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jueves, 11 de junio de 2015

El comunicado de la monja Forcades

Creo que esta monja saltó a la fama a raíz de aquella lamentable actuación de la OMS con respecto a la gripe A. Acertó aquella vez, pero sus actuaciones posteriores han demostrado que fue por casualidad.
La monja parece movida por un odio irrefrenable y dispara contra todo lo que tiene sentido. Obviamente, estamos muy lejos de la perfección y quizá la citada OMS sea una de las organizaciones más imperfectas del mundo.
La sanidad española es una de las mejores del mundo y las personas sensatas se dan cuenta de ello y siguen las recomendaciones que hacen sus médicos. Si los médicos españoles de forma conjunta abogan por las vacunas hay que entender que esta es la mejor opción, o la menos mala. Pero es no sólo el sistema sanitario español está a favor de las vacunas, sino que lo están todos los demás sistemas sanitarios del mundo.
A pesar de que el asunto es grave, porque está en juego la salud de los pequeños, hay grupos antivacunas, y habiéndolos, ¿dónde tendría que ir a parar la monja Forcades?
Hay un pediatra en España cuyo sentido común y amor por los niños son dignos de elogio. Debería haber una estatua suya en los parques infantiles, pues es mucho lo que hace con sus libros para procurar la salud y la felicidad de los más pequeños. Se llama Carlos González, y en el caso de las vacunas, como no podía ser menos, vio el peligro y escribió el libro 'En defensa de las vacunas'. Yo siempre recomiendo todos sus libros a los padres que tienen hijos pequeños.
La monja Forcades va por otro camino. Ante el contagio del niño de Olot, cuyos padres dicen que se sienten engañados por los antivacunas, ha publicado en su Facebook el comunicado al respecto de La Liga por la Libertad de Vacunación. O sea, ningún propósito de enmienda.
Dicen que la monja Forcades va a divorciarse de Dios. Seguramente Dios se sentirá aliviado.

jueves, 28 de febrero de 2013

Los gobiernos y las enfermedades raras

Hoy, día 28 de febrero, se celebra el día mundial de las enfermedades raras. Su investigación, ya es sabido, no resulta rentable.
He aquí, pues, que se acusa a las industrias farmacéuticas de no prestar suficiente atención a unas dolencias que en muchos de los casos proporcionan grandes sufrimientos a quienes las padecen. También se acusa a estas industrias de ciertas prácticas nada honrosas. Mientras tanto se olvida la responsabilidad de los gobiernos en estos casos. Se dice que un gobierno debe llegar a donde no llega la iniciativa privada. Por ejemplo, en una ciudad grande resulta rentable un colegio, pero en un pequeño pueblo si no lo pone el Estado no lo va a hacer nadie.
Las industrias farmacéuticas, además, han de regirse por las leyes que dictan los gobiernos y éstos, además, deben vigilar que se cumplan. Si una farmacéutica actúa de forma inmoral, los ciudadanos deberían dirigir sus reproches al gobierno elegido democráticamente y que, por tanto, les representa. Hay que exigir a los políticos que cumplan su papel en este asunto tan importante. Las farmacéuticas son sociedades anónimas que no se inmutan por las críticas mientras sigan ganando dinero.
Por supuesto que son los gobiernos, como se ha apuntado antes, los que deberían investigar aquellas cosas que a las empresas privadas no les interesa hacerlo. Si se analiza la lista de subvenciones del gobierno, se comprueba enseguida que se dedican grandes cantidades a cosas mucho menos urgentes que la investigación de las enfermedades raras. Tienen suerte los gobiernos de que la gente critique a las multinacionales y no a ellos. A veces da la impresión de que la propia OMS trabaja a favor de alguna de esas multinacionales y no de quienes observan angustiados que no se producen avances en el conocimiento de sus dolencias.
Las enfermedades raras tampoco interesan a los políticos que prefieren fijarse en las grandes bolsas de votos.