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domingo, 11 de agosto de 2019

Algunos andaluces despabilados

Como todo el mundo sabe, hubo un tiempo en que decenas de miles de españoles tuvieron que buscarse la vida en el extranjero.
Volvían en verano, cuando tenían vacaciones, y contaban las cosas que habían visto en esos países del mundo, Francia, Alemania o Suiza, principalmente, aunque algunos se iban más lejos. Una de las cosas en las que ponían más énfasis en sus relatos era que los andaluces eran los más trabajadores de todos. Esa fama de vagos que tenían adjudicada y de la que tanto partido supo sacar Pujol, el que quebró la Banca Catalana ante las narices de Felipe González y Alfonso Guerra, tenía fallos. También es cierto que algún señorito de mi pueblo, al que le daba vergüenza que lo vieran trabajar, desplazado a Francia por necesidad, pudo en el vecino país demostrar su innata laboriosidad.
La cuestión es que los andaluces arrastran una fama injusta, que no tiene en cuenta todas los condiciones que concurren en el caso y luego abundan los políticos a corto plazo, tan propios de las autonomías.
Pero hay otra clase de andaluces, que son los despabilados (de quitar el pabilo a la vela, para que se avive el fuego). Hace poco me referí aquí al Rufián, que si se hubiera quedado en Andalucía no habría tenido más remedio que trabajar para vivir, y desplazado a Cataluña ha encontrado el modo de vivir a costa de los catalanes, y del resto de los españoles, sin dar golpe.
Hoy he sabido, a través del digital Dulce Cataluña, que una que se apellida Artero, como un viejo conocido de Jesús Cacho, y que también es andaluza, sigue el mismo camino. O sea, la meta de este par de andaluces es vivir a lo grande, sin dar un palo al agua. El dilema para ella sería si le interesa más que le catalanicen el apellido, o que se lo feminicen, puesto que según afirma ella en su presentación no le falta de nada para ser admitida en esos clubes en los que la laboriosidad no es fundamental. 

viernes, 16 de enero de 2009

Acerca de Winston Churchill

Hay una página, http://www.literato.es/autor/winston_churchill/, en la que figuran algunos pensamientos de Winston Churchill. Aunque todos son interesantes, me he permitido seleccionar algunos:
-Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema.
-Una buena conversación debe agotar el tema, no a los interlocutores.
-La cometa se eleva más alto en contra del viento, no a su favor.
-La falla de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles sino importantes.
-El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio.
-Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar.
-Las actitudes son más importantes que las aptitudes.

Y de entre estos me atrevo a comentar el que dice que la falla de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles sino importantes. No sé si es necesario hacer la salvedad de que esa falla es de todas las épocas y que también afecta a las mujeres, aunque no sé si en igual medida.
Lo cierto es que si la gente, en general, procurase más ser útil que ser importante, ahora no padeceríamos la terrible crisis que tanto daño está haciendo. Ni habría tanta hambre en el mundo, ni nos enfrentaríamos a los problemas que quedaran con tanto pesimismo.
Sé de quién a pesar de vivir en precario durante toda su vida, ha ayudado a todas las personas que ha podido, ha salvado vidas, y todo ello sin exigir contrapartida alguna y de forma totalmente altruista.
Y también tengo noticia de otros que construyen verdaderos edificios teóricos en torno a la bondad, a la razón o a la justicia, e incluso se ponen a rezar el rosario en público, y en privado se comportan de modo artero, como verdaderos psicópatas cotidianos. Los hay que no dudan en apuñalar por la espalda, si les conviene; en urdir conjuras o sumarse a ellas. Con tal de llegar a ser importantes son capaces de lo que sea y una vez que se han doctorado en las malas artes, las emplean luego por cualquier motivo.
Tuvo que ser una niña, Leticia Bergé, la que en “Dame tu llave”, escribiera estos versos: ‘Yo no quiero/ vestirme de importante, / perder el brillo de los ojos/ que delata la llama del tiempo sin pasado/’, que vienen tan a propósito.