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lunes, 10 de julio de 2017

La excusa de Manuela Carmena

A la alcaldesa de Madrid no le importa afear la fachada de su ayuntamiento con la pancarta ‘Refugees Welcome’, a pesar de que el asunto de los refugiados no es de su competencia.
Por otra parte, le niega la pancarta a Miguel Ángel Blanco con una excusa que no se cree ni ella.
Quizá le resultara más fácil excarcelar etarras, o darles permisos carcelarios cuando podía hacerlo que mostrar simpatía a sus víctimas. De hecho, sus ideas sobre el terrorismo y los terroristas son bastante peculiares.
Por supuesto que a todas las víctimas del terrorismo les conviene el homenaje a Miguel Ángel Blanco. Su secuestro y posterior asesinato sirvió para despertar a una sociedad adormecida en este aspecto y poco proclive hasta el momento a dar la cara frente al terror para cambiar de actitud y salir en manifestación en toda España. Tal fue la presión ambiental que hasta el PNV tuvo que hacer el paripé y se llegó a temer que las multitudes arrasaran algunos de los antros que frecuentaban los proetarras. Aunque luego el ex jesuita le dijo a Carlos Iturgaiz que ellos, los del PNV, ya sabían lo que tenían que hacer. Poco después tuvo lugar el Pacto de Estella.
Con el homenaje a Miguel Ángel Blanco en el vigésimo aniversario de su asesinato se pretende, al mismo tiempo, revitalizar aquel Espíritu de Ermua que tanto bien hizo a la sociedad española y tanto daño a la banda terrorista y sus cómplices más o menos camuflados, más o menos cínicos, más o menos dañinos.
No creo que a Arzalluz le guste que se le haga este homenaje, ya se va viendo que a Carmena tampoco le hace mucha ilusión y a sus amigos de Podemos mucho menos. Bastante disgustados están ya con la liberación de Leopoldo López para que ahora tengan que ver el homenaje a Miguel Ángel Blanco. Por otro lado, tampoco consta que los refugiados le hayan agradecido a Carmena sus buenas intenciones hacia ellos.

sábado, 8 de julio de 2017

Insuperable en vileza

Es difícil decidir a quién corresponde ese título en esta España en la que tanta competencia hay sobre el particular.
En conversación con Enrique Arias Vega ha surgido el nombre de Jordi Pujol y a continuación el de un famoso periodista madrileño y he opinado que ha sido y es mucho más nocivo que el Muy Honorable.
Pero para dar el título de insuperable en vileza no hay que quedarse en estos dos, se puede seguir bajando escalones en la seguridad de que hay más gente.
Uno recuerda aquello de «Ortega Lara vuelve a la cárcel» y comprende enseguida que la cantidad de maldad que contiene el ser humano dentro de sí mismo incitan a tener mucho cuidado. Todos, o casi todos, necesitan creerse buenos, como lo demuestra el hecho de que a nadie le gusta que le llamen canalla, aunque acabe de hacer una canallada. Enseguida tratará de explicar que tenía motivos para hacerla. Una persona que se precie no debe caer en semejantes ingenuidades, ha de darse cuenta de que el ser humano, uno cualquiera, él mismo, es capaz de cualquier atrocidad.
Pero es que si se lee el artículo ‘El pacto de Estella o cómo matar al espíritu de Ermua’, en el que se cita al ex jesuita y a otros ya se constata que la escalera no había llegado al final, sino que se puede seguir bajando.
Por entonces las coletas no tenían tanta fama como ahora, pero seguramente eran tan proclives a ETA como ahora, de modo que ya se que por los bajos de la escalera hay mucha, si se la puede llamar tal.
Para vivir en esas zonas de la escala humana, que obviamente precisan de mucho menos esfuerzo que las de la parte alta, hay que sentir odio y resulta difícil aceptar que se pueda llamar vida a la de quienes la tienen consagrada a este sentimiento.

sábado, 14 de julio de 2007

Interpretar los deseos de los ciudadanos

Lo que debería hacer un político en el caso de que se tropezara con un ciudadano por la calle es rendirle cuentas inmediatamente:
- Mire usted, he gastado el dinero de sus impuestos en esto, en aquello y en lo otro. Debo reconocer que mis logros son muy inferiores a lo esperado. Reconozco que mi pereza no tiene excusa, puesto que nadie me obligó a dedicarme a la política. Le prometo que intentaré que en lo sucesivo mi dedicación sea mayor.
Nada de eso ocurre, sin embargo. Lo que suele hacer un político cuando se cruza con un ciudadano suele ser mirarlo de arriba abajo, pues lo considera un ser inferior. Un político no suele preocuparse por averiguar los deseos del ciudadano, sino que lo que pretende es influir en los deseos del ciudadano para que coincidan con sus intereses. Los políticos hoy en día no dan explicaciones, por regla general, sino que lanzan consignas. Interpretan las cosas justo como les conviene. Tras las elecciones, cada grupo interpreta el deseo popular como más le conviene y no sólo eso y que explican a los ciudadanos que lo que han votado es exactamente lo que ellos dicen, como si los ciudadanos carecieran de capacidad para establecer su propia opinión. Ahora mismo están tratando de explicar algo tan obvio como el Espíritu de Ermua. Es un clamor contra el terrorismo y nada más. El Espíritu de Ermua viene a decir que el terrorismo sobra, no tiene cabida en la sociedad. Sea cual sea el partido al que voten, los españoles quieren que desaparezca el terrorismo. Se puede decir, pues, que negociar con los terroristas, lo haya hecho Aznar o Zapatero, es traicionar el Espíritu de Ermua, puesto que al hacerlo se reconoce la existencia de ETA y con ello su derecho a ser. ETA no tiene ningún derecho ni excusa para existir; es ingenuo pensar que puede abandonar aquello que tan buenos resultados le da. Los etarras viven muy bien, son considerados héroes por algunos descerebrados como ellos, y disfrutan teniendo en vilo a todo el mundo. La alternativa que se les plantea es la cárcel y en el mejor de los casos el ostracismo. Porque a ver quien va a hacer caso a esa gentuza si carece de pistolas.

