domingo, 14 de octubre de 2007

Morir por las ideas

Por supuesto que nadie debería morir por sus ideas, ni estar dispuesto a ello tampoco. Pero eso es algo que no depende de uno. Sí, en cambio, lo opuesto, lo de matar por las ideas, algo que sólo puede hacer, evidentemente, quien no tiene ideas. Nadie debería morir por tener determinado pensamiento o por no ajustarlo a la doctrina oficial, pero abundan quienes se empeñan en obligar a comulgar con ruedas de molino. Puestos en el trance, conviene recordar que uno es lo que piensa Quien no tiene pensamiento, no es. Aceptar las ideas del matón de turno, para conseguir tranquilidad y, acaso, dinero y prestigio social es un mal negocio, puesto que renunciar al propio camino es peor que morir. Nadie debería aceptar una idea o una creencia que no proviniera de su propia meditación o razonamiento. Es correcto y necesario informarse, estudiar y preguntar, pero los frutos de ese esfuerzo luego deben ser incorporados libremente y sin esperar más beneficio que el moral, al propio pensamiento. No tener ideas propias y haber aceptado las de la tribu, por pereza o cobardía, conlleva pasar a formar parte del gremio de los que sustituyen las ideas por las ideologías, que por lo mismo se vuelven intolerantes y sufren angustiosamente cualquier nimiedad que afecte justa o injustamente a aquello bajo lo que se cobijan. Alguien sin ideas, no sólo es una persona a la que se le amputado lo principal, la capacidad de discurrir y de buscar la verdad, puesto que sólo admite una verdad, que es la que marca su dogma, sino que además es una persona que odia. Puesto que no quiere buscar la verdad, tampoco admite que otros lo hagan. Ya que no quiere ser libre y dejar que su cerebro siga a su razonamiento adonde quiera que le lleve, tampoco soporta que otros lo sean. Las personas mueren, pero las ideas quedan. Puesto en la tesitura de elegir entre que morir o renunciar a pensar, vale la pena lo primero.

sábado, 13 de octubre de 2007

Ese fervor patriótico

Ayer fue el día en que algunos suelen blasonar de orgullo patrio. Aclaro que mi patria es la justicia. Me entero por Félix de Azúa que los 110 escritores de la Generalidad Catalana han estado en la Feria de Fránkfort. Esta soldadesca actitud sugiere otro modo de ver las cosas. Estoy convencido de que si yo hubiera nacido en Guatemala, por ejemplo, puede que tuviera más o menos dinero, pero sería exactamente como soy. Eso es lo que importa. Algunos tratan de ser integrándose en una tribu; otros lo intentamos por nuestros propios medios. Nací en tierras valencianas, que también son españolas, y hago mías aquellas reivindicaciones suyas que considero justas. Me pareció una una injusticia y una grosería enorme lo que hicieron Zaplana y Camps, que parecían tan amigos entonces ¿o eran cómplices?, ayudados por los políticos de la oposición, a la valenciana RACV con la creación de la fenicia AVL. Algunos vascos dicen que sus conocidos no suelen querer a España y de la forma de decirlo se desprende que quieren dar al capricho tratamiento de aspiración justa. Yo sé de otros vascos, como pueden ser, por ejemplo, Enrique Arias Vega, Fernando Savater, María San Gil, Rosa Díez, etc., que quieren que el País Vasco siga siendo parte de España y saben explicar su opinión. Son categorías distintas, Ibarretxe se mueve en un nivel teórico mucho más bajo. El concepto de la patria es una abstracción que puede motivar conductas incomprensibles. En el blog El color del cristal se anima a firmar una reclamación a favor de Fernando Alonso. Jamás he visto una carrera de Fórmula 1, pero sé que todos los británicos desean que gane Lewis Hamilton. ¿Qué ganan con ello? En España, en cambio, se desea el triunfo de Fernando Alonso. Puesto que la petición parte de ese blog, he entrado en la página de firmas y me he enterado de que se han cometido muchas irregularidades en contra del español. He firmado, pero además he constatado que de nuevo a mucha gente no le importa ser injusta con tal de que gane su tribu, o alguien de su tribu. Es decir, la patria sigue siendo el último refugio del bribón.

