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lunes, 7 de julio de 2014

Menos mal que la CNMV investigará a Gowex

Hubiera sido mejor que lo hiciera antes, pero en este caso no habría emoción. Será por algo que en España se dice jugar a la Bolsa y no invertir en Bolsa, porque hacerlo es como jugar a la ruleta rusa.
Son muchos los casos en los que el inversor, o jugador, se ha visto sorprendido por actuaciones irregulares y ha perdido todo su dinero. No es que las empresas en las había confiado hayan quebrado por cualquier motivo, sino que eran gestionadas de modo presuntamente fraudulento.
El inversor confía en que eso no pueda ocurrir, puesto que hay organismos supervisores que lo impiden; en el caso de los bancos y las cajas los controles serían dobles, el Banco de España y la CNMV; en el caso de las operadoras, la Dirección General de Telecomunicaciones y la CNMV. Sin embargo, vienen pasando cosas. Los accionistas de Banca Catalana lo perdieron todo, pero se conoce que no les dolió mucho, porque luego votaron a Jorge Pujol, al que, por otra parte, tampoco le duele nada la ruina de aquellos. Los accionistas de Banesto lo perdieron todo, o casi todo. Los de Terra, ídem de lienzo. Los de Cervezas El Águila se quedaron con tres palmos de narices. Los del Banco de Valencia lo perdieron todo. Los de Bankia casi todo. Etc.
Y no queda ahí la cosa, porque esos accionistas que perdieron el dinero invertido tuvieron que emplear parte del que les quedaba para ayudar, a fondo perdido, a bancos y cajas que no habían actuado de forma muy ortodoxa.
¿Y qué pasa con quienes tenían que controlar todo? Pues que estarían entretenidos contando el dinero que cobran cada mes.
Gowex cotiza en el Mercado Alternativo Bursátil, que está controlado por la CNMV. Gowex, presuntamente, falseó las cuentas durante, al menos, cuatro años. Algunas personas han perdido un dinero que ya no recuperarán jamás.

jueves, 17 de enero de 2013

Ignacio González y el truco de la gestión eficiente

Dice el presidente de la Comunidad de Madrid que el truco por el que las empresas privadas podrán ganar dinero consistirá en una mejor gestión.
Uno piensa a leer cosas como esta que tenemos una clase política compuesta por tontos, pero luego se da cuenta de cómo han conseguido medrar y de que los hay que han colocado, y muy bien por cierto, a doce, catorce o veinte familiares, y comprende que sin tontos no será todo el tiempo.
Si se hablara de un sistema de Sanidad como el holandés, no habría mucho que objetar. Pero lo que nos imponen no tiene nada que ver con eso. Aquí se trata de un bien público, como es la Sanidad, que se lo entregan a una empresa privada, y en esto sí que hay truco.
En España han ido mal una gran cantidad de empresas privadas, algunas de gran tamaño: Rumasa, Banesto, Banco Central, Banco Hispano Americano, Banca Catalana y Banco de Valencia, por poner unos pocos ejemplos. Hay más. Por cierto, los dos últimos bancos estaban muy influidos por la política. Como esas empresas a las que se quiere dar, o se les ha dado, la gestión de la Sanidad.
En España, los cargos, tanto en las empresas públicas como en las privadas, se dan a los enchufados y a los pelotas. Incluso los componentes de los Consejos de Administración, cuando se les piden cuentas, porque su empresa ha ido mal, alegan que se limitaban a obedecer al presidente. Y a cobrar, pero eso se lo callan.
La función pública funciona mejor en otros países que en el nuestro y la culpa precisamente la tiene la clase política, por su tendencia imparable a inmiscuirse en sectores de los que debería estar muy alejada. Por ejemplo, de la Función Pública.
Lo que tiene que hacer un político responsable es conseguir que la Sanidad Pública funcione, mejorando los sistemas y motivando al personal.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Rodrigo Rato no tiene piedad

