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sábado, 24 de agosto de 2013

Abusar de los parados

En las circunstancias actuales, y probablemente en cualquier tipo de circunstancia, la inmensa mayoría de los parados no quiere estar en el paro.
El parado se encuentra en una situación indeseada, a la que ha llegado generalmente sin tener culpa y el porvenir le inspira mucho temor.
Si encima el gobierno lo somete a unos controles desconsiderados y humillantes, su situación, además de agobiante, pasa a ser penosa.
Da la impresión de que el ministro de Trabajo es Juan Rosell. Lo último que se podía esperar.
Es correcto que se luche contra el fraude. Incluso contra el fraude que se pueda producir en este sector. Pero habría que hacerlo de uno modo respetuoso con las personas. A los oligarcas que han pillado evadiendo dinero al fisco los han tratado con consideración, no como a los parados.
Un parado no es un sospechoso. Un parado que cobre 30 euros en negro por una chapuza puede que gaste ese dinero comprándole jamón a su hijo. Un empresario que contrate a un parado para pagarle en negro es un sinvergüenza. A éste es al que debería castigar el ministerio y no al parado.
Un trabajador, en activo o en paro, no puede hacerse el duro, ni dárselas de recto, con ningún empresario. Un trabajador en España no es nadie. Ni para un gobierno del PP, ni para un gobierno del PSOE. Zapatero no se ha ido a vivir a un barrio obrero.
El grueso del fraude fiscal, como todo el mundo sabe, incluso el ministro de Hacienda, proviene de las grandes empresas, incluidas las bancarias, y las grades fortunas. Pero este podría ser un terreno minado. Cabe la posibilidad de que todos los grandes defraudadores dispongan de carpetas llenas de informes sobre los demás. Aquí podría tener lugar el tan repetido chiste del dentista. Lo que le ocurre al parado es que no puede ir al dentista.

jueves, 24 de febrero de 2011

Alfonso Armada y Adolfo Suárez

Hay un libro de valía incuestionable para entender las dificultades que tuvo que vencer Adolfo Suárez para llevar a cabo la tarea que tuvo encomendada. El libro se titula ‘Los que le llamábamos Adolfo’, e incomprensiblemente recibió algunas críticas, creo que inmerecidas. En mi opinión, su utilidad histórica es indudable y la figura de Adolfo Suárez es patrimonio de todos los españoles y no de algunas personas en particular.
En este libro se cuenta que en un momento en que las relaciones de Adolfo Suárez con el Rey no eran cordiales, ambos solían mantener discusiones enconadas con respecto a Alfonso Armada. El Rey deseaba que fuera nombrado segundo Jefe de Estado Mayor del Ejército, cosa a la que Adolfo Suárez jamás quiso acceder. El Rey intuía que se estaba gestando un golpe de Estado y que Armada era la persona indicada para desbaratarlo y Adolfo Suárez creía que era Armada el artífice de ese golpe.
Finalmente, el Rey, cuando Adolfo Suárez ya le había presentado su dimisión, pasando por encima del presidente del gobierno, exigió al ministro de Defensa, Agustín Rodríguez Sahagún, el nombramiento de Alfonso Armada para el cargo citado anteriormente. Adolfo Suárez, según el citado libro, telefoneó de inmediato a Rodríguez Sahagún, que reaccionó llorando, para decirle que la culpa del golpe de Estado que se iba a producir de inmediato sería suya.
Pero fueron muchos más los personajes que con su irresponsabilidad, propiciaron lo que ocurrió después. No es probable que los golpistas se hubieran atrevido a tanto si la política española hubiera estado dominada por personas entregadas a su tarea, en beneficio de los ciudadanos. Sin embargo, abundaban los fatuos, ebrios de la gloria que había llamado a sus puertas, porque creían que la merecían; pensaba cada uno de ellos en sus intereses personales y en el modo de sobresalir sobre los demás, para que la historia lo recogiera con letras más grandes. Hicieron una chapuza. El golpe de Estado fue uno de los capítulos de esa chapuza.

'El tiempo mientras tanto'
'La biblia contra el cáncer'
'Los sinsabores del verdadero policía'
'Ajuste de cuentas'
'En defensa de las vacunas'
'Les Xanes'
'Don Quijote de la Mancha para Estudiantes'
'Platero y yo contado a los niños'