tolerancia entre ambos grupos.
Pero en la práctica todo se reduce a las etiquetas. Un psicópata, embustero, manipulador, porfiado, con la sempiterna intención de hacer todo el mal que pueda y le dejen, se anuncia de izquierdas y ya con ello obtiene la aquiescencia de la secta, o de buena parte de ella.
Del mismo modo, alguien que se presente como de derechas, que acepte todo lo que haga o diga un cardenal, aunque sea una barbaridad, ya tiene un lugar en el grupo.
Lo que resulta de todo esto es que lo que menos importa es la persona. No interesa saber si sus intenciones son buenas o malas, sino el lado de la raya en el que se ha situado. De tal modo se pervierte toda la función política y se vuelve a la práctica tribal.
Una persona de izquierdas en Valencia ha de estar de acuerdo con el estropicio que se hizo en el Teatro Romano de Sagunto, ha de estar en contra de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, porque hay acumulación de edificaciones de Calatrava, ha de pensar que el valenciano y el catalán son el mismo idioma y, por norma, ha de pensar que todo lo que hace Rita Barberá es nefasto. La lista es más larga, y este detalle tiene que ver puesto que si alguien se dice de izquierdas pero falla en alguno de los puntos pasa a ser un sospechoso, no es totalmente de la secta.En el campo de la derecha, pasa algo similar, hay que opinar lo contrario, salvo en el caso del idioma valenciano, en el que se puede pensar igual que los de izquierdas o ser mediopensionista. Si alguien defiende el derecho de los valencianos a que su idioma goce de independencia con respecto al catalán pasa a ser etiquetado como de extrema derecha, sea lo que sea lo que piense de las demás cuestiones.