El título es duro, muy duro; pero todo apunta a que responde a la realidad. Rodrigo Rato, tras su fuga del FMI, cuyos motivos a estas alturas ya no es probable que los desvele, y tras buscar algunas apetitosas colocaciones, ha ido a parar a la presidencia de Bankia, el banco resultante del descalabro de algunas cajas.
Ha llegado a la presidencia de Bankia y parece ser que se ha llevado alguna sorpresa que otra, lo que también demuestra que no comenzó las cosas con la debida seriedad, dado que en aquel momento dio por ciertas, alegremente, cosas que no lo eran.
El problema no es que fue engañado, sino que al sentirse como tal quiso desprenderse de la colaboración de quien considera responsable del engaño, que no es otro que José Luis Olivas, y para ello dejó caer, por decirlo de algún modo, al Banco de Valencia, sin tener en cuenta los perjuicios que podía causar a sus trabajadores y accionistas.
Da la impresión de que Rodrigo Rato sólo piensa en sí mismo y en sus intereses, y da la casualidad de que es conocido como político y a los políticos se les supone vocación de servicio a los demás. A la vista de esta revelación, mejor sería que no volviera a la política.
Con respecto a los avatares banqueros, no hay nada nuevo. En España no parece posible tener seguridades de nada. Uno puede confiar todo lo que quiera en los organismos supervisores, en el Banco de España, en el ministerio de Hacienda, en la CNMV, o en las Loterías del Estado, porque al final siempre viene a ocurrir lo mismo. En el caso de Banca Catalana, por ejemplo, en donde tantos vieron desaparecer sus ahorros. Tampoco encontraron amparo en ninguna parte quienes los tenían invertidos en el Banesto. Cada vez que ocurre una cosa de estas, como ahora en el Banco de Valencia, queda de manifiesto la indefensión de los pequeños accionistas. Para Rodrigo Rato, este banco no es más que un peso que se ha quitado de encima. Y con su petición de que haya un banco malo puede que busque que los contribuyentes le quitemos otro peso todavía más grande. La solución ideal podría ser que Rajoy lo mandara de embajador a Australia.

'Cuentos nevados de Phil y Maya'
'El Conde Lucanor'
'Contra el insulto'
'Milagros de Nuestra Señora contados a los niños'
'El hombre que quiso entrar en Auschwitz'
'La estrategia de los antílopes'
'Pedro I el Cruel'
'Episodios ocultos del franquismo'

jueves, 8 de diciembre de 2011

Se la queda el Banco Sabadell

Finalmente ha sido el Banco Sabadell el que se ha quedado con la CAM. Se ha quedado solo en la puja, pero hay un dato que quizá lo explique: se propone cerrar 300 oficinas de la CAM. Si se la hubieran quedado el Santander o el BBVA, las oficinas a cerrar hubieran sido muchas más. El Popular no podía estar en la puja, porque acaba de absorber al Pastor. Para Bankia es mucho más difícil, aparte de que hubiera tenido que cerrar más oficinas aún que el BBVA y el Santander.
El Fondo de Garantía de Depósitos de Entidades de Crédito, mediante el desembolso de 5249 millones de euros, adquirirá el total del capital de la CAM y luego se lo venderá por un euro al Banco Sabadell.
Los españoles, que observamos asustados lo que ocurre en Portugal, Italia y Grecia, vemos también como el dinero se nos escapa a chorros. También sabemos que en Islandia algunos responsables han ido a la cárcel.
En España es improbable que vaya ningún banquero a la cárcel, y si alguno es condenado, pues lo indultan, como ha sucedido recientemente. Mario Conde fue a la cárcel, pero fue, probablemente, a causa de la inquina entre Alfonso Guerra y Carlos Solchaga, que pilló al banquero por en medio. Con los accionistas del Banesto no hubo miramientos. Como los hubo con los de Banca Catalana, cuyo principal responsable fue absuelto, o algo así, no recuerdo la fórmula jurídica; la cuestión es que no fue a la cárcel. Tampoco se tienen miramientos ahora con los accionistas del Banco de Valencia. Con los pobres, que invertido sus ahorros en las acciones de este banco.
En España todo el mundo dice que mira por los pobres, pero luego indultan o no procesan a los banqueros.
Es posible que a los pobres, que no tienen ninguna culpa de que estemos en crisis, se les suban los impuestos y se les reduzcan los ingresos. Y si un pobre falla en algo, ese sí que va a la cárcel.

martes, 1 de septiembre de 2009

¿Para qué desprestigiar a las SICAV?

