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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Nuevo ataque a los funcionarios

Los poderosos están acostumbrados a hacer lo que les parece, y a que sus actos delictivos queden impunes. No hay más que fijarse en lo ocurrido con Dominique Strauss-Kahn en Estados Unidos. Un pobre, con muchas menos pruebas en su contra que él, no hubiera tenido escapatoria. Eso, en Estados Unidos.
En España es mucho peor. Da la impresión de que en España a los poderosos que van a la cárcel se les pide perdón. Y ya que no se ha podido evitar que vayan, se procura que salgan lo antes posible. Decir nombres podría ser peligroso. Pero hay gente a la que han pillado con las manos en la masa, y no por haberlas metido una vez, sino por tenerlas dentro durante mucho tiempo, y anda por la calla, quizá esperando que se encuentre la fórmula que permita exculparlo.
No hay más que fijarse en quienes han arruinado las cajas de ahorros. ¡Las cajas de ahorros! Tan solventes que eran. Tanta confianza como inspiraban. Y ya no están. Es como si se hubiera hecho un pase mágico y ¡pum!, ya no están las cajas. A los responsables les premian, les dan golpecitos en la espalda, les llaman guapos. Sus trabajadores se dividen, en líneas generales, en dos: los que han sido despedidos y los que están llamados a trabajar el doble, en el caso de que sigan teniendo los mismos clientes que antes.
Pero a los poderosos, en líneas generales, no les basta con saberse impunes, o casi, sino que necesitan meterle el dedo en el ojo a alguien, y se lo tienen que meter a alguien no impune, sino indefenso. El llamado Rosell la tiene tomada con los funcionarios. No es la primera vez que se mete con ellos a lo basto, a cañonazos; cuando se refiere a los funcionarios no propone medidas inteligentes que mejoren, porque la hagan más justa y eficiente, la función pública. No propone erradicar el enchufismo y premiar los méritos verdaderos de la gente valiosa, sino que dice una gorda y se queda tan ancho. Ahora, a la vista de que está feo que los poderosos paguen un poco más, puesto que lo de otros países lo han solicitado, ha dicho que conforme, pero que también hay que meter mano a los funcionarios. ¿Otra vez?

'El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde'
'Alrededor del deseo'
'Cuentos neuróticos'
'Alfonso X el Sabio'
'¿Cuándo y cómo acabará la crisis?'
'El psicólogo en casa'
'La huella del hereje'
'Quién mató al ayatolá Kanuni'

martes, 30 de marzo de 2010

Laporta ataca

Se ha dicho que Joan Laporta es el mejor presidente de toda la historia del F.C. Barcelona, idea que me parece excesiva y probablemente injusta con otros presidentes. Es el presidente que más éxitos deportivos ha logrado, pero éstos dependen de muchos factores, ni siquiera sería correcto que se atribuyera la mayor parte de los éxitos.
Si hubiera sido presidente hace 20, 30 o 40 años, sus resultados podrían haber sido otros. Si en lugar de presidir al Barcelona actual, hubiera presidido al Español o al Betis, puede que no hubiera hecho nada del otro mundo. La tarea del presidente quizá consista en mejorar las estructuras del club, procurar que todos trabajen de forma coordinada y utilizar los recursos de que disponga del mejor modo posible. En el modo de llevar a cabo esas tareas estaría la clave para decidir quién fue el mejor preside, pero tampoco habría ninguna seguridad de que se iba acertar. Pero en el fútbol puede hacer una gestión mala, y no sé si será el caso de Laporta, pero si los resultados deportivos son buenos, ya no se tiene en cuenta nada más.
Joan Laporta cuenta ahora en un libro que acaba de publicar que Sandro Rosell quería traspasar a Ronaldinho porque les pagaban diez millones de euros de comisión. Y dice que aquella actitud le indignó profundamente. Pero el hecho es grave, si le indignó tan profundamente debió decirlo inmediatamente, para que los socios y aficionados sepan qué se puede hacer con su dinero. Si estas cosas son habituales en el fútbol hay que decirlo también, no se puede hacer la vista gorda ante algo tan grave. Si lo dice ahora, tal vez sea para perjudicar la candidatura de Rosell. También se ha dicho que Joan Laporta pretendía que Alfons Godall, otro de los candidatos, fuera su hombre de paja, para seguir dirigiendo al club en la sombra. Poco respeto tienen por el género humano quienes se empeñan en mover a otros como si fueran títeres.