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viernes, 16 de enero de 2009

Acerca de Winston Churchill

Hay una página, http://www.literato.es/autor/winston_churchill/, en la que figuran algunos pensamientos de Winston Churchill. Aunque todos son interesantes, me he permitido seleccionar algunos:
-Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema.
-Una buena conversación debe agotar el tema, no a los interlocutores.
-La cometa se eleva más alto en contra del viento, no a su favor.
-La falla de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles sino importantes.
-El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio.
-Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar.
-Las actitudes son más importantes que las aptitudes.

Y de entre estos me atrevo a comentar el que dice que la falla de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles sino importantes. No sé si es necesario hacer la salvedad de que esa falla es de todas las épocas y que también afecta a las mujeres, aunque no sé si en igual medida.
Lo cierto es que si la gente, en general, procurase más ser útil que ser importante, ahora no padeceríamos la terrible crisis que tanto daño está haciendo. Ni habría tanta hambre en el mundo, ni nos enfrentaríamos a los problemas que quedaran con tanto pesimismo.
Sé de quién a pesar de vivir en precario durante toda su vida, ha ayudado a todas las personas que ha podido, ha salvado vidas, y todo ello sin exigir contrapartida alguna y de forma totalmente altruista.
Y también tengo noticia de otros que construyen verdaderos edificios teóricos en torno a la bondad, a la razón o a la justicia, e incluso se ponen a rezar el rosario en público, y en privado se comportan de modo artero, como verdaderos psicópatas cotidianos. Los hay que no dudan en apuñalar por la espalda, si les conviene; en urdir conjuras o sumarse a ellas. Con tal de llegar a ser importantes son capaces de lo que sea y una vez que se han doctorado en las malas artes, las emplean luego por cualquier motivo.
Tuvo que ser una niña, Leticia Bergé, la que en “Dame tu llave”, escribiera estos versos: ‘Yo no quiero/ vestirme de importante, / perder el brillo de los ojos/ que delata la llama del tiempo sin pasado/’, que vienen tan a propósito.

viernes, 24 de octubre de 2008

Un tal Benach

Vestía con ropas sencillas, dicen que iba siempre descalzo, fuera invierno o verano, y que cuando paseaba por el mercado, a la vista de los objetos lujosos que allí se exponían, decía: “Hay que ver las cosas que necesitan mis conciudadanos para sentirse vivos”. Claro que éste era Sócrates, todo un sabio. “La vileza es una cárcel de la que pocos de los que entran logran salir”, dicen que dijo, porque él nunca escribió nada. Sócrates fue aquel que, puesto que amaba tanto la vida, supo darse cuenta de que ésta sin dignidad no es vida, de modo que puesto ante la tesitura de elegir, no dudó. Si hubiera vivido en el momento adecuado, también hubiera sido el primero en decir aquello de “la patria es el último refugio del bribón”, o por lo menos hubiera estado absolutamente de acuerdo con Samuel Johnson, que es quien realmente la pronunció.
Por su parte, Diógenes, cuando terminó de ver la casa de un rico que éste se había empeñado en mostrarle, para darle envidia, pues estaba llena de artículos lujosos, escupió en la cara del dueño, para limpiársela a continuación con un pañuelo, añadiendo que ése era el lugar más feo de la casa.
(…)
Yo no quiero
vestirme de importante,
perder el brillo de los ojos
que delata la llama del tiempo sin pasado (…)

Los versos que anteceden los escribió la jovencísima Leticia Bergé, y corresponden al poema titulado No, incluido en el libro Dame tu llave, publicado en 2006.
Por su parte, un tal Benach, político catalán, de ese partido que insulta sin cesar a los extremeños, ha comprado un cochazo y no conforme con eso lo ha llenado de lujo. Le ha puesto televisión y un reposapiés de maderas nobles. Quizá haya hecho esto para que ese dinero no vaya a Extremadura. O acaso es que necesita el lujo para sentirse vivo. Sí que quiere vestirse de importante. Y tiene suerte de que Diógenes ya no vive.