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jueves, 22 de diciembre de 2016

A propósito de las cláusulas suelo

Para los afectados por la dichosa cláusula que imponían los bancos la noticia es buenísima y hay que darles la enhorabuena. Para el resto de los españoles es muy mala, porque en España los bancos siempre ganan.
Los bancos necesitan pagar los altísimos sueldos de esos servicios jurídicos tan incompetentes que introdujeron la abusiva cláusula. Ese dinero que han de devolver los bancos lo tendremos que pagar entre todos, mediante alguna comisión nueva que se sacarán de la manga, o el encarecimiento de las que ya están.
No les va a imponer ninguna sanción a esos, ni tampoco se les va a exigir que procuren que sus conocimientos estén a la altura de los sueldos que cobran. Seguramente hay muchos abogados en España con mejor preparación que ellos, aunque no tengan posibilidad alguna de acceder a dichos cargos.
Ha quedado demostrado una vez más que los sueldos que perciben los altos dirigentes empresariales españoles, por regla general, se les conceden caprichosamente. No es que los decida el mercado. No les pagan eso para que no se vayan a otra empresa (y si alguna se los lleva es que no está bien de la vista).
Meten la pata una y otra vez. Cuando no llenan sus balances de ladrillo, y cuando la situación se vuelve insostenible hemos de pagar entre todos los daños producidos, aparece una cláusula ilegal, sin que a ninguno de ellos se le hubiera ocurrido pensar antes que pudiera serlo. Resulta curioso ver como se presentar ante la Junta de Accionistas con el engolamiento habitual, el gesto grave y la mirada serena, como si no tuvieran la culpa de nada, porque nada de ello se basa en su valía personal, o en su competencia para el cargo, sino en el poder que han logrado acumular y que les sirve para que nadie se atreva a echarles en cara lo que se merecen.

jueves, 9 de mayo de 2013

El BBVA no está conforme

Se nos viene diciendo que los responsables de la crisis somos todos, porque hemos vivido por encima de nuestras posibilidades.
De modo que incluso los que no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades tenemos culpa, porque estamos incluidos en ese “todos”. Los funcionarios, en cuanto a tales, no tienen ninguna culpa de la crisis. Tendrán su parte de culpa los funcionarios que hayan vivido por encima de sus posibilidades. Sin embargo, se ha cargado buena parte de ella sobre sus espaldas y se les ha echado a la gente encima. Incluso alguien tan sensato como Punset participó en este disparate.
Lo cierto es que la crisis la están pagando quienes tienen culpa y quienes no tienen, pero algunos no pagan nada.
Concretamente, los bancos tienen mucha más culpa que los ciudadanos de a pie, hayan sido prudentes o no. Y resulta que a los ciudadanos se les deja a su suerte o se les rebaja el sueldo y a los bancos se les ayuda con los impuestos de los ciudadanos.
Los oligarcas han aprovechado la crisis para recortar derechos de los trabajadores, que no habían caído del cielo. Y a pesar de esos recortes y de la reducción de salarios las cifras del paro han seguido aumentando.
Los grandes bancos españoles, entre los que está el BBVA, también tienen mucho ladrillo en el fondo del saco. Han contribuido a la catástrofe. Y las ayudas que les da el gobierno a veces están camufladas.
No está conforme el BBVA con los recortes que han sufrido los trabajadores. Y es de presumir que los demás bancos tampoco. Puede que haya sido esa la señal, Mariano dice que ve brotes verdes. Lo dice con otras palabras, pero da la misma risa. Y éstos aprovechan el verdor de las hojas para decir: ¡Funciona, funciona! ¡Los recortes a los trabajadores funcionan, queremos más! Ellos no se recortan nada.

sábado, 2 de febrero de 2013

El presidente del BBVA debió callar

El BBVA es un banco que se ha involucrado en el ladrillo como los demás, dicho esto en términos generales. O sea, que se expuso más de lo que debía.
Lo que ocurre es que este banco, cuyo tamaño es excesivo, tiene mucho negocio en el extranjero, cosa que le permite sortear la crisis mejor que otros bancos cuyo negocio está total o casi totalmente en España.
Bien mirado, la responsabilidad de los bancos grandes es mayor, porque con su actitud pudieron arrastrar a otros bancos, que no contaban con ese colchón citado anteriormente.
Y ahora sale diciendo el presidente del BBVA que los banqueros imprudentes asuman responsabilidades. Y pide que se eliminen bancos y lanza indirectas a otros.
Qué poco piensa en la gente y cuánto en sí mismo y en los intereses de su banco. El sistema ha fallado claramente, pero eso, dado que preside un banco de tan gran tamaño, debería haberlo dicho antes. Su banco, además, disponía de suficientes medios para prever la crisis que nos cayó encima después, de la que ya no saldremos plenamente hasta que no se lleven a cabo los cambios políticos que demanda la situación. Si no se llevan a cabo esos cambios, saldremos de la crisis, pero saldremos mal. Algunos están ganando más dinero que antes de la crisis, pero en términos generales la población saldrá perdiendo mucho. Y eso debe de saberlo él y se lo calla.
A los poderosos les resulta muy fácil decir lo que se les ocurre, porque luego, hayan dicho lo que hayan dicho, se les aplaude mucho. Pero si pierden el poder, una vez que los demás hayan constatado que esa pérdida es irreversible, por muy puesto en razón que esté lo digan, ya no les se les suele hacer caso.
La exposición del BBVA al riesgo inmobiliario es más de 25000 millones de euros, por tanto, este señor debió callar.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Ley Beckham

