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sábado, 7 de septiembre de 2013

La penalización de la Fórmula 1

Dice Císcar, el portavoz teuladí del Consell, que Ecclestone le va a perdonar la penalización por no hacer la carrera en Valencia. En realidad, no se la perdonaría a él, sino a los contribuyentes.
Pero el caso tiene gracia. Resulta que es el propio Ecclestone quien ha decidido no celebrar la carrera en Valencia, quizá porque no le ha sentado bien algo que le han dicho. Y a pesar de esto, hay que pagarle. ¿Qué clase de contrato tiene firmado la Generalidad? Y pretende el tal Císcar que confiemos en su palabra, como si ésta fuera la de Hernán Cortés, que por cumplirla volvió a un sitio del que era imposible salir vivo. Salió, pero esta es otra cuestión.
El gobierno valenciano, por boca de su portavoz, pide confianza, pero lo que hace más bien es un ejercicio de prepotencia. Es como si dijera: Los que mandamos aquí somos nosotros y no os queda más remedio que aguantar. No puede haber ninguna fe en él desde el momento en que ha agotado todo el caudal, no sólo de la generación actual, sino también el de unas cuantas de las siguientes. Todavía no ha dado ninguna explicación sobre la desaparición de las cajas de ahorros, ni se las ha pedido a sus ex presidentes. El Banco de Valencia ha sido regalado, junto con unos cuantos millones, a La Caixa, no se sabe en pago de qué favores. La Caixa se pavonea ahora en catalán por Valencia mientras Rita Barberá sonríe. Su amigo Olivas llora, porque está sufriendo un viacrucis judicial.
¿Qué confianza se puede tener en esta gente? Que enseñen los contratos. Que expliquen quien los ha firmado y le den lo que merece por haberlo hecho.
No cabe esperar que hagan nada de eso. De donde no hay, no se puede sacar. Y a lo peor Ecclestone no perdona nada.

jueves, 24 de mayo de 2012

Unir la AVL y el CVC ahorraría 3 millones

Eso es lo que calculó el diario Levante-EMV, aunque se deduce que lo que propone es la desaparición del CVC. No se chupa el dedo este diario de tendencia catalanista, habida cuenta de que la creación de la AVL responde al mismo interés que tuvo la del CVC, pero de un modo mucho más sofisticado.
El informe del citado diario, que cataloga al CVC como un organismo cuya función es la de colocar a altos ex cargos públicos, señala que entre la AVL y el CVC manejan un presupuesto cercano a los seis millones. Lo que no propondrá este diario es que se supriman los dos, y así el ahorro sería por la totalidad del presupuesto. El mundo seguiría girando igual y el Consell tendría más dinero para pagar deudas.
El CVC fue un invento de Cipriano Císcar, si no recuerdo mal, y tuvo como finalidad principal la de que un grupo de personas doctas convencieran al pueblo ignorante de que los valencianos hablamos catalán. De paso, también sirvió para que la citada institución apoyara la monumental ilegalidad que se perpetró en el Teatro Romano de Sagunto. El CVC, que se nutre de los impuestos de los ciudadanos, ha venido estando en cambio de parte del poder.
Lo de la AVL, como ha contado ese al que algunos se empeñan en considerar gran estadista y que responde al nombre de Jordi Pujol, fue uno de los diabólicos inventos de Zaplana. Otro de ellos fue Camps. Nunca le podremos agradecer bastante al tal Zaplana su maravillosa colección de inventos. Y desde que trabaja en ella, Telefónica va mal. No sé si tendrá que ver una cosa con la otra, pero no me extrañaría.
La AVL sobra porque su trabajo lo hace mejor el IEC, pero los políticos valencianos no se atreven a seguir los criterios de esta institución catalana, motivo por el cual se gastan el dinero de los contribuyentes en la AVL, una copia suya.