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jueves, 11 de junio de 2015

El comunicado de la monja Forcades

Creo que esta monja saltó a la fama a raíz de aquella lamentable actuación de la OMS con respecto a la gripe A. Acertó aquella vez, pero sus actuaciones posteriores han demostrado que fue por casualidad.
La monja parece movida por un odio irrefrenable y dispara contra todo lo que tiene sentido. Obviamente, estamos muy lejos de la perfección y quizá la citada OMS sea una de las organizaciones más imperfectas del mundo.
La sanidad española es una de las mejores del mundo y las personas sensatas se dan cuenta de ello y siguen las recomendaciones que hacen sus médicos. Si los médicos españoles de forma conjunta abogan por las vacunas hay que entender que esta es la mejor opción, o la menos mala. Pero es no sólo el sistema sanitario español está a favor de las vacunas, sino que lo están todos los demás sistemas sanitarios del mundo.
A pesar de que el asunto es grave, porque está en juego la salud de los pequeños, hay grupos antivacunas, y habiéndolos, ¿dónde tendría que ir a parar la monja Forcades?
Hay un pediatra en España cuyo sentido común y amor por los niños son dignos de elogio. Debería haber una estatua suya en los parques infantiles, pues es mucho lo que hace con sus libros para procurar la salud y la felicidad de los más pequeños. Se llama Carlos González, y en el caso de las vacunas, como no podía ser menos, vio el peligro y escribió el libro 'En defensa de las vacunas'. Yo siempre recomiendo todos sus libros a los padres que tienen hijos pequeños.
La monja Forcades va por otro camino. Ante el contagio del niño de Olot, cuyos padres dicen que se sienten engañados por los antivacunas, ha publicado en su Facebook el comunicado al respecto de La Liga por la Libertad de Vacunación. O sea, ningún propósito de enmienda.
Dicen que la monja Forcades va a divorciarse de Dios. Seguramente Dios se sentirá aliviado.

sábado, 29 de agosto de 2009

La OMS

En España, dado que la atención sanitaria alcanza a todos, la actitud ante cualquier tipo de epidemia o pandemia, en ciernes o ya declarada, debería ser de relativa calma. El sistema sanitario debería ser el punto de referencia y la ciudadanía debería limitarse a seguir sus instrucciones. Este modo de ver las cosas sería lo mejor para todos, puesto que permitiría un tratamiento eficiente, con el menor coste posible en todos aspectos.
Pero la OMS juega un juego extraño. No se entiende muy bien que lance a los cuatro vientos noticias sobre las amenazas que acechan nuestra salud. Más sensato sería que mandaran sus alertas, de modo privado, a los gobiernos, para que éstos adoptaran las medidas más convenientes. Al hacer públicos sus mensajes lo que genera es una alarma que en modo alguno puede contribuir a vencer la amenaza, puesto que rompe la disciplina.
En España hace crecer la hipocondría y con ello obliga a las autoridades sanitarias a actuar de modo distinto a como lo harían si tuvieran el control de la situación. En el caso actual, en el que se nos pretende asustar con la gripe A, no sólo han de prepararse para lo que puede venir, sino que han de dedicar grandes esfuerzos a calmar a la población. ¿Qué hará el gobierno cuando haya pasado todo con los millones de cajas de Tamiflu que van a sobrar? Tampoco resulta fácilmente aceptable que se pueda obligar a alguien a vacunarse contra la gripe A, habida cuenta que se trata de una vacuna nueva.
En otros países cuya cobertura sanitaria no sea como la española, los avisos de la OMS deben de sentar como una bomba. En aquellos sitios en donde no haya medicamentos, ni pañuelos de papel, ni agua corriente para lavarse las manos continuamente, es fácil que cunda el pánico y la desconfianza entre las personas. Pero a lo mejor la OMS consigue que se vendan muchos medicamentos.