Se nos dice que la ley conocida como Ley Beckahm fue establecida con el fin de atraer a científicos e investigadores a España. Esto es, más o menos, una de esas tomaduras de pelo a las que nos tienen acostumbrados los políticos. Esta ley no podía hacerse más que para los futbolistas; alegar que con ella se pretendía llenar España de científicos, cuando lo que primaba aquí era el ladrillo, parece una guasa.
Dicen que no hay que generalizar, que todos los políticos no son iguales. Y es cierto. Unos son más altos que otros; a algunos les gusta el whisky, otros lo tienen prohibido por el médico; los hay que gustan de hacer deporte; otros van de caza, escopeta en ristre; debe de haber algún que otro aficionado al fútbol y de entre los que tengan esa afición los habrá partidarios de diferentes equipos. Es decir, cada político es diferente de todos los demás. Ahora bien, todos los políticos, a la hora de votar, pulsan el botón que les mandan. Y todos, ¿todos? los políticos comparten la misma pulsión por el poder. Esa pulsión podría haber sido calificada de algún modo, porque no se entiende que acepten tan fácilmente esa disciplina cuartelera.
Los clubes de fútbol españoles, que son los que han de pagar esos impuestos que hasta ahora se ahorraban, hacen lo que quieren. Consiguen permisos de obra con rapidez, se les hace la vista gorda si se exceden, se les recalifica lo que piden y se les perdonan deudas. No es extraño que ahora amenacen con una huelga. La irresponsabilidad de los dirigentes futbolísticos está más que demostrada.
A los grandes intelectuales que recaen en España, o regresan, enseguida tratan de instrumentalizarlos los políticos, situándolos en Consejos de Cultura, o similares. Encima los utilizan para justificar tratos de favor a los clubes de fútbol.

domingo, 18 de enero de 2009

Pérez-Reverte y los puertos

El artículo de hoy de Arturo Pérez-Reverte, en El Semanal, titulado Megapuertos y pijoyates, me ha llevado a evocar la novela Crematorio, con la que Rafael Chirbes debió ganar el Premio Nacional de Narrativa.
Arturo Pérez-Reverte entiende de barcos, suele navegar por los mares, según cuenta el mismo, y viaja bastante, por lo que goza de una buena perspectiva para enjuiciar las cosas. Esta disquisición lleva directamente a preguntar si entre nuestros políticos no habrá alguno que navegue por los mares y viaje. Resulta que sí los hay: uno, al menos, se subió al Azor. Y otros deben haberse subido a otros barcos similares. Alguna diferencia hay, de todos modos, y es que mientras Pérez-Reverte se paga sus navegaciones, los políticos suelen surcar los mares a nuestra costa. No es un juego de palabras, obviamente. Lo mismo ocurre con los viajes.
Y, sin embargo, tras leer el artículo de Pérez-Reverte la sensación que queda es que quien trabaja por los ciudadanos es él, pese a que quienes cobran de los ciudadanos son los políticos. No sólo en este caso. Ya se sabe que gracias a nuestra clase política y su empeño en explotar el ladrillo hasta donde fuera posible, sin intentar corregir el sistema y poner freno al desmadre ahora sufrimos nuestra propia crisis peculiar, sin que ninguno de los responsables lamente las tragedias que ha causado, ni albergue ningún propósito de enmienda.
Cuando no se intenta echar la culpa a los ladrilleros, se carga la suerte en los banqueros, pero quienes han sido elegidos por los ciudadanos para que marquen las reglas de juego y vigilen su cumplimiento son los políticos. Y éstos lo que hacen es rodearse de asesores, o sea de gastar mucho dinero del contribuyente. Y luego resulta que ni los políticos, ni los asesores, que también navegan y también viajan, son capaces de poner orden, de encontrar la solución adecuada que más beneficie a los ciudadanos. A todos.

