Mostrando entradas con la etiqueta Enrique Vila-Matas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Enrique Vila-Matas. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de junio de 2009

La inutilidad de los sabios

En un artículo titulado “Qué hacer”, que se publicó el 29-02-08, Enrique Vila-Matas había escrito lo siguiente: “Personas de gran exigencia intelectual y potentísima inteligencia son hoy plenamente conscientes de que su destino en la vida -explicar lo que han entendido y que los otros no comprenden o no quieren ver- no sirve para nada porque a los otros ni les incumbe ni lo comprenden ni lo quieren saber.”
No obstante, en su artículo titulado precisamente “La inutilidad de los sabios”, Fernando Savater recuerda que formó parte de una Comisión de Sabios una de cuyas conclusiones fue la de desterrar el sectarismo político.
Pero Oriol Domingo escribe en La Vanguardia que Zapatero dijo, en una entrevista publicada en ese diario, lo siguiente: "Hace tiempo que pienso que ni la religión ni la espiritualidad me van a resolver los interrogantes que tengo sobre el mundo, sobre nuestro origen y destino. Los interrogantes están ahí, dejemos que estén ahí".
Eso es ilustrativo, puesto que Zapatero, con su proceder, da idea de sectarismo. Todo hace pensar, en un principio, que el presidente se rió tanto de los sabios que compusieron la Comisión, como de los contribuyentes, puesto que el fin primordial por el que la creo fue el de aparentar algo que le trae sin cuidado. Pero la frase que apunta Oriol Domingo viene a dejar las cosas en su sitio, puesto que evidencia que Zapatero se siente por encima de los mortales. Él ha llegado a una conclusión, él piensa que no hay otra: Los interrogantes están ahí, dejemos que estén ahí.
Nos dice a los demás que dejemos los interrogantes ahí. Su opinión es la que vale. Cabe entender entonces que la Comisión de sabios fue creada para interpretar el pensamiento de Zapatero y explicarlo en forma doctoral. Siendo el pensamiento de Zapatero el mejor, no puede achacársele que sea sectario. En el futuro inmediato, el pensamiento de Zapatero se explicará en todas las escuelas. Ya ha aparecido su profeta Pajín anunciándolo.
'Ensayos'

lunes, 8 de diciembre de 2008

Rosa Díez habló en Barcelona

Algunos nos empeñamos en ver a Cataluña, o más concretamente a Barcelona, como un enclave europeo dentro de España, como un modelo al que imitar. En Barcelona residen Ana María Matute, Juan Marsé, Enrique Vila-Matas, Eduardo Mendoza, Rafael Argullol, Jorge Herralde, Arcadi Espada, por citar a vuela pluma a algunos de los intelectuales de primer orden que residen allí. Basándose en ello, uno tiende a pensar que esa bella ciudad es un emporio de tolerancia y libertad. Y además desea que sea así.
En una ciudad liberal, tolerante y cosmopolita, Rosa Díez, o cualquier otro político democrático, y por tanto digno de este nombre, debería poder explicar sus propuestas sin ningún tipo de problemas. Pues no. El hecho de que Rosa hablara en Barcelona fue considerado similar al de una hipotética conferencia sobre el holocausto dada por un nazi en un centro judío. Tan burda reacción no ha motivado la unánime protesta de la prensa barcelonesa, lo que viene a demostrar que en Cataluña rige el pensamiento monolítico y que fuera de él no hay nada.
Esta misma conclusión surge también de la respuesta de la Junta Directiva del Ateneu Barcelonés -en donde tuvo lugar el acto de Rosa-, a los socios que protestaron por ello, en la que manifiestan que la dejaron hablar aunque sus ideas estén alejadas de las posiciones catalanistas de consenso en Cataluña.
Unas pocas fechas antes, en The Economist, se había catalogado como cacique a J. Pujol y ello había puesto de los nervios a muchos. Hay que convenir en que en este estado de cosas, Cataluña está mucho mejor representada por Joan Tardà que por Arcadi Espada; se aproxima mucho más a esas posiciones catalanistas de consenso, o sea, al pensamiento único consentido, Joan Puigcercós que Rafael Argullol. Los intelectuales y, en general, todos aquellos que optan por ser independientes no pueden ser otra cosa que islotes en medio de la borrasca.

sábado, 1 de noviembre de 2008

El escenario, según Vila-Matas

En Dietario voluble, de Enrique Vila-Matas, figura el siguiente texto:
(…)
Así es, si así nos parece. El mundo es una ilusión, un escenario en el que todos tenemos frases que decir y un papel que representar. Cierta clase de actores, al reconocer que están en una obra, seguirán actuando a pesar de todo; otra clase de actores, escandalizados de descubrir que están participando en una mascarada, tratarán de irse del escenario y de la obra. Los segundos se equivocan. Se equivocan porque fuera del teatro no hay nada, ninguna vida alternativa a la que uno pueda incorporarse. (…)
A primera vista, parecería que las cosas no pueden ser de este modo, puesto que si los actores están representando una ficción, ésta necesariamente ha de superponerse a la realidad. Por tanto, necesariamente ha de haber una vida alternativa a la que incorporarse. Aun en el supuesto de que la totalidad de los personajes estuviera interpretando, esa vida alternativa estaría ahí, latente. Bastaría con que alguien dejara de representar para que se tornara real.
Sin embargo, las cosas no son tan fáciles. Para que alguien deje de representar un papel y actúe como quien realmente es necesita saber “quién es”. Mientras uno no sabe quién es realmente no tiene más remedio que actuar como quién cree ser. Y eso en el caso de que tenga arrestos y trate de “ser”. De no ser así, se tendrá que conformar con el papel que le toque en la rifa del gran teatro del mundo.
Según se resume en Dietario voluble, Enrique Prochazka escribió la novela Casa, que estoy deseando leer, cuyo argumento consiste precisamente en que un arquitecto que ha perdido la memoria trata de averiguar quién es a partir de la inusual casa en la que vive, que diseñó él mismo.
Tal vez sea conveniente rememorar aquella recomendación de Julián Marías en la que decía que era conveniente tener una o dos figuras históricas para tratar de emularlas. Entonces, ya no se trata de saber quién es uno, sino de intentar ser como se quiere.