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sábado, 5 de marzo de 2016

Obsceno y ridículo Iglesias

García-Trevijano también pretende deslegitimar el sistema, pero al menos su intención final es buena, puesto que su propósito es el de establecer otro sistema democrático.
No es el caso de Iglesias, en el que Alfonso Rojo, con su habitual agudeza, ha detectado una irreprimible tendencia a comportarse como un bufón, como un mal payaso de circo, como un provocador barato. Este tipo quiere deslegitimar el sistema para imponer una dictadura, para someter a las gentes e imponerles sus caprichos.
Tiene secuaces, claro. Secuaces que de forma más descarada o sibilina le ayudan en esa tarea, tratando de echar basura sobre figuras relevantes de la Transición. ¿Por qué en lugar de ello no cuentan la historia del padre y del abuelo de Iglesias?
Claro que interesa saber la verdad, aunque algún malasombra lo niegue. Interesa conocer la verdad, pero por el mero hecho de conocerla, no para interpretarla de modo torticero y edificar un edificio de mentiras sobre sobre una verdad vista desde un ángulo interesado.
Tampoco es verdad que Otegui haya sido jamás un hombre de paz, ni que estuviera preso por sus ideas, a pesar de sus ideas son nauseabundas.
Es lamentable que el Secretario General de un partido con vocación democrática, como es el PSOE, necesite imperiosamente a Podemos, porque si se aliara con el PP la presidencia del gobierno no sería para él, y eso permita al partido antisistema desestabilizar la vida política.
En el PSOE, como en los demás partidos políticos, el que se mueve no sale en la foto, pero eso se tendrá que terminar un día u otro. Tan pronto como se establezca la separación efectiva de poderes. Eso no es así en todos los partidos. No lo es en el caso de los nacionalistas y tampoco en el caso de Podemos, único de todos los partidos que puso la foto de su líder en la papeleta electoral.

domingo, 14 de abril de 2013

La fea reforma del CGPJ

Durante aquel tiempo en que gobernó Felipe González y que alguien dio en llamar Felipato, hubo quien pensó que los jueces eran, en su mayoría, conservadores mientras que la sociedad era de izquierdas, como lo demostraba el voto masivo que había recibido el PSOE.
Esa fue la excusa para empeorar lo que estaba mal. Trataron de convencer a la opinión pública de que querían adecuar la realidad de los jueces a lo que imperaba en la sociedad, cuando en la práctica se trataba de tenerlos bajo control. Esto último también le gusta al PP, hasta el punto de que el ahora ministro de Justicia, pretende dar una vuelta de tuerca más en este sentido. Desea tener más controlados a los jueces aún.
Que el poder judicial ha de ser totalmente independiente es incontrovertible. Sin justicia no hay democracia, y si la justicia no es independiente, no es justicia.
Hay una propuesta que consiste en que los miembros del CGPJ sean votados por los jueces y fiscales. No le gusta a Gallardón, y a mí tampoco, pero por motivos distintos. A él, porque se constituiría en un poder independiente y a mí por el riesgo de que se convirtiera en una casta endogámica, que podría imponer su particular modo de interpretar las leyes.
Hay otra propuesta, a mi criterio infinitamente mejor, que procede de García-Trevijano o de su entorno, que consiste en que sean votados por jueces, fiscales y funcionarios de justicia. En estos últimos está la clave. Son muchos, no se puede garantizar que sean mayoritariamente de derechas o izquierdas, y conocen perfectamente el funcionamiento de la justicia y la predisposición de los jueces.
Dicen que Gallardón es muy inteligente y no entiendo en qué se basan. Ese intento suyo de controlar a los jueces viene a demostrar que tiene muy poca cabeza. Un régimen oligárquico siempre acaba colapsándose. El que le cobija a él y sufrimos la mayoría ya está en las últimas.