viernes, 12 de octubre de 2007

La retirada de símbolos

El primer artículo que leo cada mañana es el de Manuel Alcántara. Es justo, pues, que lo cite alguna vez y hoy es un buen día para ello. Se refiere a la ley que obliga a retirar los símbolos franquistas y lo que dice es que habría que esperar a que esos nombres se desprendieran solos, lo que me parece muy adecuado. Por algo dijo Goethe que la venganza más cruel consiste en no vengarse, que es exactamente lo contrario de lo que ha hecho Zapatero. Y dadas las fechas en que estamos, bien pudiera ser que el presidente tema no repetir mandato y ante el temor de quedarse con las ganas, ha dado el paso. No es de extrañar, por otro lado, esta actitud, después de la respuesta que dio a María Jesús González e Irene Villa, en la que le manifestó que la comprendía puesto que a él también le habían matado a su abuelo. A partir de ahí resulta fácil imaginar que Zapatero llegó al gobierno con una misión que cumplir, que no es exactamente la de servir a los ciudadanos. Y es que si la venganza más cruel consiste en no vengarse, la más eficaz consiste en ser mejor que tu adversario. Ese camino hubiera tomado Zapatero sin en lugar de ordenar la retirada de los símbolos franquistas y de ningún otro más, hubiera destinado el dineral que va a costar todo eso a paliar las injusticias que pervivan desde entonces. Es fácil comprender que entre los franquistas a los que se les va a retirar la calle los hay que fueron bellísimas personas. Baste recordar que Adolfo Suárez venía del franquismo y, probablemente, de entre todos los presidentes que hemos tenido es el que atesora más bondad. Algunos de izquierdas, cuyas calles van a quedar, quizá tampoco sean muy ejemplares. A estas alturas ya quedan pocos de los que hicieron la guerra y lo que hay que procurar es nunca jamás vuelva a ocurrir algo semejante.

jueves, 11 de octubre de 2007

Dios

Leyendo la Breve historia de la paradoja, ese estupendo libro de Roy Sorensen, uno puede maravillarse recordando los grandes esfuerzos que ha venido haciendo la humanidad a lo largo de los tiempos para demostrar la existencia de Dios. No sé si será ocioso explicar la definición de paradoja, que figura en la página 182: “opinión mantenida en contra de la opinión admitida, como cuando se afirma que la Tierra gira y los cielos permanecen quietos”. Maravilla porque si hay algo evidente es que si Dios hubiera querido se hubiera mostrado de forma fehaciente. No habiéndolo hecho así, queda claro que prefiere que este punto sea dudoso. También puede ocurrir que mientras se buscan argumentos para demostrar su existencia se olvide pensar en Dios. Algo parece también evidente y es que al no mostrarse públicamente, lo que pretende Dios es que la humanidad resuelva por sí misma sus problemas. No se puede pretender imponerlo por la fuerza, ni tampoco esperar que resuelva nuestros problemas, los de la humanidad, que son el hambre, la miseria, el crimen, etc. Los causan la soberbia, el egoísmo, la envidia, etc. Puede darse el caso de que desee que en lugar de tratar de demostrar su existencia se dediquen los esfuerzos a erradicar el hambre. Claro que no del modo brutal con que lo hacen algunos. Se entiende que hay que intentarlo sin hacer ningún daño y eso ya es más complicado. Puesto que el ser humano depende de los demás, se entiende que sus mayores esfuerzos deben centrarse en ser útil a la colectividad. Por supuesto que no sé si Dios existe, y comprendo que hablar en estos términos puede ser inexacto, pero en el supuesto de que exista se puede pensar que lo que desea es que la humanidad alcance la plenitud con su esfuerzo, con su abnegación, con su interés. Probablemente, ha puesto al alcance de la humanidad todos los medios para que lo consiga.

miércoles, 10 de octubre de 2007

Anglicismos, neologismos y gerundios


Hice una consulta a la RAE, tiempo atrás, sobre el uso de la locución “en unos minutos”, y se me respondió que podría ser correcta, pero que se considera un anglicismo, por lo que me recomendaba usar una construcción más tradicional, como “dentro de unos minutos”. Se ha impuesto el anglicismo y es que en nuestros días la gente no suele sentirse obligada a seguir las recomendaciones de la RAE, interesa más estar a la moda. Por su parte, Fernando Martínez Castellano, en su último artículo suelta lo que él llama un palabro, escaparateando, y lo termina diciendo que peatonal viene de peatón, olvidando que Tierno Galván, con el que compartió muchos momentos, ya que ambos fueron alcaldes de dos de las más importantes ciudades españolas, en su bando del 16 de noviembre de 1982, dijo exactamente lo que sigue:
Adviértese también por el presente Bando que algunas de las calles y plazas de la parte más antigua de Madrid, que llaman de los Austrias, se están convirtiendo en plazas y calles de sólo andar, que en tiempos de incuria y atrevimiento dieron en llamar peatonales
Lo del gerundio puede tener su gracia. En un centro público coincidieron durante algún tiempo dos señores llamados Amado y Amando. El primero tiene ahora otro destino y del segundo sus compañeras dicen con sorna que es incansable. Ya en serio, quiero recordar que el diario Las Provincias tuvo hace años un espacio gramatical, que firmaba Melmoth. Éste llegó a decir que había que evitar el gerundio por todos los medios. Entiendo, por otro lado, al gobernador de Brasilia, de cuyo nombre no me hubiera enterado de no ser por Incitatus. Es
José Roberto Arruda. No me hubiera enterado, porque lo interesante no es el nombre, sino la noticia de que prohibió el gerundio. Lo entiendo porque sé de bastantes que si vivieran en Brasilia se morirían, eso por lo menos, dada su incontinencia verbal y su total dependencia del gerundio. Ven un cartel por la calle y dicen: “Lo que está diciendo ese cartel…” O sea, un cartel tan incansable como el Amando.

