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jueves, 8 de agosto de 2019

El plantón de Sánchez al Rey

En una entrevista que le hicieron, Santiago Grisolía dijo que le irritaba sobremanera que alguien llegara cinco minutos tarde a una cita con él. Es mi vida, añadió y nadie tiene derecho a disponer de cinco minutos de ella.
Por supuesto que estoy absolutamente de acuerdo con Grisolía, porque en caso contrario no lo habría contado. Quien llega tarde a una cita, obliga a la persona con la que había quedado a recomponer toda su agenda, o a acortar el tiempo previsto para la entrevista. En cierta ocasión, vi que caminando me resultaría imposible llegar a tiempo, y cogí un autobús para que no me tuvieran que esperar cinco o seis minutos. Preferí llegar con antelación y ser yo quien esperara. Pero ocurrió que el conductor del autobús sufrió un mareo y tuvo parar y esperar a que se le pasara. Bajé corriendo y pillé un taxi. En un acto que no se podía empezar sin su presencia, el obispo o arzobispo llegó tres cuartos de hora tarde. Eso es pecado mortal, pero no estoy seguro de que se confesara.
Pedro Sánchez es un egoísta de primera magnitud. Ya lo demostró aquella vez en la que estuvo servil con Merkel y grosero con su propia esposa. Begoña ni se inmutó. Se conoce que lo tiene asumido de siempre y que no le parece mal. Ahora es incapaz de comprender la importancia del Rey en el Sistema Político Español y lo que representa. En algún momento, y con la misma desvergüenza con que se procuró un doctorado cum fraude, usurpó las funciones del Rey, o se saltó el protocolo. El presidente en funciones, antes ocupa, del gobierno de España, es un patán. Muestra indicios de que podría ser psicópata.
Es el presidente en funciones, pero ignora, o hace como que ignora, la función del Rey, y cree que puede engañar a todo el mundo cuando a estas alturas ya todo el mundo lo debería conocer. 

lunes, 5 de noviembre de 2018

La hipocresía del cura de Alsasua

La parroquia de Alsasua emitió un comunicado mediante el que se desmarca de la gamberrada hecha con las campanas de la iglesia para entorpecer el desarrollo del acto que se celebraba en solidaridad con la Guardia Civil.
Acaba el comunicado diciendo que la inmensa mayoría del pueblo de Alsasua desea vivir en paz y concordia.
Y resulta que muchos de ese pueblo participaron de forma vil y cobarde en la paliza que les dieron a dos guardias civiles de paisano y sus novias. Y los vecinos de ese pueblo, en su inmensa mayoría, en lugar de tener vergüenza por semejante acto, niegan de forma cagueta los hechos y se solidarizan con los agresores que pudieron ser identificados, en lugar de con las víctimas.
El cura, el pastor de almas, según se definen quienes han optado por ese modo de vida, porque eso de que los ha llamado Dios para el sacerdocio no se lo cree la inmensa mayoría de los interesados, debería subir al púlpito a explicar a los feligreses que lo sucedido es una salvajada indigna de seres humanos y que el pueblo entero debería perdón a la Guardia Civil y rendirle homenaje en desagravio. Nada de eso ha sucedido.
Evidentemente, no se puede esperar nada de la Iglesia, salvo que cuando llegue la campaña de la declaración de la renta pidan todas las parroquias que se ponga la equis en su casilla.
El cura este se desmarca de las campanadas, pero tampoco estuvo en el acto. Está claro que se identifica más con los agresores y sus cómplices, la inmensa mayoría del pueblo de Alsasua, pueblo maldito digo yo, que con la minoría compuesta por las víctimas de la agresión. Dicen que el obispo emitirá un comunicado en relación con las campanadas gamberras. Se supone que desmarcándose. ¿Y de mostrar cariño a las víctimas qué?

miércoles, 11 de julio de 2018

Setién ha muerto

Algún párrafo incomprensible he leído con respecto a la muerte de este obispo. Recalco lo de obispo. A los que seguimos en el mundo de los vivos no nos incumbe lo que ocurra con su alma, tanto si la tenía como si no la tenía, si se arrepiente o no se arrepiente, si Dios lo perdona o no lo perdona.
Todo eso es ajeno a nuestro, no tenemos constancia de nada, no sabemos si Dios existe o no, y de su arrepentimiento o falta de él no podemos opinar por estar absolutamente fuera de nuestro alcance.
Así que nos interesa es lo que hizo mientras estuvo vivo. Y también nos interesa la actitud del Vaticano con respecto a lo que hizo, que se puede decir que es indigna.
No he querido enterarme de nada más de Setién, de modo que no sé si le han hecho o le van a hacer exequias como las que se les negaron sistemáticamente a las víctimas de ETA. No sé si han envuelto su cadáver con la ikurriña, esa bandera en cuyo nombre se han perpetrado tan horrendos crímenes, o lo piensan hacer, pero sería lo adecuado que lo hicieran. También sería lo adecuado que todos los obispos, cardenales y papas (hay dos), acudieran a su sepelio, puesto que ninguno ha tenido el valor de expulsarlo de la Iglesia, como han hecho con otros miembros por pecados menores.
Lo que sea de Setién en la otra vida no nos incumbe, pero la naturaleza de sus cómplices, todos esos que han hecho la vista gorda a sus desmanes, o los han aplaudido, sí nos importa. Todos los votantes del PNV, principal valedor de este clérigo, están en pecado mortal. Yo no sé si Dios existe, pero no me cabe ninguna duda de que algunos engendros del anticristo andan por el mundo. Setién se consideraba un obispo vasco. ¿Por qué calló el papa? ¿Por qué no lo volvió al seminario a estudiar?

miércoles, 17 de mayo de 2017

Un cura heroico

Responde al nombre de Custodio Ballester Bielsa y a los catalufos les basta con leerlo para que les salga la bilis por todas partes, porque ya se sabe que los nacionalistas no soportan que alguien les lleve la contraria.
¿Qué sería de los nacionalistas sin las agresiones, morales o físicas? No existirían o serían irrelevantes. Si prescindieran de la capacidad de imponer, amedrentar y amenazar quedarían reducidos a nada. Quizá a llenar el ambiente de melancolía doliente. Si no pudieran imaginar pasados gloriosos y tuvieran que conformarse con la realidad de los hechos sentirían un dolor insoportable. Si nadie creyera sus mentiras, sus tergiversaciones y sus interpretaciones enfermizas de la historia no podrían vivir.
Por eso, cuando un cura opta por cumplir con su cometido y no faltar a sus obligaciones con morales los catalufos se suben por las paredes, no están conformes con el y quieren que lo cambien.
Pero el problema de este cura no sólo consiste en que una parte de sus feligreses debería ir al psiquiatra, aunque el pronóstico sea malo, sino que ha de tener en cuenta también a unos cuantos obispos infames. Que la palabras infame y obispo vayan juntas no es noticia. Basta con recordar a esos vascos tan comprensivos con los etarras como distantes con sus víctimas.
En Cataluña hay curas, monjas y obispos que lo mejor que podrían hacer es colgar los hábitos y no engañar a la gente. En realidad, debería ser el papa el que cogiera una escoba y los barriera a todos. Pero da la impresión de que los mandos de la Iglesia Católica están más pendientes del dinero que puedan recaudar que de llevar a cabo la misión que dicen que tienen encomendada.
El hecho de que un cura como este, que debería tener todo el respaldo de su Organización, se vea solo y presionado por todos esos impresentables es significativo.