sábado, 12 de mayo de 2007

A vueltas con el anillo de Giges

El poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente. Imaginemos que Pilar Elías es una persona normal y corriente y no esa mujer llena de coraje y capaz de resistir que el desalmado que mató a su marido ponga una cristalería en los bajos de su casa. Supongamos que se encuentra el anillo de Giges, que le permite hacerse invisible cuando se lo pone. Es lógico pensar que se introduciría en la tienda, espiaría al cristalero cuando éste se sentase ante el ordenador, anotaría sus contraseñas, averiguaría cuanto pudiese, e incluso aprovecharía la invisibilidad para causarle daños físicos. Cuando cerrara la tienda, ella se quedaría dentro, entraría en sus sitios de Internet, averiguaría todo, destruiría lo que pudiera y luego le rompería todos los cristales. Y así un día tras otro, hasta llenar de desesperación al etarra, que nunca podría averiguar lo que estaba ocurriendo. Es posible que, pudiendo, decidiera también hacer pagar sus culpas a la entidad bancaria que prestó el dinero al asesino para que pudiera establecerse como cristalero. Para una persona invisible no debe de ser difícil robar dinero. De modo que el banco no tendría más remedio que cerrar esa sucursal. Resulta difícil saber cómo acabaría el cristalero. Pero si además del anillo de Giges, Pilar Elías tuviera el don de comprender, vería enseguida que no merece la pena la molestia. Que el cristalero no es más que un pobre diablo y que con desviar la mirada cuando se cruza con él todo está resuelto. ¿Por qué ha de mirarle? ¿Por qué demostrarle el más mínimo interés? Una vez comprendido lo que hay en el interior de este individuo, la invisibilidad sólo merecería ser usada para descubrir los planes de sus amigos etarras y evitar nuevas fechorías. Fuera de este cometido, habría que dificultar en grado sumo el acceso al anillo, para evitar irresistibles tentaciones. En lo que respecta al banco, también se daría cuenta enseguida que su función es la de ganar dinero y que, por tanto, no puede ponerse al pueblo en contra. Sabría también que hay quienes piensan que la razón, la dignidad y el ansia de justicia no son más que tonterías.


"Entre una España y la otra"

'El final de la dictadura'

'Descalza por la vida'

1 comentario:

María Paz Díaz dijo...

El etarra cree que ya lleva puesto el anillo, por eso se sorprenden tanto cuando acaban en prisión..