'Terrorista'
'La Comunidad Valenciana y el guirigay nacional'
`Doña Jimena´
'Hablar con corrección'
'La historia secreta de los Thyssen'
'La cortesana de Taifas'
'El Poder y la Gloria'
'Guerrilleros'

martes, 9 de octubre de 2007

La obligación de alquilar

Con bastante frecuencia, surgen quienes se creen capaces de arreglar los males del mundo y en algunos momentos hay demasiada gente así. Quienes piensan de ese modo, olvidan a sus antecesores, incluidos los sabios, puesto que lo lógico es suponer que la mayoría de quienes viven en nuestro tiempo y en los anteriores se han preocupado por lo mismo y a la vista está que no han encontrado la solución. No obstante, no faltan quienes se creen más listos que todos y sin preocuparse previamente por mejorarse ellos, pretenden cambiar el mundo. Les gusta creerse poderosos. Para entender lo que es el poder, viene muy bien distinguir entre poder y autoridad. No se siente poderoso quien hace lo que debe, sino quien hace lo que quiere y los perjudicados por su proceder han de aguantarse. Quien hace lo que debe, en cambio, no se siente poderoso, sino que logra la satisfacción íntima que otorga el actuar rectamente. Quien tiene autoridad es creído por quienes le siguen, en cambio el poderoso se impone por la fuerza. Muchos de esos a los que gusta sentirse poderosos se dedican a la política. Algunos de ellos están en Cataluña y han decidido que los pisos vacíos tendrán que alquilarse obligatoriamente. Con ello reconocen explícitamente su incapacidad para solucionar el problema de la vivienda, puesto que lo trasladan al completo a quienes han invertido sus ahorros en este sector. Un catalán es libre de hacer lo que quiera con su dinero, irse de vacaciones a Cuba o a Sydney, o gastarlo directamente en una ruleta. Incluso puede comprar un avión, si le llega el dinero y tiene donde dejarlo luego. Pero si compra un piso y no va a vivir en él, tendrá que hacer lo que le ordenan, que es alquilarlo. Un catalán puede tener un dinero ahorrado y también hijos. Puede comprar un piso o dos, pensando en ellos. O quizá no se atreve a invertir en la bolsa. Los campos de labor ya no son rentables. ¿Por qué el gobierno catalán no se esfuerza un poco más para resolver los problemas y deja vivir a la gente?

'Terrorista'

'La Comunidad Valenciana y el guirigay nacional'

`Doña Jimena´

'Hablar con corrección'

'La historia secreta de los Thyssen'
'La cortesana de Taifas'
'El Poder y la Gloria'
'Guerrilleros'


lunes, 8 de octubre de 2007

Declaración de guerra


La justicia ha enviado a la cárcel a algunos etarras o pro etarras, que andaban sueltos. Los batasunos que han quedado fuera dicen que eso es una declaración de guerra y enseguida han dado motivos para que los encierren a ellos también. Matan, mutilan, secuestran, roban, amenazan, destrozan, influyen en el sentido del voto de muchos, etc. Y si los meten en la cárcel dicen que eso es una declaración de guerra. Por nuestro lado, los ciudadanos que cumplimos con las leyes estamos un poco más tranquilos con ellos en la cárcel. Ha disminuido el peligro, no del todo porque quedan bastantes terroristas por encerrar. Pero nadie nos va a resarcir del riesgo que hemos corrido mientras los detenidos estaban en la calle. Tampoco va a explicar nadie los motivos por los que no se les había encerrado en su momento. Hace unos días, el Parlamento vasco pidió perdón a las víctimas del terrorismo por el olvido de muchos años. Los etarras observarían este hecho con regocijo, porque sabrían que a continuación recibirían ellos algo más sustancioso. El Parlamento vasco no sólo olvida a las víctimas del terrorismo, sino que no se avergüenza de que los terroristas tengan tantos partidarios. No hace nada para aislarlos socialmente, más bien al contrario. Ante la noticia del encarcelamiento de los terroristas, el gobierno vasco, lejos de aplaudirla, que hubiera sido lo decente, ha protestado y ha defendido el diálogo y ha cometido la estupidez de comparar el caso vasco con el irlandés. Se ha echado de menos la reacción episcopal. Los obispos gustan a veces de intervenir en la política e incluso algunos de ellos no dudan en telefonear a sanguinarios etarras. También se fotografían con esos políticos capaces de olvidar a las víctimas, pero que siempre muestran algún tipo de comprensión con los etarras. Ha faltado que los obispos le digan a Ibarretxe que eso no está bien. Y decirlo en todos los púlpitos y en todas las hojas parroquiales.