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jueves, 24 de abril de 2014

Los despojos del PSC

Mariano debería tomar nota. No hacer nada lleva a estas cosas. Por otro lado, también cabría recordar que, dado que los partidos políticos reciben subvenciones del Estado, deberían establecer cursillos doctrinales entre sus militantes, para supieran a ciencia cierta cuáles son los límites ideológicos de cada partido.
Es todo un espectáculo contemplar que algunos militantes del PSC, los despojos les llaman, han abandonado el partido porque sus dirigentes han decidido ajustarse un poquito, sólo un poquito, al ideario socialista. Los llamados despojos han dado un portazo y se han ido. Hablan, sin sonrojarse, del 'derecho a decidir', sobre el cual ya han escrito las cabezas mejor amuebladas del país, pero como los que están 'tocados' por el virus del nacionalismo todo lo interpretan del modo que les conviene, no se han terminado de enterar. Todo nacionalista acaba siendo como Anasagasti, que se pasa el día haciendo la ensaimada. Lo que piensa, dice o hace tiene que encajar, imperativamente, en la ensaimada.
Así que estos despojos del PSC estarán ahora tratando de fabricar su propia ensaimada, porque no les han dejado hacerla en el PSC. El problema es que ya hay demasiadas 'pastelerías'. Los pasteles nacionalistas se confeccionan con el odio como ingrediente principal, y hay tanto en resentimiento en el mundo que con estos mimbres es muy fácil captar adeptos. Pero, como se puede imaginar, las pastelerías que medran en este negocio no son proclives al trato versallesco, sino que optan por la patada en la espinilla y el dedo en el ojo. No abandona nadie, sino que todos procuran armarse mejor, de donde se deduce que el botín (con esta palabra no pretendo hacer publicidad subliminal) debe de ser jugoso.
¿El derecho a decidir qué? Cabría hablar en serio y examinar quiénes salen ganando en todo esto y qué es lo que ganan. Y quiénes pierden y a cambio de qué. ¿A dónde se creen que van? Cada está más claro que ser buena persona es difícil. Por eso hay tan pocas.

jueves, 9 de mayo de 2013

El BBVA no está conforme

Se nos viene diciendo que los responsables de la crisis somos todos, porque hemos vivido por encima de nuestras posibilidades.
De modo que incluso los que no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades tenemos culpa, porque estamos incluidos en ese “todos”. Los funcionarios, en cuanto a tales, no tienen ninguna culpa de la crisis. Tendrán su parte de culpa los funcionarios que hayan vivido por encima de sus posibilidades. Sin embargo, se ha cargado buena parte de ella sobre sus espaldas y se les ha echado a la gente encima. Incluso alguien tan sensato como Punset participó en este disparate.
Lo cierto es que la crisis la están pagando quienes tienen culpa y quienes no tienen, pero algunos no pagan nada.
Concretamente, los bancos tienen mucha más culpa que los ciudadanos de a pie, hayan sido prudentes o no. Y resulta que a los ciudadanos se les deja a su suerte o se les rebaja el sueldo y a los bancos se les ayuda con los impuestos de los ciudadanos.
Los oligarcas han aprovechado la crisis para recortar derechos de los trabajadores, que no habían caído del cielo. Y a pesar de esos recortes y de la reducción de salarios las cifras del paro han seguido aumentando.
Los grandes bancos españoles, entre los que está el BBVA, también tienen mucho ladrillo en el fondo del saco. Han contribuido a la catástrofe. Y las ayudas que les da el gobierno a veces están camufladas.
No está conforme el BBVA con los recortes que han sufrido los trabajadores. Y es de presumir que los demás bancos tampoco. Puede que haya sido esa la señal, Mariano dice que ve brotes verdes. Lo dice con otras palabras, pero da la misma risa. Y éstos aprovechan el verdor de las hojas para decir: ¡Funciona, funciona! ¡Los recortes a los trabajadores funcionan, queremos más! Ellos no se recortan nada.

martes, 22 de enero de 2013

Nueva utilidad de la lengua castellana

“¡Que inventen ellos!”, dijo Unamuno, y la frase pasó a la posteridad. Sin embargo, hay españoles que sí que inventan.
La clase política española no para de inventar cosas y, como consecuencia, los españoles somos cada vez más pobres. Lo que inventan, claro, no es beneficioso para los ciudadanos, sino todo lo contrario, pero ellos no paran. Ahora se ha inventado Mariano una auditoría externa, o algo así. Probablemente, lo que quiere es ganar tiempo, para ver si mientras tanto la gente de la calle asume su impotencia y se conforma con lo que hay. Podría ocurrir así. Mediante una Carta al director, una lectora de El Periódico dice que quiere pagar el euro por receta.
Se rumorea, por otra parte, que la necesidad que tienen los partidos políticos de esas grandes sumas de dinero está ligada a algo de lo que no se habla. Necesitan cantidades industriales de piel de vaqueta, porque aunque la compran de la mejor calidad, el uso constante que le dan acaba desgastándola y han de reponerla muy a menudo.
Otra de las consecuencias de la inventiva de nuestros próceres ha venido a ser que algunos catalanes han dicho que, en señal de protesta contra su patronal, usarán la lengua castellana. Este invento, el del uso de la lengua castellana para este fin, no es de la clase política, pero sí consecuencia de otro invento similar, el de obligar a usar una lengua u otra.
Los políticos españoles, además de su afición a inventar cosas inútiles para los ciudadanos, quizá no para ellos, tienen otra afición: la de mandar e imponer. Piensan, y acaso estén en lo cierto, que la afición de los ciudadanos es pasar por el aro.
Resulta curioso que las lenguas, cuya función es que la gente se entienda, se utilizan para todo lo contrario. No cabe duda que la creatividad de los políticos españoles es muy grande.