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miércoles, 11 de diciembre de 2019

Hay gente miserable y luego está Ribó

En este caso, me refiero al catalán, porque en Valencia tenemos otro, también catalán, por cierto, digno de exponer en una joyería.
El Ribó catalán, cuyo elevado sueldo quizá explique su interés por quedar bien ante quienes le han otorgado el cargo, culpa al resto de España del déficit sanitario catalán. Y lo hace alocadamente, sin haberse informado antes.
Su actitud, sin embargo, es la prueba de la sanidad es una de las competencias que no debió haberse transferido jamás. En primer lugar, porque si la gestión estuviera centralizada, los ciudadanos podrían viajar por toda España con mucha mayor tranquilidad que en el momento actual, porque puede darse el caso de que alguien enferme en cualquier sitio y no lo atiendan o lo atiendan mal por no saber vascuence, bable, panocho, catalán, gallego, o vaya usted a saber.
La centralización impediría además que se pudieran desviar partidas destinadas a la sanidad a otros gastos sin utilidad para el contribuyente.
La impertinencia de este Ribó pone también de manifiesto el abuso que significa que los gobiernos regionales dupliquen las instituciones del Estado, que solo sirven para gravar aún más los sufridos bolsillos de los contribuyentes. Con un Defensor del Pueblo para todos los españoles hay más que suficiente. Si no pudiera atender todo el trabajo, bastaría con añadir los funcionarios que hiciera falta, lo cual sería mucho menos oneroso que tener que mantener 17 copias, con sus oficinas y parafernalias.
He dicho en repetidas ocasiones que el Estado de las Autonomías estuvo bien concebido, pero muy mal resuelto. Creo que la idea fue de Adolfo Suárez o su equipo, pero luego en el desarrollo de la misma intervinieron todos los demás y en este punto fue en donde se empezó a gestar la ruina de España. Pero nadie asume responsabilidades y ni siquiera piensa que haya hecho algo mal.4

sábado, 2 de julio de 2016

El gobierno vasco tira tres millones a la basura

Es el dinero que lleva gastado en un traductor automático del vascuence. La cosa pasa de castaño oscuro si se tiene en cuenta que este servicio ya estaba anteriormente y de forma gratuita para los contribuyentes, puesto que lo ofrecen varios portales de Internet.
La ideología nacionalista es necesariamente antidemocrática, puesto que en ningún momento pretende ponerse al servicio de los ciudadanos, sino que su intención consiste en llevarlos a donde desea. Cualquier veleidad democrática puede dar al traste con sus propósitos, así que los nacionalistas se cuidan bien de que no ocurra. Ellos, a imponer, prohibir, ordenar, señalar al disidente, amedrentar, multar por cosas inverosímiles, y ayudar a blanquear a ETA, como si esto último fuera posible. El nacionalismo es una peste que pervive en el siglo XXI.
El caso es que la lenguas, cuya función consiste en ser vehículo de comunicación entre las personas, se han convertido en herramientas de dominio. A los nacionalistas les importan muy poco las personas. Lo que quieren de ellas es que se sometan y acaten todo lo que se les diga.
Un ciudadano, en sus dominios o en los que ejercen influencia, no tiene derecho a elegir la lengua que quiere aprender, sino que ha de optar necesariamente por la que ellos digan, aunque no sea de su interés. Luego, si quiere, puede estudiar otra.
Los gobiernos nacionalistas, cuando han de emplear el dinero de los impuestos, no tienen en cuenta en primer lugar las necesidades de quienes los han pagado, escuelas, hospitales, etc., sino que sus prioridades son los intereses de todo nacionalismo, el adoctrinamiento y la vigilancia y control de quienes se les oponen.
Ahora está de moda hablar del miedo, porque unos impresentables, tanto como los de Bildu, lo han usado como argumento. Pero el miedo ha sido una constante en el País Vasco y eso no les da vergüenza a los nacionalistas, puesto que se han servido de él.