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jueves, 29 de agosto de 2019

El error de Macron

Las nuevas tecnologías, que han propiciado tantos avances en el plano general, han supuesto una marcha atrás en el terreno de la política, puesto que merced a ellas los populistas se han adueñado del poder en muchas partes del mundo.
Francia se defiende, de momento, con Macron, Alemania puede caer en sus manos, en España están haciendo mucho mal los populistas, como en Italia. En el Reino Unido han dado lugar al fatídico Brexit y en Estados Unidos Trump hace buenos a la mayoría de los presidentes anteriores, por malos que fueran.
La situación en España ha dado lugar a tuits como este https://twitter.com/EduSanchis2/status/1166801169731194881
El caso es que Macron, quizá con la intención de ganar puntos ante los franceses, para que lo vuelvan a votar, le ha dado opción a Trump de volver a lucirse y de seguir haciendo daño.
Macron se creería amparado por la Grandeur de la France, por jugar en casa, por ser ahora mismo la esperanza de los europeos de bien, pero tampoco son estos buenos tiempos para la lírica. Trump preside un país que, aunque no de un modo tan palpable como antes, sigue siendo la primera potencia mundial y no desdeña servirse de su posición de ventaja, ni avasallar si puede. Eso de que el fin no justifica los medios le da risa.
A los populistas no hay que darles más oportunidades que las previstas en el reglamento, porque saben utilizarlas mejor que nadie en beneficio propio.
Trump es un nacionalista y, por tanto, es incapaz de pensar en el bien común. Piensa que debilitando a la Unión Europea beneficia a los Estados Unidos. Cree que ayudando al Reino Unido a salir de la Unión Europea beneficia a los británicos. Eso es un disparate. Haría falta un Churchill para explicárselo y lo que hay es un Johnson.
Y entre tantos enanos políticos, Macron parece un gigante. Ojalá vuelva a ganar. 

martes, 27 de agosto de 2019

El abogado de Puigdemont

Cuesta entender que después de todo lo que viene demostrando el mocho más inútil que se ha visto jamás siga teniendo tantos seguidores que puede vivir de gorra en Waterloo.
Pero es que todo lo que tiene que ver con el nacionalismo es degradante y pueril. Se percibe en Johnson, en Bolsonaro, en Trump, pero sobre todo en Torra, en Puigdemont, o en Urcullu.
Puigdemont es un incompetente, cuya mayor aportación a la causa fue la de emular a Dencás en lo poco lucido de su fuga. Si a su antecesor Mas le llamaban, con sorna, el astut, éste cree que le gana en astucia. Por su fuga, mediante la cual piensa que engañó a todos, a propios y extraños. Cuesta pensar que alguien se fiara de él, ni en las vísperas, ni nunca.
Y ahí está el ahora, como buen gallináceo, poniendo los huevos en la paja de Waterloo. La paja es el sistema judicial belga, entre el que tan bien parece ser que se desenvuelve el etarra Boyé, abogado del autodenominado ‘presidente en el exilio’.
Puigdemont no es más que un pobre diablo, cuyo destino parece terrible, sobre todo por su cobardía. Su maldad, evidente al liderar un proceso egoísta e ilegal, que para intentar hacerlo posible se ha envenenado el cerebro de toda la gente que se ha podido, infectándola de odio a lo español, se hizo todavía más patente al elegir como abogado a un tipejo que estuvo en la cárcel por su pertenencia a ETA, que es lo más bajo en la escala humana, y que en el desempeño de su labor profesional suele defender a gente de su categoría, entre la que ya sabemos que está Puigdemont.
Ser independentista es un error, pero es legítimo. Ahora bien, ser desleal, traidor, canalla, infame, con tal de conseguir lo que se desea, es totalmente ilegítimo.