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miércoles, 19 de junio de 2013

Barberá quiere que Valencia gestione su agua

Afirma la alcaldesa de Valencia que es fundamental que sea así. Y probablemente tiene razón. CaixaBank tiene el treinta por ciento de las acciones de Aguas de Valencia, pero Barberá no quiere que entre a formar parte de los órganos de gestión y hay motivos para pensar que lo conseguirá.
Lo que ocurre es que hay muchas cosas que eran fundamentales y que ya no las volveremos a tener jamás, y de esas Barberá no habla. Se han perdido bajo el gobierno del PP, que lleva tanto tiempo gobernando en la Comunidad Valenciana que no puede hablar de herencias, ni de nada parecido. Todo es imputable a la mala gestión de este partido.
El hecho de que CaixaBank tenga ese número de acciones no es ajeno al PP. Las tiene a través del banco que el gobierno de España le ha regalado, porque el gobierno valenciano, durante muchos años, propició y consintió su mala gestión. Todavía no se ha escuchado ningún reproche de Rita Barberá, ni de nadie de su partido, a José Luis Olivas. Y es lógico que sea así. Hacerlo significaría reconocer su culpa. Y también que, quizá, Olivas se pudiera cabrear.
Por cierto, habría que rastrear en las hemerotecas lo que decían los medios presentes en la Comunidad Valenciana, durante los años en que se estuvo gestando la catástrofe, de los dirigentes de la CAM, Bancaja y Banco de Valencia.
Barberá se planta ante CaixaBank y acapara titulares que los medios afines le conceden. Da la impresión de que defiende los intereses valencianos, cual Agustina de Aragón autóctona. Aquí estoy yo, dice. Pero son tantas cosas las que calla, sobre tantos asuntos que afectan tan directamente a los valencianos, que no queda más remedio que pensar que todo es pose electoral. En esto es la mejor.

jueves, 23 de mayo de 2013

Los bancos y el odio

Se dice que la gente odia a los bancos, cosa que no parece cierta, porque la gente va a los bancos y se fía de los bancos y establece negocios con los bancos en los que tiene todas las de perder.
Algunos despabilados han conseguido engañar a los bancos, pero esos son los menos, lo habitual es lo contrario. La gente invierte en productos bancarios cuyas características desconoce por completo, y lo hace porque se fía de los bancos; y firma hipotecas sin prestar atención a la letra pequeña, esa que se pone en marcha cuando el hipotecado no puede pagar las cuotas. De modo que la gente no odia a los bancos; la gente se lo aguanta todo a los bancos.
¿Y los bancos qué? Pues son los que mandan en España. Los sucesivos gobiernos se desviven por complacerles; el presidente de turno del gobierno come a menudo con los distintos presidentes de los bancos y procura complacerles en todo.
El Banco de España, que debería meter a los bancos en cintura, hace como que hace, de lo cual se deriva la ruina de mucha gente, pero no de los bancos, a los que se da todo el dinero público que haga falta, pero además sin contrapartidas, y se sospecha que a veces se camufla la ayuda, queriendo hacer ver que es al revés. A CaixaBank, por ejemplo. No se lo cree nadie, pero a ellos les da igual.
De modo que de lo que habría que hablar es del odio de los bancos a la gente, porque de otro modo no se entiende tanto sadismo. Ahora se disponen a cobrar, con la aquiescencia del Banco de España, faltaría más, por hacer ingresos. El gobierno mira hacia otra parte. El asunto no va con él. Pero sí que va, puesto que el gobierno vendió los bancos públicos.

martes, 8 de enero de 2013

¿Qué hará Rita Barbera en el caso BVA?

Lo que se avecina para el Banco de Valencia no es nada halagüeño. Y como es habitual en España, se lleva todo en secreto. En un país democrático se conocerían todos los términos del contrato entre el Frob y CaixaBank sobre lo que se ha dado en llamar venta del Banco de Valencia. En España se sospecha que puede haber algo más de lo que se ha dicho.
Lo que puede ocurrir es que el Banco de Valencia, además de tener más de cien años, tenga también los días contados. Una posibilidad es que nada más hacerse cargo CaixaBank del Banco de Valencia cierre casi todas las oficinas de este y se quede con sus clientes. Luego dejaría morir al Banco de Valencia y cuando la gente ya se hubiera conformado, lo haría desaparecer del todo. Este es un peligro nada remoto.
La cuestión es que si el Banco de Valencia está en esa situación es por algo. La sociedad valenciana merece algo más que lo que se está haciendo que es dejar correr el asunto.
La reducción del valor nominal de las acciones es una puñalada a la espalda de los accionistas, que puede ser el preludio de otra mayor. Los accionistas del Banco de Valencia han estado indefensos durante todo el tiempo. Deben de haber muchas leyes que protejan a los inversores, pero es como si no hubiera ninguna.
La clase política valenciana tendría algo que decir, claro. Pero no se la ve por la labor. De Fabra no cabe esperar nada. Rita Barberá, que parece un ídolo de masas, tampoco. Lo más que ha dicho es que “los empresarios estén al lado del Banco de Valencia”, o que “CaixaBank respete la sensibilidad valenciana”. Rita Barberá era amiga del presidente del Banco de Valencia y quizá lo siga siendo. Las clases política y financiera españolas no generan ninguna seguridad a nadie.