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viernes, 2 de septiembre de 2016

Izquierda Unida en apoyo de Maduro

Hay una serie de sobreentendidos estúpidos entre los cuales está el de que basta con ser de izquierdas para ser bueno, lo cual constituye, ni más ni menos, que una incitación al sectarismo, o sea a la maldad.
Construimos izquierda, con letras bien grandes, pone en un cartelón que sirve de fondo en un acto de Izquierda Unida. O sea, que basta con optar por la izquierda. Si todo fuera tan fácil...Lo que ocurre es que este pensamiento conlleva el menosprecio, el desdén y el odio hacia quienes piensan que quizá haya más bondad en la derecha e incluso modos más eficientes para gestionar los asuntos de interés general. La experiencia demuestra, además, que en la derecha española puede haber mucha hipocresía, en contraposición al sectarismo de la izquierda, pero también que el porcentaje de buenas personas en el PP es muy superior al que pueda presentar IU.
La última de las pruebas de este aserto es la traición de IU a las gentes humildes de Venezuela, empobrecidas y envilecidas hasta el paroxismo por el régimen chavista, del que intentan desprenderse, y van estos tipos y convocan una manifestación en apoyo de Maduro. Se percibe en ellos la añoranza de Stalin. Da la impresión de que este partido ofrece un buen cobijo a los psicópatas, tan prontos al disimulo y a la sonrisa que lo encubre todo.
Izquierda Unida, cada vez más de extrema izquierda, siempre está muy cerca de las tesis etarras, de Herri Batasuna cuando la hubo, de Bildu, de Podemos y de todo lo que vaya contra la dignidad humana. Y se creen los buenos.
Advirtió Maduro de que la represión de Erdogan sería juego de niños comparada con la que él se dispone a llevar a cabo y ahí está Izquierda Unida, dispuesta a aplaudir cada asesinato, cada violación de los derechos humanos, cada encarcelamiento arbitrario.

lunes, 28 de enero de 2008

Adolfo Suárez

Hay un método de autodefensa, que probablemente funciona de forma instintiva o automática, merced al cual el sujeto no capta aquellas cosas que le incomodan. Quien ha dejado crecer la envidia en su interior, vive tranquilo, sin que los celos le hagan la vida imposible. La desventaja es que luego las cosas han de salir por un lugar u otro. Y ello explica que Adolfo Suárez tuviera que soportar tantas traiciones, menosprecios, desagradecimientos, etc., sin que quienes se los hacían se sintieran culpables. No se daban cuenta de sus bellaquerías.
También existe la confusión entre el ser y el tener. Fraga tenía mucha más cultura que Suárez y algo parecido sucedía en el caso de Areilza. Creían ellos, groseramente, que eso les permitía sentirse superiores a Suárez. El hecho de que no supieran calibrar su talla demuestra que los inferiores eran ellos. No se puede medir a un ser humano, salvo que él mismo dé pruebas de su propia pequeñez. Son tantas las cuestiones que hay que tener en cuenta en una persona, que es imposible considerarlas todas. Pero quien no sabe reconocer los méritos y las cualidades del prójimo, demuestra que ha renunciado a volar por las alturas y se conforma con ir a ras de suelo.
No es el caso de Luis Herrero, cuyo libro Los que le llamábamos Adolfo, demuestra que él sí que sabe valorar al prójima.
Cuestión diferente es la de quienes formaron parte de los distintos gobiernos de Suárez, que siendo espectadores privilegiados de la hazaña que estaba llevando a cabo su presidente, no fueron capaces de comprender la magnitud de lo que estaban viendo. ¿Cómo no iba a desesperarse, él, viendo las actitudes de quienes le rodeaban?
Vergonzoso el papelón de Abril Martorell, dados sus compadreos con Alfonso Guerra y aquella referencia al diálogo Norte Sur, de oculta intención, de su discurso en el Congreso de los Diputados. Estas cosas divertían mucho a Guerra ¿Alfonso o Alfonsín?
Ninguno de los presidentes que han sucedido a Adolfo Suárez (Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero), le llega a la suela del zapato. Tampoco el Rey.
Los españoles debemos estar satisfechos de haber tenido un hombre como Adolfo Suárez para dirigir el tránsito de la dictadura a la democracia.