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domingo, 20 de mayo de 2018

Toda la culpa no es de Montoro

Los que tienen más dinero también disponen de mayores posibilidades de llevárselo de España y hay que procurar que no lo hagan. Quizá sea este uno de los motivos por los que Hacienda se ensaña más con quienes no tienen escapatoria.
Pero hay que tener en cuenta qué es lo que se hace con los impuestos. Una considerable parte de ellos se destina a pagar las televisiones autonómicas que no sirven más que para hacer propaganda de los que mandan en cada sitio. Ningún partido de esos que dicen que se preocupan por los ciudadanos, o por ‘la gente’, exige que se cierren todas, para ahorrar dinero a los contribuyentes.
Hay una serie interminable de instituciones y organizaciones que sólo sirven para que un número extraordinariamente alto de narcisistas se den la gran vida a costa de los presupuestos del Estado y presuman de ello. Algunos de los colocados incluso quieren hacernos creer que esas ‘cosas’ en las que los han colocado sus amigos políticos tienen alguna utilidad para los ‘paganos’.
El modo en que se configuró el sistema autonómico es absolutamente lesivo para los bolsillos de los ciudadanos. Los presupuestos que manejan las Autonomías son desorbitados, sobre todo si se tiene en cuenta la escasa sensatez de quienes los administran. Suelen ser personas de una ambición desmedida y una vulgaridad también desmedida. Los resultados, hasta el momento, son catastróficos para todas las Comunidades Autónomas.
La función que llevan a cabo las diputaciones puede ser asumida por una dirección general.
A Montoro le exigen una cantidad de dinero cada año y entonces él esboza esa sonrisa feroz, afila los colmillos, y se dispone a saltar sobre su presa.
Claro que estoy de acuerdo con que suban las pensiones, el gasto social, etc., pero no a costa de los trabajadores. Cuando algún partido exige que suban esas partidas, debería explicar al mismo tiempo de dónde ha de salir ese dinero.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Las cosas del Trueba ese

Un tipo mata a otro, de dos puñaladas o de dos tiros, y cuando lo atrapa la policía dice: no me he sentido asesino ni dos minutos'.
Le pueden preguntar a uno dónde se sienta, o como se siente, pero lo de qué se siente es más dudoso. Le dicen a un rubio: ¿se siente usted rubio?; a un gilipollas: ¿se siente usted gilipollas?
Uno nace en un sitio y con ello adquiere esa nacionalidad. El mundo se ha configurado de este modo. Puede cambiar de nacionalidad si lo admiten en otro de los países existentes. Su obligación moral consiste en no empeorar lo que ha encontrado al nacer y si consigue mejorarlo en algo ya merece los parabienes de todos.
El Estado de las Autonomías fue un buen invento, porque permite acercar la Administración al ciudadano y proporciona opciones para intentar conservar las costumbres y tradiciones que lo merezcan. Pero hay que tener en cuenta que el ciudadano ha de ser el centro de la política. Todo se ha de hacer en su beneficio.
Lo que ocurre es que el desarrollo de dicho Estado de las Autonomías deja mucho que desear puesto que el centro de la política está ocupado precisamente por esas costumbres y tradiciones y el ciudadano en vez de un fin ha pasado a ser un medio. Esto es una tomadura de pelo y muchos, aunque peinen canas, se lo dejan tomar.
Un gandul llamado Romeda hizo el ridículo en una televisión inglesa. Tal vez Cataluña siga en UE; tal vez los productos catalanes se sigan vendiendo exactamente igual; tal vez Cataluña no salga del euro. Y así todo el rato. ¿Y si no se dieran esos supuestos, que todo el mundo, incluso él, sabe que no se darían, qué? No le importa llevar a la miseria, que a él no le alcanzaría, a un montón de gente.
La política es un campo abonado al que acude toda una serie de golfos apandadores, psicópatas, narcisistas, paranoicos y pájaros de cuenta.
¿Qué importa lo que sienta Trueba? ¿Y qué 'sienten' los que están junto a él en un momento dado?