jueves, 12 de julio de 2007

Ermua

No hace falta esforzarse mucho para imaginar la angustia de Miguel Ángel Blanco y de sus familiares en el trance de esperar la muerte que le tenía que llegar inexorablemente. Más fácil todavía resulta recordar nuestra propia angustia, la que sentimos todos aquellos a quienes los etarras quisieron hacernos sentir su rabia enloquecida.
Todos sabíamos que Miguel Ángel iba a ser asesinado, porque no se puede esperar nada bueno de esas bestias inmundas.
Surgió entonces un sentimiento que vino a llamarse Espíritu de Ermua. Pero estaba claro que ese espíritu se iba a desvanecer con el tiempo. Algún directivo pneuvista lo vino a decir
así de claro. También los mismos etarras dijeron que las consecuencias de esos actos se ven una vez transcurrido suficiente tiempo. Si fijamos la vista, entonces, para comprobarlo, veremos que cada partido actúa según sus intereses electorales. El propio ayuntamiento de Ermua ha pedido al Foro Ermua que deje de utilizar ese nombre. No puede ignorar el ayuntamiento que no tiene derecho a hacer esa petición, entre otras cosas porque no se llama Foro de Ermua sino Foro Ermua. No puede arrogarse el ayuntamiento la propiedad del nombre. Hay que entender, pues, que lo que pretende ese ayuntamiento es desautorizar al foro, puesto que lo asimila al PP o, mejor dicho, a la política del PP en materia terrorista. Por su parte, el gobierno está llevando a cabo ahora mismo una política antiterrorista similar a la que reclama el PP, pero ni a este partido ni al del gobierno les interesa reconocer esta convergencia, pues ambos hacen, indebidamente, cuestión electoral de sus políticas antiterroristas. Menos aún le interesa al PNV, cuyo líder, Ibarretxe, dijo que contra ETA no todo vale. Como no se ha hecho nada ilegal contra la maldita banda, debe colegirse que lo que desea es que se tengan cierto tipo de contemplaciones con los asesinos.
Lo que procede es que todos los partidos recobren el Espíritu de Ermua, renuncien al electoralismo y se conjuren para acabar al terrorismo, aislando socialmente a sus seguidores y encarcelando a los criminales. Miguel Ángel vive.

domingo, 17 de junio de 2007

Recuperar el espíritu de Ermua

Se pretende recuperar el espíritu de Ermua. Ojalá fuera posible, pero aquello fue algo que surgió espontáneamente, de forma inevitable, puesto que durante dos días estuvo todo el mundo en vilo, esperando el infame asesinato, que se produjo a la hora prevista y del que sus autores están muy satisfechos. Pero ya dijo alguien que toda esa ola de indignación pasaría y volvería la calma habitual. Luego de matar a Miguel Ángel Blanco mataron a muchos más. Los etarras no saben vivir sin matar. La banda sigue teniendo mucho apoyo social. Hay un cristalero que no sólo logra un préstamo de un banco para establecer su negocio (y esto viene a indicar que ese banco ha pensado que si le hubiera denegado el préstamo hubiera perdido muchos clientes y quizá hubiera sido también víctima de un atentado), sino que además parece ser que vende muchos cristales o, por lo menos, no hay ninguna noticia de que se haya visto obligado a cerrar la tienda. Ahora hasta se le pide al Foro Ermua que cambie el nombre. A quienes tratan de mantener viva la memoria del concejal asesinado se les acusa de querer crispar. Hay quien pide que se deje de hablar de ETA, para que sean los profesionales quienes hagan la labor. Pero después de tantos años de existencia, la ignominia se ha enquistado entre nosotros. Es inevitable que en las tertulias, en las conversaciones privadas, en todas partes en suma, se comente lo que concierne a ese maldito asunto. Han declarado el fin de la tregua y ya estamos todos asustados. Aunque no mataran a nadie, ya tienen lo que quieren. Pero matarán porque están viciados. Lo harán en cuanto crean que les conviene. Con ETA se acabará el día en que todos los partidos decentes se pongan de acuerdo. Quizá ahora unos piensan en recoger nueces y otros que la banda no podrá ganar nunca unas elecciones y que, por tanto, el rival es el otro. Si no existieran cálculos más o menos parecidos a estos entre los partidos, ETA no hubiera podido sobrevivir durante tanto tiempo. Ojalá todo el mundo se olvide del partido al que vota y recupere al unísono aquel clamor que se denominó espíritu de Ermua.