Son dados los socialistas a los gestos demagógicos y pretendidamente ejemplarizantes. Expropiaron Rumasa, siendo uno de los objetivos que sus votantes pensaran que con ello se daba aviso a los poderosos y resulta que, al menos unos cuantos de ellos, bailaron de contento.
La tomaron con Lola Flores, no con algún político, con la supuesta intención de amedrentar a los defraudadores de Hacienda. Lola Flores demostró ser más lista que ellos y el tiro les salió por la culata. En realidad, esos gestos sólo pueden asustar a los pobres y los socialistas, lógicamente, lo saben. También dejaron ir demasiado lejos al Banesto y los pequeños accionistas no debieron quedar muy conformes con esta tardanza. Durante los mandatos socialistas no se ha empequeñecido la distancia entre los pobres y los ricos.
Ahora se intenta desprestigiar a las SICAV, en lo que parece una incruenta batalla. Las SICAV se instituyeron probablemente para evitar la fuga de capitales. Y en la ley que las regula hay una norma que no tiene sentido. Es esa que obliga a que la SICAV tenga un mínimo de cien socios. No tiene sentido porque los socios no están obligados a tener un mínimo significativo de acciones, con lo que en la práctica se suelen poner noventa y nueve socios de relleno. Para eso, hubiera sido mucho mejor que las hicieran individuales. Esa cláusula sólo persigue dar cierta apariencia a las cosas, pero al mismo tiempo permite que utilice a otras personas como títeres, con lo que demuestra muy poco respeto por el género humano.
Lo que da a pensar todo esto es que cuando se amaga hacia un lado se da el golpe en otro, de modo que quienes realmente van a soportar todo el peso de la crisis son los de siempre. Y como siempre tratando de que parezca otra cosa.

martes, 31 de marzo de 2009

Solbes, dormita; Zapatero, ni eso

Después de haber negado la crisis durante tanto tiempo, a pesar de que muchos vivían, desde mucho antes de que se reconociera oficialmente, situaciones insostenibles, después de haber alardeado, e incluso blasonado, de la consistencia del sistema financiero español, no ha quedado más remedio que intervenir la Caja Castilla-La Mancha. Pero no sin antes haber intentado que fuera Unicaja la que resolviera la situación.
El hecho es grave, porque lo mejor para los ciudadanos hubiera sido que se interviniera mucho antes. Es cómo más barato hubiera resultado para los contribuyentes y menos escándalo hubiera levantado. La ciudadanía, por otra parte, hubiera sabido que el gobierno miraba por los intereses de todos. Información no le faltaba al gobierno, puesto que quienes dirigen la caja intervenida son militantes de su partido.
Lo que ocurre es que las cosas no pueden ser tan bonitas. Todo ha sido tramposo desde el principio. Hernández Moltó, ya ex presidente, ya apuntaba buenas maneras cuando demostró tener estómago suficiente para humillar a un Mariano Rubio indefenso, en el intento de desmarcar al PSOE de las actuaciones que se le presumían al entonces gobernador del Banco de España. Esa disposición de Hernández Moltó ha sido premiada con innumerables cargos.
Lo del aeropuerto Don Quijote debe de haber sido uno de los muchos encargos que debe de haberse afanado en cumplir, porque no se entiende de otro modo que la Caja Castilla-La Mancha se haya embarcado en ese negocio.
Por su parte, el gobernador del Banco de España, que también ha presumido de la implacable y tenaz supervisión del organismo que dirige, ha quedado en entredicho. Estos personajes suelen pedir que se abarate el despido, pero ellos no dimiten nunca. La tardanza en intervenir el Banesto, en su día, resultó perjudicial para muchos, pero lo de la Caja es peor. El Banesto era una entidad privada y la Caja Castilla-La Mancha no lo es tanto.