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domingo, 10 de abril de 2011

A favor del Bachillerato de Excelencia

Resultan incomprensibles las críticas que ha recibido el llamado Bachillerato de Excelencia, cuando lo razonable hubiera sido que las críticas estuvieran dirigidas a la forma de hacerlo, en el caso de que no se esté de acuerdo y nunca al hecho en sí. No puede considerarse como clasista este bachillerato pues lo que hace es premiar el esfuerzo.
La Educación es lo que permite que un país sueñe en el futuro, es en donde hay que volcar los esfuerzos. Habría que procurar que fuera de la mayor calidad posible para todos, que se diera a los alumnos información y se les enseñara a manejarla y extraer conclusiones por sí mismos. No debería tener cabida ningún aspecto doctrinario o manipulador.
Premiar a los mejores es un aliciente más, algo que ha de motivar a los estudiantes a intentar llegar a este bachillerato. Es cierto que los que tienen más dinero tienen más posibilidades de conseguirlo, pues pueden pagarse profesores particulares, etc. Pero los ricos tienen ventajas de todos modos. En España hemos tenido muchos ministros, de partidos varios que hicieron sus estudios en universidades extranjeras. Tuvieron ventaja y llegaron a ministros.
Esa ventaja, desde luego, no es determinante. Lo bueno para la nación es que quienes tienen ganas de aprender, porque por muy ricos que sean esa es una cuestión primordial, puedan desarrollar toda su potencialidad. Nos interesa a todos y también que luego desarrollen sus carreras aquí.
Descuidar la Educación, no tratar de aprovechar todas las posibilidades de los alumnos, no enseñarles a ser individuos libres, sino esclavos de los poderosos, es un suicidio lento, un modo de deteriorar paulatinamente a la nación.
Criticar el Bachillerato de Excelencia también es fomentar la envidia e inducir al error en los objetivos vitales, porque por delante de la brillantez en los estudios debe ir el desarrollo como persona.

'En busca del Tesoro de Kola'

'El espíritu del último verano'

'Perdurablemente anfetamínico'


lunes, 19 de octubre de 2009

El caso Frédéric Mitterrand

Ya han pasado unos días desde que salió a la luz pública este caso, en el que el ministro de Cultura de Francia está involucrado. No han faltado los que han tratado de defenderle y para ello han utilizado argumentos dispares. Algunos han venido a decir algo así como que quien esté libre de pecado que tire la primera piedra; otros han venido a señalar que la denuncia parte de la extrema derecha; y están los que puesto en primer plano algún extremo de la cuestión, para que no sean visibles los demás.
Al final de todo, lo cierto es que, según confiesa en su libro, Frédéric Mitterrand viajó a Tailandia atraído por los prostíbulos de Patpong. Esto es indigno de un ministro. La prostitución es una forma de esclavitud, por tanto no se puede defender de ninguno de los modos. Es posible, o acaso probable que otros ministros, tal vez muchos ministros hayan hecho lo mismo de tapadillo, bien en sentido expreso o quizá entendiendo la prostitución de un modo más amplio. Berlusconi es uno de ellos, por eso al trascender aquella fiesta en Villa Certosa se ha apresurado a decir que él nunca ha pagado a las mujeres, con lo que a la indignidad puede haber añadido la mentira.
En algunos ámbitos de la vida ha de haber gente que mande y gente que obedezca, pero fuera de esos ámbitos las relaciones que no se establecen en un plano de igualdad no deberían traspasar ciertos límites, a partir de los cuales se convierten en denigrantes; para quien está en inferioridad de condiciones porque se ve obligado a aceptar algo que probablemente no le gusta, y para quien está en ventaja por aprovecharse de ella. Lo habrán hecho muchos, pero quien, además, lo cuenta añade una falta a la anterior.

martes, 16 de junio de 2009

La torre de Málaga

Recuerda Zapatero que su abuela siempre le decía que apagara la luz, aunque fuera de día y la luz estuviera apagada. Es como si esta mujer previera la inconsciencia del que era su nieto, que sólo piensa en salirse con la suya aun a costa de lo que sea. Aquel joven Zapatero al que su abuela recordaba insistentemente que apagara la luz se convirtió tiempo después en el presidente del gobierno español. Y fiel a sus principios de hacer lo que le convenga a él, aunque sólo sea a él, ha creado ministerios innecesarios y se ha rodeado de una multitud de asesores. Ni los ministerios ni los asesores los paga de su bolsillo, como tampoco pagaba la factura de la luz de su abuela.
Pues según se puede leer en
Aviación digital, la torre de Málaga estuvo sin técnico de mantenimiento durante toda una noche. ¿Para qué, entonces, tantos ministros y tantos asesores? ¿Ninguno se atrevió a decirle al presidente que eso no debe suceder? Si llega a ocurrir un accidente ya sabemos, por experiencia de otros casos, que nadie se hubiera hecho responsable, que de inmediato se hubieran habilitado parches y que se hubieran proferido grandes palabras de consuelo para las víctimas.
La Junta de Andalucía, igualmente bien surtida de cargos de confianza, tampoco ha sido capaz de prever ni de impedir que ocurra la circunstancia citada, que no se produjo de modo inesperado ni sorprendente, puesto que lo raro es que no haya ocurrido más veces. El resumen de los hechos es el siguiente: El técnico al que le tocaba el turno se puso enfermo; el que estaba en servicio prolongó su horario hasta el límite que permite la ley y a partir de este momento la torre estuvo sin técnico de mantenimiento. Afortunadamente, no ocurrió ninguna desgracia.

martes, 16 de diciembre de 2008

A propósito del caso Madoff

He comentado alguna vez el caso de Gabino, aquel pastor creo que extremeño al que le tocó el primer premio multimillonario de las quinielas. Hace un montón de tiempo de aquello. Creo que le correspondieron 30 millones de pesetas. Como es fácil imaginar, enseguida tuvo que enfrentarse a un cúmulo de propuestas para invertir ese dinero. Hay que imaginar la situación. Un hombre acostumbrado a tener a su ganado como única compañía durante la mayor parte del tiempo, de pronto tuvo que atender a innumerables directores de banco, asesores financieros, industriales, etc., todos proponiéndole negocios geniales, rentabilidades extraordinarias.
La noticia que dio la prensa, semanas o meses después, es que Gabino había optado por invertir su dinero en fincas agrícolas. Y ahora corresponde analizar su decisión. Si hubiera puesto el dinero a plazo fijo, lo más probable es que ahora siguiera teniendo treinta millones de pesetas 0, mejor dicho, ciento ochenta mil euros. En el caso de que hubiera reinvertido todos los intereses, tendría los treinta millones de pesetas actualizados al día de hoy.
Es evidente que Gabino supo comprender que para ganar dinero hay que arriesgar. Por ello lo invirtió. La segunda lección es que invirtió su dinero en algo que él conocía. Quizá haya quien piense que el precio de las fincas agrícolas ha bajado bastante. De todos modos, su inversión sigue siendo la más sensata. Y lo más probable es que incluso contando con la depreciación los campos que compró ahora valgan bastante más de lo que pagó por ellos. Sin contar con el producto de la tierra, o sea, con las cosechas que haya logrado.
Es decir, personas como Gabino no hubieran caído en la trampa Madoff. Esperemos que al gobierno no le dé por compensar a quienes hayan perdido en ese juego. También conviene señalar que con unos cuantos ministros como Gabino difícilmente se hubiera producido la burbuja inmobiliaria y tampoco son imaginables otras catástrofes que han ocurrido si los ministerios concernientes hubieran estado dirigidos por personas tan sensatas como él.