viernes, 28 de marzo de 2008

La crisis, según el diario progubernamental

Para el diario progubernamental, si llueve poco la culpa la tiene el PP y si lo hace desmesuradamente, también la tiene el PP. El pobre editorialista, que debe de tener órdenes concretas y tajantes, escribe hoy sobre la crisis del ladrillo, y nos recuerda que la burbuja inmobiliaria se formó durante los gobiernos del PP. Ha debido hacer, para ello, un importante esfuerzo amnésico, para obviar que en muchas Comunidades Autónomas los gobiernos eran de distinto color, así como muchos ayuntamientos dotados de una feroz fiebre constructora.
Ha olvidado también que cuando el partido popular llegó al poder España no cumplía ninguna de las cláusulas del Tratado de Maastricht. El gobierno del PP se tomó el asunto en serio y para sorpresa de todos consiguió los objetivos previstos. El ladrillo tuvo algo que ver con el despegue económico, pero no podía ser de otro modo. Fue el gobierno socialista el que negoció la entrada en la Unión Europea y en el acuerdo quedó establecido, poco más o menos, que el papel de España es el de proporcionar sol y playa a los europeos. Si los españoles tuvieran otros modos de vida, si hubiera más industrias y la agricultura fuera rentable, no hubiera hecho falta prostituir la costa. Los propietarios de terrenos no los hubieran vendido tan fácilmente. Ha habido pueblo costero que mientras ha podido vivir de la agricultura ha resistido los embates del cemento, pero finalmente ha debido claudicar. Ningún gobierno ha cuidado la agricultura.
Por otro lado, quienes compraron sus viviendas durante el mandato del PP no están tan agobiados. Fue después, cuando los precios ya eran tan altos que no resultaba aconsejable que las familias modestas acometieran la compra, cuando se originó lo peor del problema. Ninguna voz les aconsejó que no lo hicieran, sino que se incitaba continuamente a comprar. Sí que se habló, por parte de algunos miembros del gobierno, continua e insensatamente, del urbanismo depredador, apuntando principalmente a Comunidades Autónomas en las que gobierna el PP y obviando otras gobernadas por el PSOE u otros partidos. Como consecuencia, los compradores extranjeros se han retraído en mucha mayor medida de lo que podía esperarse.

martes, 18 de septiembre de 2007

¿Hay crisis?

Presenta Alan Greenspan su libro de memorias en el que afirma deberán ir subiendo para poder controlar la inflación que en el 2030 deben alcanzar al menos el 10 por ciento. Con ello deja a Botín a la altura del betún y como incierta la boca de Alierta. ¿Qué es eso de que la crisis no afectará a España? Miguel Ángel Fernández Ordóñez, por su parte, presume de la solidez de las empresas financieras españolas. Lo que sabe todo el mundo es que muchas familias españolas viven angustiadas. Han de hacer grandes sacrificios y privaciones cada mes para poder pagar la cuota de la hipoteca. La angustia es real. Greenspan ha terminado de bajarlas de la nube, en la que soñaban con un futuro próximo en el que las cosas fueran como las pensaban cuando decidieron firmar la hipoteca. Lo más probable es que las mensualidades que han de pagar sigan subiendo y su asfixia cada vez mayor. Aquello tan hermoso que les incitaron a creer ha acabado por convertirse en una trampa de la que no pueden salir. ¿Qué ocurrirá si uno de los cónyuges va al paro? ¿Qué querencia tienen los políticos por el ladrillo que ninguno alertó del peligro que se cernía? Es hora de soluciones y a Rajoy se le ocurre una estrambótica e inviable. Ante los tiempos difíciles que no es que se avecinan, sino que ya están ahí, se imponen soluciones drásticas. No hay remedios milagrosos, por tanto hay que mirar a largo plazo, lo que supone que habría que invertir en investigación y en buscar formas de desarrollo. A corto plazo, habría que reducir el número de cargos políticos, de asesores perfectamente prescindibles, de campañas publicitarias de los partidos. Pero no lo harán, necesitan de la grandilocuencia. De modo que las angustiadas familias no sólo tendrán que pagar las cuotas de las hipotecas, sino que tendrán que seguir costeando con sus impuestos los coches oficiales, las tarjetas Visa, los viajes de los diputados (aunque a menudo éstos no tengan ningún interés para los ciudadanos), etc. Hay crisis, pero la crisis no es para todos.

martes, 26 de diciembre de 2006

Invertir en el ladrillo

Según una noticia que publica el diario Las Provincias, una buena parte de los valencianos que compraron una vivienda entre los años 2000 y 2005 lo hicieron como inversión. Naturalmente que esto distorsiona el mercado, pero no se les puede reprochar nada. La Bolsa es coto para entendidos y creo que esta tendencia cada vez se acentúa más. Los inversiones a plazo fijo producen muy poco rendimiento, sobre todo si se tienen en cuenta las plusvalías que obtienen los grandes financieros. Los fondos de inversión tampoco han logrado captar todo ese dinero sobrante. Y esa es la cuestión, que había una gran cantidad de dinero en disposición de ser invertido. Las instituciones, públicas y privadas, deberían haberlo advertido, con el fin de diseñar algún producto que resultara convincente para los ahorradores y que sirviera para emplear mejor toda esa masa dineraria. Pero acaso no sea del todo cierto que no se hayan enterado. Si nos fijamos un poco, podemos ver que nuestra nunca suficientemente ponderada y alabada clase empresarial, motor del desarrollo y esperanza para el futuro, lo que ha venido a hacer es pasarse al ladrillo. Muchos empresarios, al lado de su actividad normal, han dado en construir. Y tampoco ha andado descuidada nuestra sufrida clase política, ésa que tantos sacrificios hace por nosotros a cambio de un exiguo sueldo; ésa que si hay que ir a Cancún en viaje oficial, hace de tripas corazón y va. Lo que han hecho los partidos políticos es procurar agenciarse todas las concejalías de urbanismo que han podido.