Creo que todo el mundo estará de acuerdo en que un óvulo fecundado es un proyecto único de vida y que si se va al traste, es para siempre. No tendrá otra oportunidad. Por otra parte, no tiene la culpa de haber sido fecundado, ni siquiera lo ha pedido. Es decir, no voy a hacer publicidad del aborto, ni a mostrarme de acuerdo con él. Lo que ocurre es que creo que la estridencia no es el mejor modo de luchar contra el aborto. Este mundo puede ser muy acogedor y lleno de promesas para quienes siguieron la misa del Papa en Valencia, desde el palco VIP. Pero para muchos otros resulta sumamente inhóspito y lleno de dificultades. El propio cardenal de Valencia fue capaz de defender vivamente, ante el embajador español, al presidente del gobierno valenciano por una tonta cuestión de protocolo. ¿Sería capaz de defender con el mismo énfasis a un trabajador que estuviera siendo tratado brutalmente por gente poderosa?
El mejor modo de luchar contra el aborto consiste en intentar que la sociedad sea más justa y menos egoísta. Sé de una madre soltera, que nunca ha pedido ayuda a nadie más que a sus propios familiares y que tras tener al niño tuvo que peregrinar por varias parroquias hasta encontrar una que aceptó bautizarlo. Si ha ocurrido una vez, también puede haber ocurrido más. El interés de quienes gritan en contra del aborto, por los niños que han de nacer se termina, a veces, en cuanto éstos tienen nombre y apellidos.
Está muy bien preocuparse por los que han de nacer, pero el movimiento se demuestra andando, y la sinceridad de sus propósitos se manifiesta con el interés por quienes ya han nacido. Hay muchas injusticias, muchas dificultades, muchos problemas y, sobre todo, mucho egoísmo.
En la medida en que la vida sea más fácil, en que el interés por la justicia sea más generalizado y que la gente que pase por dificultades encuentre un mayor apoyo en los demás, a muchas futuras madres no les resultará tan angustioso saberse embarazadas.
El mejor modo de luchar contra el aborto consiste en intentar que la sociedad sea más justa y menos egoísta. Sé de una madre soltera, que nunca ha pedido ayuda a nadie más que a sus propios familiares y que tras tener al niño tuvo que peregrinar por varias parroquias hasta encontrar una que aceptó bautizarlo. Si ha ocurrido una vez, también puede haber ocurrido más. El interés de quienes gritan en contra del aborto, por los niños que han de nacer se termina, a veces, en cuanto éstos tienen nombre y apellidos.
Está muy bien preocuparse por los que han de nacer, pero el movimiento se demuestra andando, y la sinceridad de sus propósitos se manifiesta con el interés por quienes ya han nacido. Hay muchas injusticias, muchas dificultades, muchos problemas y, sobre todo, mucho egoísmo.
En la medida en que la vida sea más fácil, en que el interés por la justicia sea más generalizado y que la gente que pase por dificultades encuentre un mayor apoyo en los demás, a muchas futuras madres no les resultará tan angustioso saberse embarazadas.